Por María Antonella | @mariaantonella.portfolio
Alfonso Letier no es un pibito que apareció con una guitarra en la mano y muchos sueños, es un chico estructurado que apareció sin saber tocar un solo instrumento (y con muchos sueños). Sabe que va a llegar lejos y que la clave es “caretearla”. Sabe que es clave el estilo visual y la moda. Oriundo de La Cruz, un pueblo de 500 habitantes en Florida, fue criado por una madre que escuchaba Chayanne y Los Pimpinela mientras limpiaba la casa, y un padre más agenciado al folklore regional.
Se mudó a Montevideo con 25 años, durante la pandemia. Aprendió guitarra y canto, le pidió a sus profesores atrevidamente que convirtieran en canciones completas las composiciones a capela que grababa en su casa. Cinco años después ha tenido el lujo de compartir y crear música con las figuras clave de la cultura pop underground uruguaya: Maison Music, Rodra, Eros White, Ojos Finos. Siempre supo con quiénes y cómo quería que fuesen sus piezas; cada paso es calculado con una naturaleza directamente proporcional a su ambición. Le importa poco el virtuosismo, confía en su criterio más que en otra cosa.
Actualmente Alfonso está trabajando en nuevas canciones con Lucas Cary y piensa quedarse en el pop un buen tiempo. Une su conexión con lo camp, el cringe y lo analógico sin abandonar su libertad creativa. Esta semana sacó su último sencillo, “Tanto Amor”, producido por la banda española Sonau.
¿Alfonso Letier es tu nombre común o es artístico?
Empecé como Nene Lion cuando tenía 25, porque así firmaba mis cuentos de niño, siempre fui una persona muy creativa, me imaginaba mundos. Pero en realidad mi primer apellido no es Letier, lo saqué de un documento que encontré en casa de mi abuela. Recuerdo leer “Pedro Letier, de piel trigueña”; en mi casa nadie tiene piel trigueña, solo yo. Lo sentí como la señal que necesitaba, la de volver al origen.
¿Cómo empezó tu interés por la música?
Hace poco hice un reel que se hizo bastante viral en el que hablaba justamente de esto. No me crie en una casa donde primara lo intelectual, no escuchábamos Charly García ni Pink Floyd. Mi familia tenía un almacén, es muy del interior tener la radio todo el día prendida, algún que otro cassette, pero siempre escuchábamos lo que se pasaba en la radio, mi casa era música popular, más que nada pop latino. En Montevideo no está tan bien visto, no tiene connotación cultural, no es de nicho escuchar a Gilda.
Esta experiencia te hizo muy abierto de mente. De todas formas, ¿en qué género te encasillamos?
Y… para mí, música pop. La música pop te da la libertad de explorar tranquilo, de agarrar distintos matices. No hablo tanto de la música electrónica, tenemos arraigado el concepto norteamericano de la diva pop. La música pop tiene la característica de intentar llegar, de provocar.
El último tema que estás sacando ahora, “Tanto Amor”, es bastante pop convencional. Lo hiciste con dos chicos de España, ¿cómo llegaste a ellos?
Me hice amigo de los Sonau [dos productores españoles] en Instagram, empezamos intercambiando likes y un día quedamos en hacer algo juntos. Terminamos convirtiendo una cumbia del interior en un house. Hace tiempo no me divertía tanto.
Cortesía Alfonso Letier
¿Cómo es el proceso de arrancar a componer sin saber tocar un solo instrumento?
Estando en Florida tenía super reprimido lo de hacer música, después llegó la pandemia y fue como “¿qué estoy haciendo acá?”. Ahí me mudé a Montevideo, empecé a crear sin ninguna formación musical pero encontré un productor en redes, le escribí, fui a su casa y empezamos a laburar. Fue aprender a confiar en mí. Ahí fueron apareciendo distintas personas. Rodra me ayudó a hacer mi primer álbum con la voz, fui a clases de guitarra con Gonzalo Vivas, y Diego Morales se hizo cargo de la producción.
Antes de la música, la forma en la cual nos conocimos es por nuestro gusto por la moda. ¿Quiénes son tus referentes visuales?
Siento que soy un hijo de Lady Gaga y Dani Umpi, me gusta buscar referencias visuales. Cuando estaba haciendo mi primer álbum, Saudade (2023), sabía que quería ir al glam rock de los 70s, entonces lo primero que dije fue “busquemos pieles”. Me maquillé de manera muy exagerada, era un álbum muy nostálgico, era material de archivo de mi infancia. Le añadimos unas lágrimas que las usé en cada entrevista a la que iba, en cada performance. Otro dato importante es que me crie en una familia católica: en mi mundo visual evoco elementos como velos, cruces, una cosa medio madonesca. Con La Cruz (2025), por más que parezca material tradicional, tenía bastante de protesta, de permitirme ser como hombre gay. No lo admito mucho pero me gusta incomodar.
¿Donde solés buscar tus prendas para las portadas?
Mucha ropa de archivo, mucho Emaús, los sacos de piel me los prestaba la abuela de una amiga, mucha ropa que intervenía yo mismo. La autogestión es primordial, no tengo mucha plata.
Me daba mucha gracia porque a veces tocaba en lugares que eran 10 personas y yo todo montado. Creo que en un momento tenía ganas de llamar la atención también, estoy arrancando, pónganme en el radar. Igual se sentía muy honesto.
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