Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose

¿Quién quiere morir?

Esa interrogante sería el tópico más revisitado —junto a la religión— en la obra lírica de Nick Cave. Aparece por primera vez en 1983, en la canción "Sonny’s Burning" de lo que fue el segundo grupo de Cave, The Birthday Party.

Anteriormente había explorado temas como la melancolía y todos sus derivados con Boys Next Door, pero fue con The Birthday Party donde ahondó en lo que pareció ser su obsesión: una violencia extremadamente brutal. Las agencias de management nombraban al grupo como el más violento de la escena underground inglesa.

Lo cierto es que toda la tropilla había nacido en tierras australianas, pero tuvieron problemas para ganarse el respeto en su patria. Así, decidieron probar suerte en las tierras de Thatcher. Esto fue extraño, teniendo en cuenta que Australia es la tierra sagrada donde se gestó el punk. The Saints son indiscutiblemente los pioneros del género. Basta con escuchar (I’m) Stranded de 1977 para comprenderlo, un tiempo antes de la aparición del disco debut de aquellos liderados por Rotten y Sid Vicious.

Pero lo que hoy nos compete es un disco que, en su totalidad, está compuesto por narrativas en torno a la muerte, a los asesinatos. Murder Ballads fue lanzado a la venta en febrero de 1996. Contó con la producción de Tony Cohen y Ray Staff. A los Bad Seeds les valió un reconocimiento casi de estrellato en su Australia natal gracias a la colaboración que hicieron con Kylie Minogue, quien en ese momento era la estrella pop más grande del país: una balada que relataba un asesinato. Y es importante detenernos en el concepto de balada, ya que en su título se ostenta luego de la palabra asesinato. La importancia en este disco de la balada es casi intrínseca a su intención. Es una forma de narración casi poética que podríamos acercar también al gótico sureño norteamericano, a McCullers, a Faulkner y sus palmeras salvajes prendidas fuego al costado de la carretera.

Cuando se lanzó el disco, el propio Cave salió a desestimar todas estas acusaciones u observaciones de que el álbum buscaba ser un conjunto de narraciones sombrías. Alegaba que no se trataba solo de eso, sino que también cargaba con un intenso humor y un juego divertido que él llamaba el "aspecto lúdico" dentro de la obra. Argumentaba que, si se pensaba al disco únicamente como una forma de glorificar la muerte, se lo estaba escuchando mal. Que en realidad era un disco divertido por donde se lo mirara.

Pero en su momento les cayeron con todo acusándolos de misoginia, puesto que la mayor parte de la violencia narrada en el disco es ejercida sobre mujeres. Rápidamente buscaron desprenderse de cualquier acusación. Hasta el día de hoy les siguen susurrando al oído respecto a esta polémica, a lo que él responde diciendo que en esos días simplemente le gustaba escribir canciones ilegales y polémicas, que eran su motor artístico y que no buscaban ser nada más que eso.

La muerte no se glorifica en ningún momento. Esta muerte, la muerte terrenal, se acerca al pecho, pero no se habla de ella como una escapatoria ni como el final de algo. Se la dignifica y se le agrega una suerte de luz lúdica que la baña y la convierte en una dama vestida de blanco, mucho más amable y atractiva.