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Música
Volver a empezar

Alejandro Lerner: “Cuando tenés un hit no lo podés despreciar, es un regalo de la gente”

Desde su estudio en Los Ángeles, el compositor reflexiona sobre la exportación del talento latino y la disciplina de la industria.

13.02.2026 19:41

Lectura: 8'

2026-02-13T19:41:00-03:00
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Por Sofía Durand Fernández
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Si tiene suerte, un artista puede escribir una canción y convertirla en un hit que haga que su carrera cambie por completo. En el caso de Alejandro Lerner, no solo varias de las canciones de su repertorio cuentan con ese estatus, sino también las interpretadas por otros, como “Dame”, de Luis Miguel, y “Amarte Así”, de Cristian Castro.

Lerner habla de varios aspectos de su carrera con gratitud y humildad. Para él, el éxito de canciones como “Después de ti” y “Volver a empezar” son demostraciones de afecto del público. Es un referente de la balada pop en español, su obra atravesó generaciones y continúa resignificándose en nuevas colaboraciones, con artistas como Los Ángeles Azules.

No denuesta ningún género e incluso se atrevió a experimentar con ritmos electrónicos en THELEX (2024), su último EP. Afirma que, para llegar a trabajar con los grandes de la industria, es necesario tener en cuenta que se trata de oportunidades únicas en las que no existe margen para fallar.

En la actualidad, su vida se reparte entre Los Ángeles y Argentina. La primera ciudad significa trabajo, pero la segunda es donde transcurre su vida cotidiana. "La mayor parte de mis trabajos que tuvieron suceso mundial surgieron porque hace más de 30 años me vine con una valija a vivir a un hotel y a mostrarme como autor", explica en entrevista con LatidoBEAT.

Alejandro Lerner se presenta este 15 de febrero en Enjoy Live de Punta del Este. Las entradas se pueden obtener acá

Cortesía de la producción

Cortesía de la producción

Sos un gran compositor de hits y no solo tuyos: has escrito para artistas como Luis Miguel y Celine Dion. ¿Cómo es escribir una letra y después escucharla en la voz de otro artista?

Es espectacular escuchar una canción que vos componés en tu casa, con la ilusión de que algún día la grabe un artista como Luis Miguel, y después ir a un estadio y ver que todo el público se adueñó de la canción, y a Luis Miguel defenderla en el escenario. Es un premio para cualquier autor. Los autores tenemos ese regalo: más allá de nuestra carrera como intérpretes, está esa faceta de escuchar nuestras canciones en la voz de la Sole o Sandra Mihanovich.

En 2024 grabaste THELEX. ¿Cómo fue esa experiencia, teniendo en cuenta su carácter experimental?

Siempre quiero investigar. Había ido a conciertos de música electrónica, medio dance, pero no entendía nada, no tenía el lenguaje. Me dieron ganas de aprender y me junté con un grupo de jóvenes productores de EDM. Me puse a investigar y me divertí muchísimo. La incorporamos a Marcela, mi esposa, entonces nos pudimos divertir compartiendo un ámbito distinto, más bailable, probando sonidos y efectos sobre mi voz. Es muy enriquecedor. Siempre que uno rompe sus propias estructuras, limitaciones de lenguaje y se anima, uno crece.

En ese proceso imagino que es importante dejar de lado los prejuicios. No todos los artistas pueden hacerlo.

El prejuicio, para mí, es parte de nuestras ignorancias. Cuando a vos te agarra un prejuicio, lo tenés que dejar ir: uno ni siquiera se anima a entender para poder tener una opinión un poco más profunda. Vos podés decir “esto me gusta, esto no”, pero no podés ser prejuicioso con todo un estilo. No podés decir que la cumbia o el reggaetón no te gustan. Quizá hay alguna canción que para vos vale la pena. Me pasó con la cumbia: yo al principio no escuchaba y después la empecé a entender, me empezó a gustar. Por supuesto que hay cosas con las que uno es más afín, hay ritmos que son los que te tocan en la fibra. Hay otros que son como cuando vas a un país que no conociste antes.

Al respecto de la cumbia, en 2024 grabaste una versión de "Volver a empezar" con Los Ángeles Azules. 

Fue una invitación de ellos para homenajear una canción que tiene un sentido muy universal, porque la humanidad, por alguna razón, siempre tiene que volver a empezar. Fue una experiencia muy linda con una banda legendaria. También tengo mi versión con Ráfaga y juntadas que he hecho con Ulises Bueno. Siempre he sido un artista lo más flexible y abierto posible. En el rock, en una época, si vos cantabas una balada te miraban raro. Yo empecé a hacer canciones que tenían más que ver con lo que escuchaba: Elton John, Stevie Wonder, Paul McCartney. Siempre fui para adelante; eso me permitió tener una visión mucho más amplia de la música, del arte y de mi carrera.

Cortesía de la producción

Cortesía de la producción

Tu repertorio es enorme, pero hay hits que ya son icónicos. ¿Cómo te llevás hoy con esas canciones?

Por lo general los abrazo y, si de alguna manera me canso, los rearreglo, les doy una vuelta de tuerca. Les cambio la instrumentación o el ritmo. Uno no compone hits: uno compone una canción, y el hit lo generan la gente, la radio, los medios. Entonces, cuando uno tiene un hit, no lo puede despreciar, porque es despreciar lo que la gente te está dando. Vos hacés 500 canciones, de las cuales 30, si tenés suerte, van a ser hits. Eso sería una carrera exitosa.

La semana pasada, Bad Bunny ganó el premio más grande de los Grammys estadounidenses. Sos de una época en la que la música en español tenía más barreras y se les pedía a los latinos que se ajustaran al mercado estadounidense. ¿Cómo vivís esta actualidad, con una música latina mucho más global?

A partir de las redes sociales somos globales, no somos más regionales. El hecho de que uno pueda hacer un video y se haga viral quiere decir que vos tenés acceso a que te escuchen en Rusia o China. Eso ha hecho que ciertos representantes de la música latinoamericana hayan tenido una inclusión en la cultura anglo. Lo mismo pasa con el deporte. Yo ahora estoy en Los Ángeles; vivo en una ciudad que se llama North Hollywood. Paseando en el auto vimos un cartel de Messi haciendo una publicidad de cerveza. Yo dije: “Wow, estamos en California y vemos una publicidad de Messi”, de un deporte que hace tres años atrás, en este país, no se hablaba. No conseguías remeras de fútbol en ningún lado: conseguías de béisbol, de fútbol americano, de básquetbol. Y ahora el soccer irrumpió como un deporte que se ha globalizado aún más. Siempre fue un deporte completamente mundial, pero hoy pegó en el mercado americano también, hoy los chicos juegan al fútbol.

Con la música pasa lo mismo, y evidentemente algo pasa en el mercado americano que le abre las puertas a un lenguaje distinto. Socialmente es muy importante, estamos en un momento de cierta persecución a culturas que tienen que ver con lenguajes distintos. La música nos tiene que ayudar a romper esos prejuicios.

Cortesía de la producción

Cortesía de la producción

¿Cómo equilibrás tu vida en Argentina y en Estados Unidos?

Trabajo en California. La mayor parte de mis trabajos que tuvieron suceso mundial surgieron porque hace más de 30 años me vine con una valija a vivir a un hotel y a mostrarme como autor. Me fue bien, ese trabajo salió y hoy, para mantener ese espacio, vengo con mi familia. Tengo un estudio de grabación. Me hace muy feliz poder estar un tiempo acá porque tengo amigos. Ayer salí a comer con el productor de Green Day, que trabajó con The Rolling Stones, con Aerosmith, con todos mis ídolos. Le dicen CLA. Tener esos contactos, o haber trabajado con el ingeniero que estuvo en "We Are the World", con Quincy Jones, son cosas que me pasaron acá. Pero mi vida es en Argentina.

¿Qué aprendizajes te dejaron esas experiencias, siendo además un artista tan colaborativo?

Si uno entiende que se aprende del otro, para bien o para mal, tiene la posibilidad de crecer constantemente. Me pasó de estar con gente que me ha enseñado muchísimo, porque para trabajar acá tenés que entender cómo trabajar como se hace acá. Es distinto. Aquí hay una industria que se autoabastece. Acá la industria del cine, del entretenimiento, exporta a todo el mundo. Haber sido parte te enseña que tenés que ser muy profesional y exigente, porque las oportunidades a veces no se repiten. Entonces, cuando te toca, tenés que tratar de meterla al ángulo: no podés decir que no podés, ni llegar tarde. Uno viene a crecer, a aprender, no viene por las cosas que te podés comprar. 

Por Sofía Durand Fernández
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