“Ted Lasso”: la serie ideal para cuando termine el Mundial
Si el final de la Copa del Mundo deja un vacío difícil de llenar, Jason Sudeikis protagoniza un proyecto que entiende al fútbol como pocos.
Por Nicolás Medina
nicomedav
Hay dos certezas cuando llegamos a la época que estamos transitando y se termina un Mundial. La primera es que durante un par de semanas vamos a seguir viendo goles y highlights repetidos en las redes, como si no los hubiéramos visto ya 40 veces. La segunda es que aparece un vacío difícil de explicar para aquel que no disfruta del deporte. Después de un mes acomodando horarios para ver partidos, hacer picadas, discutiendo si el VAR arruinó el fútbol, armando cálculos imposibles para saber con quién nos convenía cruzarnos y convencidos de que ese encuentro de las cuatro de la tarde era el acontecimiento más importante del planeta, de golpe no hay más Mundial por cuatro largos años.
En Uruguay, además, solemos agregarle un condimento extra, el de la catarsis. Que si Tabárez, que si Bielsa y su heladerita, que si el planteo, que si el nueve de éxito internacional con su club no tocó una pelota, que si en 2010 sí había hambre, que si volvimos a quedar afuera demasiado temprano. Somos campeones del mundo en seguir jugando los partidos una vez que el juez ya pitó el final.
Capaz por eso, si todavía quedó alguna abstinencia de fútbol, hay una recomendación bastante difícil de explicar. Hay una serie para ver protagonizada por un estadounidense que no distingue un offside de un lateral, que llega a dirigir un equipo (ficticio) de la Premier League sin entender cómo es posible que un partido termine empatado y que, en vez de tirar una botella contra la pared del vestuario después de una derrota, prefiere repartir galletitas caseras.
Sobre el papel, parece una idea disparatada. En la práctica, Ted Lasso (2020) terminó convirtiéndose en una de las mejores comedias de este siglo.
La serie nunca tuvo el ruido de Succession (2018), The Bear (2022) o Severance (2022). Tampoco ayuda que viva escondida en Apple TV+, una plataforma que ni siquiera está disponible oficialmente en Uruguay. Los que la vieron cuando salió llegaron por recomendaciones a modo de “mirala, haceme caso”. Ahora puede que muchos lleguen por pequeños clips en reels de Instagram o la recomendación de algún influencer. Sea cual sea la vía de entrada, hay que usarla. Porque Ted Lasso parece una serie sobre fútbol —o, mejor dicho, usa al fútbol como anzuelo—, pero lo que realmente termina contando es otra cosa, algo mucho más grande.
Sí, es verdad que hay entrenamientos, partidos decisivos, clásicos, mercados de pases, vestuarios y conferencias de prensa. Hay canciones de tribuna, discusiones tácticas y referencias que cualquier persona que haya pasado un fin de semana mirando la Premier va a disfrutar. Pero todo eso es apenas el escenario; en realidad, la serie habla de personas. De cómo lideramos. De cómo convivimos con el fracaso. De la presión por estar siempre a la altura. De salud mental, de vínculos, de paternidades, de segundas oportunidades y de algo que, en tiempos en que parecería que el cinismo cotiza más alto que nunca, casi suena revolucionario ser genuinamente buena persona sin convertirse en un ingenuo. Y ahí aparece Ted.
El gran chiste de la serie es que Ted Lasso (Jason Sudeikis), un entrenador de futbol americano colegial de Estados Unidos —posiblemente el hombre menos preparado para dirigir un equipo de fútbol—, termina siendo contratado como DT por Rebecca Welton (Hannah Waddingham), la nueva dueña del AFC Richmond —equipo ficticio de la Premier League—. El único objetivo es llevar a la ruina al equipo que solía estar a cargo de su exmarido y que, según ella, es lo único que alguna vez le importó.
"Ted Lasso" (2020), Jason Sudeikis
Pero, justamente, Ted es el indicado para cambiarlo todo. No porque descubra una táctica secreta ni porque invente una forma nueva de jugar al fútbol. De hecho, durante buena parte de la primera temporada el tipo no tiene idea de lo que está haciendo. No sabe bien qué es un offside, le cuesta entender algunas reglas básicas y mira con una mezcla de fascinación y desconcierto costumbres que para cualquier inglés son completamente normales. Lo único que parece tener claro es otra cosa: antes que futbolistas, tiene personas delante.
Esa idea, que al principio parece un simple recurso para hacer reír, termina siendo el corazón de una serie que consigue algo muy difícil. Arranca haciéndonos pensar que vamos a ver una comedia deportiva más. Y cuando nos queremos acordar, estamos completamente involucrados en la vida de un grupo de personajes que, curiosamente, dejan de importar por los goles que hacen y empiezan a importar por todo lo que les pasa cuando la pelota deja de rodar.
Y es ahí donde Ted Lasso pega el volantazo. Sin hacer ruido, sin un giro espectacular ni un episodio que cambie las reglas del juego. Simplemente empieza a correr el foco. Los partidos siguen estando, también las victorias, las derrotas, los fichajes y las conferencias de prensa. Pero casi sin que uno se dé cuenta, el resultado del domingo empieza a importar bastante menos que lo que les pasa a las personas cuando se sacan los botines. Ese cambio es, probablemente, la mayor virtud de la serie.
"Ted Lasso" (2020), Jason Sudeikis
Porque el fútbol profesional suele construirse alrededor de una idea bastante cruel, la de que los jugadores existen mientras rindan. Si hacen goles, son héroes. Si erran un penal o tienen tres malos partidos, pasan a ser un problema. Entre una cosa y la otra, pocas veces nos detenemos a pensar que detrás de esas figuras hay personas que cargan con presiones gigantescas, relaciones familiares complicadas, inseguridades, el estar lejos de su hogar, ansiedad o simplemente malos días. Ahí es donde Ted Lasso pone el ojo.
Hay series que, cuando deciden hablar de temas importantes, sienten la necesidad de ponerse solemnes. Ted Lasso no. Puede hacerte reír con un intercambio de dos minutos y, apenas un rato después, tocar una fibra inesperada sin que el cambio de tono se sienta forzado. Es una habilidad dificilísima de conseguir y probablemente una de las razones por las que la serie termina conectando con tanta gente.
También ayuda que prácticamente no haya personajes de relleno. Es difícil pensar en otro elenco coral donde casi todos tengan un arco propio tan claro. Incluso personajes que, durante los primeros capítulos, parecen estar ahí únicamente para hacer un gag o cumplir una función específica terminan creciendo, equivocándose, retrocediendo y encontrando su lugar. La serie les tiene paciencia. No los define por un único rasgo de personalidad ni los deja congelados en el tiempo.
"Ted Lasso" (2020), Jason Sudeikis
Jamie Tartt (Phil Dunster) es uno de los mejores ejemplos. Arranca siendo el estereotipo del crack insoportable, talentoso, canchero, individualista y convencido de que el fútbol empieza y termina con él. Pero Ted Lasso se pregunta por qué alguien llega a convertirse en esa clase de persona. Sin justificar sus errores, empieza a mostrar las heridas que hay detrás del ego, especialmente la relación con un padre que entiende la exigencia como única forma posible de demostrar afecto.
En el otro extremo aparece Roy Kent (Brett Goldstein), que probablemente sea el personaje que más rápido conquista al público rioplatense. Es imposible no encontrarle algo familiar. Tiene ese aire de capitán de los de antes: habla poco, mete mucho, parece permanentemente enojado y da la sensación de que resolvería cualquier discusión con una barrida a la altura de la cintura. Si hubiera nacido de este lado del mundo, tranquilamente podría haber compartido vestuario con Diego Lugano. A través de él, la serie aprovecha para hablar del retiro, del miedo a dejar de ser útil, de la dificultad que tienen muchos hombres para expresar lo que sienten y de cómo, a veces, el verdadero crecimiento pasa por bajar la guardia. Es uno de los personajes más graciosos de la serie, sí, y también uno de los más sensibles.
Y después está Dani Rojas (Cristo Fernández), una celebración permanente del fútbol latinoamericano. "¡Futbol is life!", grita constantemente, y resume esa forma tan nuestra de entender la pelota, como algo que se disfruta antes de lo que se calcula.
"Ted Lasso" (2020), Jason Sudeikis
Por su parte, Ted también se equivoca. También duda. También carga con sus propios fantasmas. La serie nunca lo presenta como un gurú que tiene todas las respuestas, sino como alguien que, aun roto por dentro, hace un esfuerzo enorme por no perder la capacidad de mirar al otro con empatía. Todo eso no significa que Ted Lasso se olvide del fútbol, al contrario. Quienes disfrutan del deporte probablemente encuentren decenas de pequeños detalles que hacen todavía más disfrutable la experiencia.
La serie incluso se permite jugar con algunos arquetipos que cualquier futbolero reconoce enseguida. Hay incluso un personaje que es casi una caricatura directa de Zlatan Ibrahimovic: un delantero brillante, magnético y completamente enamorado de sí mismo, capaz de alterar la dinámica de un plantel entero apenas cruza la puerta del vestuario. O la aparición de Pep Guardiola en un partido del AFC Richmond contra el Manchester City.
Pero Ted Lasso tampoco esquiva conversaciones que el fútbol muchas veces prefirió dejar debajo de la alfombra. Una de las más importantes tiene que ver con la homosexualidad dentro del deporte profesional, un tema del que todavía se habla muy poco y que la serie aborda con la misma sensibilidad que demuestra en el resto de sus conflictos. Quizás ahí también radique parte de su éxito. Aunque el fútbol mueve pasiones como ningún otro deporte, sorprende lo poco que el cine y, sobre todo, la televisión de ficción se han animado a explorarlo. Salvo contadas excepciones, buena parte del contenido audiovisual que consumimos llega desde Estados Unidos, un país donde durante décadas el soccer ocupó un lugar muy secundario frente al fútbol americano, el básquetbol o el béisbol. Ted Lasso vino a demostrar que el fútbol también podía ser el escenario perfecto para contar grandes historias. No porque los partidos fueran lo más importante, sino porque alrededor de ellos siempre hubo personas extraordinariamente interesantes.
El impacto fue mucho más grande de lo que cualquiera imaginaba. El AFC Richmond dejó de ser solamente un club ficticio para incorporarse como equipo jugable en EA Sports FIFA 23, permitiendo enfrentar a Manchester City, Liverpool o Real Madrid con un plantel que, en teoría, nunca existió. Jason Sudeikis, Brendan Hunt y buena parte del elenco empezaron a aparecer en programas deportivos, entrevistas con futbolistas y hasta compartiendo espacios con figuras de la Premier League.
Durante el Mundial 2026, incluso, varios de sus protagonistas dijeron presente en distintos partidos e integraron actividades organizadas por la FIFA, una muestra de cómo Ted Lasso terminó siendo adoptada por el propio mundo del fútbol. Lo que había nacido como una campaña publicitaria para explicarles la Premier League a los estadounidenses terminó encontrando un lugar entre quienes llevan toda la vida respirando este deporte.
Hoy el barrio londinense de Richmond recibe visitantes de todo el mundo que buscan sacarse una foto frente al pub donde se reúnen los hinchas del club en la serie, sentarse en el banco donde Ted conversa con tantos personajes o recorrer las calles por las que camina rumbo al estadio. Incluso existe una tienda dedicada exclusivamente a la serie, en la cual se venden camisetas, bufandas y todo tipo de recuerdos del club más famoso que jamás jugó un partido oficial. Lo cual no está nada mal para un equipo inventado.
"Ted Lasso" (2020), Jason Sudeikis
Pero, sobre todo, consiguió algo todavía más raro. Mientras abundan las series que compiten por sorprender con el giro más oscuro, el personaje más retorcido o el final más devastador, Ted Lasso eligió ir para el otro lado. Apostó por la empatía cuando el cinismo parecía estar de moda. Apostó por la amabilidad cuando todo invitaba al sarcasmo. Apostó por creer que las personas pueden cambiar, incluso cuando ellas mismas están convencidas de que ya es demasiado tarde.
Capaz por eso Ted Lasso se disfruta tanto cuando termina un Mundial. Después de semanas enteras discutiendo formaciones, cambios, estadísticas y fallos arbitrales, aparece una serie que baja un cambio y recuerda algo que muchas veces olvidamos entre tanta polémica: que el fútbol nunca fue solamente lo que pasa durante 90 minutos.
Todas las temporadas de Ted Lasso se encuentran disponibles en Apple TV. Su cuarta temporada, que esta vez se centrará en un equipo de fútbol femenino, se estrenará en la plataforma en agosto de este año.
Por Nicolás Medina
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