Pasaron siete años entre Pactos (2017) y La terrible fe (2024), pero Alfonsina se hizo desear menos para un nuevo álbum y una nueva de sus mutaciones: en marzo pasado editó Pausa y fogueo (2026), un disco eminentemente acústico, que rompe con el pulso electrónico y la sensibilidad urbana del anterior, y ni que hablar con el rock avant-garde con el que sorprendió hace casi una década.

Lo más llamativo de este disco es que es muy colaborativo: solo canta en solitario en una de las siete canciones, “Cariñosa”. En el resto comparte micrófono con el brasileño Paulinho Moska, con Laura Canoura, Nicolás Ibarburu y Lucía Ferreira, y con los argentinos Santiago Moraes (ex Los Espíritus) y Gastón Pauls (sí, el actor). Por momentos pareciera transformarse en corista, contenta con dar un paso atrás.

¿Qué la lleva a esta última mutación? LatidoBEAT conversó con Alfonsina en la sede de la discográfica Bizarro, sándwiches y alfajorcitos mediante. La presentación del disco será en La Trastienda el 14 de agosto y las entradas pueden comprarse aquí.

¿Qué música estás escuchando últimamente?

Me vas a perdonar y me pongo re hippie. Yo estoy a full con la meditación. Me formé como instructora, estudio mucho, estudié con profes internacionalmente. También hice cursos acá en Uruguay. Entonces, la música que más estoy escuchando son cuencos tibetanos. Mi obsesión, mi bajada y mi subida.

Te escuché con La Diaria, con Carlos Dopico, que decías que en el momento en el que dejaste de lado el disco en el que venías trabajando y te metiste a hacer Pausa y fogueo, estabas meditando.

Genuinamente estaba en una práctica formal, o sea que me senté solamente a meditar. Meditar tiene mucho que ver con recibir. Podríamos hacerlo en un segundo, nomás, con una pregunta: “¿Cómo se siente ser yo en este momento?”. Me salgo del carril de las palabras, recibo todas las sensaciones físicas concretas. Y a partir de ahí se empiezan a notar ciertas cosas, como que las sensaciones están constantemente cambiando, que hay acumulación de sensación en ciertos lugares, y empieza toda una observación. Si hay intranquilidad, se recibe la intranquilidad. Y se cultiva una buena disposición para recibir lo que sea. Porque eso: hay personas que piensan que se trata de calmarse. No, no se trata de calmarse. Es como a la hora de hacer música. Por eso yo las vinculo mucho, la tarea creativa y la meditación se ayudan muchísimo.

¿Como un conectar con vos misma?

Claro. ¿Cómo hago una canción si yo no tengo ni idea de cómo me siento? No tengo idea de cómo el mundo me está afectando y cómo yo estoy afectando al mundo. Entonces, más bien me conecto con lo que siento un poco, recibo todas esas sensaciones, y ahora a la música con eso.

¿Y cómo se siente ser vos hoy?

Se siente lleno de... [hace una pausa larga] …y no tengo palabras [se ríe]. Tiene mucho que ver con la experiencia no verbal. Después, una intenta traducir. ¿Cómo hago para traducir todo eso que aparece? La música ayuda, porque las palabras me dan una partecita y después la música me da otra. La música permite ponerle fenómeno físico a eso que es abstracto, no cosa.

¿Cuándo te metiste con esto de la meditación? ¿Es reciente?

En el 2010 tuve una experiencia particular, que es —y no estaba drogada— que sentí, de pronto, como si estuviera muy, muy inspirada. Porque lo conozco: lo previo a la canción. Que todo parece claro, transparente, encuentro las palabras. Tuve una experiencia en la que me sentí inspirada y no se me iba. Me sentí muy, muy emocionada, muy conectada con los demás, y eso, que duró un tiempo, cuando yo no tenía práctica de meditación, me hizo plantearme por qué tenía esas sensaciones. Y comencé, luego de que perdí esa experiencia, que se bajó esa inspiración que duró un tiempo.

Cuando decís inspiración, ¿te llevaba a producir muchas canciones?

No solo. Era como que las conversaciones con las personas que me cruzaba se sentían inspiradas, que podía leer con más facilidad si alguien estaba un poco triste, o incluso yo misma, y poder poner ahí lo correcto o dar una mano. Y después, algunas cosas que para contarlas…

Te faltan palabras.

Y sí.

Pero me imagino que es una sensación que te van a dar muchas ganas de perseguir.

Exactamente. Cuando eso se fue, yo empecé como ladrillito a ladrillito a volver a encontrarla. Y por momentos aparece, y se va... Fue como una, no sé, una bienvenida.

Ahí empezaste en este camino, pero ahora estás full metida. ¿Por algún motivo en especial?

Me sostuvo mucho durante una tragedia personal que viví. Tuve que estar mucho en casa, encerrada, y estudié. Y, claro, empiezo a recibir la misma experiencia, pedacitos. O leer textos que hablan de esa experiencia, de profes que hablan de meditación no dual, de conciencia natural...

¿Qué es meditación no dual? Estamos hablando de cualquier cosa, perdón…

Donde se diluye el sujeto-objeto. Está el yo y el mundo, y se pasa a una indicación en la cual los bordes de vos y el mundo se empiezan a desdibujar hasta desaparecer. Eso es lo que se habla en las tradiciones orientales, de la muerte del ego. Es difícil entenderlo desde acá, porque suena como, no sé, muy ajeno. Como muerte de la importancia personal.

La caligrafía de la tapa del disco la hizo tu abuelo, y has dicho que es “el más japonés de los sanduceros”. Ya ahí tenés algo familiar vinculado con lo oriental.

Mi abuelo es fan de Buda [se ríe]. Pintor, muy observador, maestro rural, muy compasivo, y creo que sigue bastante línea de enseñanza. Su forma de hacer las cosas, su tranquilidad, sus caprichos por dormir en el piso, porque dice que hace mejor a la espalda. Tiene cosas raras de japonés. Su forma de valorar y de hacer poesía, su forma de observar… es bastante oriental, sí.

Ahora que decías eso de la muerte del ego, me hiciste pensar que algo que me llama la atención de Pausa y fogueo es, no que sea colaborativo, sino que en muchas colaboraciones vos pasás a un segundo plano.

Eso mismo. Quitar esa línea que parece que hace que yo sea yo y que sea importante que yo sea yo, y que el otro es otro, y yo estoy en la vereda opuesta del otro. No. Entonces, este disco tiene re de eso que decís. Tú podrías ser yo, yo podría ser tú. Tus alegrías son mis alegrías, tu sufrimiento es mi sufrimiento. O, como escuché una vez dicho de una manera muy linda, dar al otro tendría que ser tan natural como la mano derecha le pasa a la izquierda, la mano izquierda le pasa a la derecha. Tiene que ver con eso, con reconocerse más parte de toda esta sociedad, cuidarla, cuidar del que tenés al lado. Estamos en un momento en el que la tecnología nos propone algo tan individual, tan aislado; yo y mis intereses, acá, mirando al otro desde cierta perspectiva que me proponen las redes sociales, que me hizo sentido traer a colación este otro enfoque. Valorar lo que tenés alrededor, cuidar lo que tenés alrededor, empezar a concebir así un poco el mundo como familia. Re hippie mal.

¿Cómo influyó esto que me contás en el proceso de armado de las canciones? Con Paulinho, con Laura…

De Paulinho, yo tenía un audio en WhatsApp, hacía años, con él cantando esa canción. Me alucinó escuchar la canción en otra voz, incluso en otro idioma. ¿Y es la misma canción o no? Son preguntas acerca de qué hace a la identidad.

Yo creo que no es la misma canción. “Casas unidas”, con Canoura, creo que sí. Pero la que es con Paulinho, “Perder algo de tiempo”, para mí no. La versión más electrónica es más bajonera. Aunque la letra es la misma…

Vos te das cuenta ahí de la oportunidad que plantea la música para ver estas cosas. Si yo miro mi misma experiencia de vida con los ojos un poquito más acá o con los ojos un poquito más para allá, voy a tener otra experiencia, y tengo ese poder.

Yo puedo agarrar esa canción que un día fue triste, como a vos te da esa sensación, y puedo revisitarla y puedo cambiarla. Entonces, ¿qué no puedo cambiar? Es alucinante. Todas las oportunidades que se dan desde que abrís los ojos al principio del día hasta que los cerrás. Tomar esas oportunidades de cambiar constantemente: yo las tomo y las ofrezco, e invito a las otras personas a que se animen también. Esto que suena como que fue no ventajoso, no beneficioso… pará, pero miralo un poquito más. Capaz que fue re beneficioso.

Y aparte los brasileros siempre traen alegría. No viene mal.

Viene bien, viene bien.

Siguiendo con los invitados, me sorprendió encontrarme a Gastón Pauls cantando. Re linda voz, además.

Preciosa. Qué lindo, le voy a decir. Él en el estudio, estuvo re bueno, porque en el estudio le metió pila de horas, le metió pila de esfuerzo, buscó, buscó, buscó. Decía, no encuentro, no encuentro mi voz. Y la canción dice, “usa la voz verdadera”.  Él siendo actor, además… esos lugares que nos sacan de lo que conocemos, nos sacan de lo que estamos acostumbrados, y ahí aparece algo nuevo, como la voz hermosa de Gastón.

¿De dónde lo conocés?

Lo conocí originalmente porque él tenía un programa de radio. Me entrevistó en Argentina, y a partir de ahí quedamos amigos.

Hay más invitados: Lu Ferreira en “Amanece”; en “Cambio la mirada” está Santiago Moraes, que es argentino, ex integrante de Los Espíritus...

Él, por ejemplo, yo no le dije cómo cantarlo, y dijo: “Quisiera cambiar el mundo, pero sé que sola no puedo”. Dijo “sola”, ¿viste? A él tampoco le importó. Tu voz, mi voz, misma cosa.

¿Por qué el interés en revisitar canciones? ¿Es esa constante búsqueda del yo?

No es tanto para encontrar el yo, sino que es para mostrar que no hay uno. Que eso se puede se puede seguir cambiando. Podés seguir cambiando y yo también. Podés volver a mirar situaciones, podés volver a mirar personas. Hoy día veo esas ganas de: alguien dijo una palabra que no te gustó en un reel de Instagram; chau, cancelado. Y es como cristalizar a alguien, y hay toda una parte que no conocés.  Estamos muy en el juicio rápido, lo cual no creo que sea muy rico.

También es volver a dar oportunidad, porque hay canciones que hoy se consumen y desaparecen. Pero, pará, este mensaje importa. Para mí el mensaje que tiene “Perder algo de tiempo” importa. El mensaje que tiene “Casas unidas” importa, el mensaje que tiene “Cambio la mirada” importa. Entonces: “Che, hola, insisto”.

Me acuerdo de que en la época de Pactos tocabas algunas canciones de El bien traerá el bien en vivo, pero las rompías. Había una cosa de revisitar, reversionar, pero desde donde estás parada hoy.

Yo soy re militante, practicante de eso. En un momento hubo un auge del rap y del trap, y yo no lo rechazo, a mí me encanta. Aprendí pila de sus formas de escribir, todo pa’dentro. Todo viene, todo va, todo colabora.

Sí, La terrible fe re tiene eso.

Re tiene eso, sí. Me acuerdo, estaba con, en un momento, conversando con un amigo rapero y me dice, “¿cómo que te lleva dos, tres años hacer un disco? O sea, yo hago un tema en un día y lo largo al otro”. Y para mí fue tipo, ¿qué? Y entonces me empecé a animar a soltar un poco más la pluma y aprendí mucho de ahí. Eso se permeó a mi trabajo. Me pretendo mantener así, permeable.

Hiciste hincapié en el mensaje de las canciones. En Pausa y fogueo se repite mucho lo de la pausa. Obviamente, desde el título; con esos recitados que hacés también entre algunas canciones, o en “Ruido” que cantás “ganarle un instante a los relojes que antes me corrían”. O me gusta también de “Perder algo de tiempo”: “Menos foto/más momento”. Por ahí va el mensaje, de parar un poco.

Nos bombardeamos mucho. No es solo que estamos muy bombardeados, sino que nos autobombardeamos mucho, porque nos da muchos nervios perdernos de algo. O mirar para adentro y ver algo que no te gusta capaz. Estar en intimidad con tus sensaciones y que te queden incómodas. Por algo hay tanto problemas de adicciones.

Y ahí está Gastón Pauls también.

Gastón es un inmenso mensajero del tema, y por eso está ahí. Entonces, tiene que ver con generar el espacio para que nos podamos encontrar con un poquito más de profundidad, no tan en la superficie. Si yo permito que los estímulos se distancien un poquito, hago una pausa, hago un agujerito, puedo entrar un poco más en el detalle de las sensaciones que tengo. Si no, si estoy “estímulo, estímulo, estímulo, estímulo, estímulo, estímulo”, no puedo ni aunque quiera entrar en “¿qué es mi vida? ¿Estoy eligiendo bien? ¿Cómo me hace sentir esta persona? ¿Tengo que continuar con este vínculo?”. Como que nos deja por fuera de nosotros esa velocidad. Y eso viene también de la práctica de la meditación, que tiene que ver con hacer espacio. Hago espacio para lo que sea que hay, pero me doy un momento para dar ese espacio. No me atomizo con “más, más, más info, más info, más info”. Sino que, bueno, veo: “a ver, ¿cómo ando ahora? ¿Cómo se siente ahora?”.

Me parece realmente interesante eso de hacer espacio para lo que haya. Hoy me decías “capaz que lo que hay es en tranquilidad”. ¿Cómo lidiás con eso? Te pregunto yo que soy ansioso, no me gusta la idea de quedarme con mi ansiedad un rato…

Eso es lo que nos pasa, yo también soy ansiosa. Queremos huir de esa ansiedad. Sin embargo, esa ansiedad es una cantidad de energía, es una cantidad de fuerza, es una cantidad de posibilidad. Pero tengo que construir, de alguna manera, un espacio más grande que mi ansiedad para poder mirarla a la ansiedad y no estar totalmente enrollado en ella. Entonces voy a totalmente activar una actitud curiosa que le quita la valoración negativa, tipo: “La puta madre, tengo ansiedad”. Es como ver la peli sin música, y empezar a identificarla, leerla, eso ya de una te tranquiliza. Diste un pasito al costado y la empezaste a mirar. “Ah, mirá”. “Ah, claro, capaz que yo me estoy sintiendo mal porque me duele pila la cabeza”. ¡Y no me doy cuenta de lo que me pasa, porque no puedo mirar para adentro! Entonces, como siento un poco ansiedad, cazo el teléfono, me escapo todo lo que puedo. Y, bueno, me lo va a tapar hasta cierto punto. Y después, ya no. De pronto desarrollas una adicción, de tanta necesidad que uno tiene de escaparse de los síntomas que tiene.

En la práctica creativa, si voy a hacer una canción, necesito observar en qué ando. Y si yo no sé observar en qué ando, porque estoy atado, lo tengo tan cerca que lo tengo pegado, capaz que me cuesta ponerlo en una canción.

Y ahora saber que tenés una Trastienda en 2 meses, el 14 de agosto, ¿te da ansiedad?

Me re da ansiedad. Y cuando aparece la ansiedad, también veo experiencias pasadas, miedos, sensaciones, de muchas ganas y a la vez… peso, ¿no? Y, a la vez… miedo. Yo le hago espacio a las dos, y sigo adelante, porque si, mi corazón, en cierto momento —estoy re hippie en esta entrevista— mi corazón me dijo “¿es el momento correcto de hacer La Trastienda?”. Porque había sucedido esto de que no había mujeres en la grilla. En ese momento yo tenía que decidir dónde iba a presentar este disco. Cuando pasó eso, dije, “bueno, lo vamos a presentar ahí”, porque es lo que aparece, y vamos a tomar ese espacio.