Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose
El nombre de la banda viene de una ficha del casino de La Paloma que tenía dibujada una foca. Algo así como que si ponías $ 200 te la daban para que juegues a la ruleta. Eso fue en 1993, el mismo año en que La Foca debutó en una heladería del balneario rochense.
Le pusieron una foca al negro y, como comentó Federico González en una entrevista en el programa radial Galgomundo, salió el negro. Sintieron que había buena suerte y que con una foca al negro cada tanto podían solventar los gastos veraniegos. Treinta y dos años después, con nueve discos encima, un Premio Cóndor de Plata por la música original de La Vida de Alguien de Ezequiel Acuña y un Premio Graffiti 2023 al Mejor álbum de rock alternativo por Los nuevos recuerdos vendrán, La Foca sigue operando con la misma lógica de aquella noche veraniega: apostar lo que tienen y ver qué pasa.
Submarino, editado el 29 de mayo por Little Butterfly Records y Ultrapop, llegó después de un momento difícil. A fines de 2024 la formación cambió de manera significativa. Entró Andrés Ameijenda como productor y acompañante del proceso, y lo que empezó como una reorganización terminó siendo un suspiro de aire fresco que llevó a los muchachos a apuntar en una dirección completamente nueva. La producción estuvo a cargo de Juan Stewart, el mismo que grabó y mezcló su primer disco en el año 2000 —también su primer trabajo como productor— en el estudio El Árbol de Buenos Aires.
“Las letras”, el primer corte, entra despacio sobre guitarras que construyen una pared antes de que aparezca la voz con la batería, y todo junto se transforme en una ya conocida canción indie con fórmulas y formas precisas. “No conocía ni tu nombre / y en ese mundo te quería / sé que pasaron muchos años / no sé si es recuerdo o despedida”. Cuatro versos que no intentan resolver la ambigüedad que plantean sino sostenerla el tiempo suficiente para que quien escucha la complete con lo suyo, con su propio paradigma actual. El estribillo —“todo está bien, tu mundo está bien si no es mío, mi mundo está bien contigo”— pone en palabras esa aceptación de que dos mundos pueden estar bien aunque no sean el mismo. Como un amor que termina, que lo deja a uno sintiendo que se va a morir, pero luego de que el tiempo haga lo suyo se encuentra un día, entre el café y el ruido de la construcción que están haciendo al lado, que todo va a estar bien.
Federico González se ampara en ese estilo de escritura austera, la de quien sabe que la frase justa hace más trabajo que el párrafo elaborado. Aunque, ojo, sin caer en el infantilismo barato. Algunos advierten que la mejor poesía es aquella que no contiene expresiones ni formas rimbombantes, que no precisa de florituras y con muy poco dice o consigue generar mucho. Ese minimalismo lírico funciona como una postura o una línea recta a la cual se trepan muchas de las bandas indie —o que comparten esa estética, ese sonido—. González dijo en una entrevista con Indiehoy al presentar el disco anterior: “No nos interesa ese perfil de regodeo en la tristeza. Siempre intentamos proponer soluciones a los problemas que tiramos arriba de las canciones”. Submarino entonces termina siendo un disco que mira hacia adelante desde un lugar al que le costó llegar, como quién mira desde lo alto de una azotea mientras cuelga la ropa.
“La vida al revés” es otra de esas canciones uptempo, producto de los golpes rápidos en el hi hat. Ejecutada a lo crooner, que es algo que no se ve mucho en el género. Se nota cierto desgano a la hora de cantar, herencia de Lou Reed, pero con otra dimensión y otra intención que no se lograría de otra forma.
Página 12 los describió alguna vez como “un cuarteto casi secreto pero con tres décadas de carrera, dueños de pop guitarrero, flotante y melancólico”. La Foca hace canciones que no te agarran del cuello sino que aparecen de costado, se instalan despacio y después vos vas viendo cómo sacarlas. Submarino se mueve entre climas sin perder esa coherencia. “La vida al revés” tiene la energía post punk que la banda despliega con menos frecuencia; “Aplanadora”, con Pedro Dalton de invitado haciendo juego a dos voces y transformando todo en una suerte de coro, es contundente donde “Las letras” y “Triple tres” son melódicas y directas. “Submarino” y “El bronce” confirman que esto es un disco de estados de ánimo más que de canciones individuales, que se escucha mejor de corrido que en aleatorio. Si volvemos a “Aplanadora”, explota con timidez, sostiene su tensión pero al ser liberada no hace lo que se espera que haga. El cambio es fuerte pero no sorprende ni despeina sino que sigue en una misma línea que la canción ya había planteado y estaba exigiendo.
Hay que detenerse en los invitados. Banin —tecladista y guitarrista de Los Planetas entre 1998 y 2023— aporta capas de teclados que conectan el universo de La Foca con el indie español de manera orgánica. No es la primera vez que esos universos se rozan: La Foca y Los Planetas ya habían compartido escenario en Montevideo, una afinidad que venía de antes y que en Submarino se formaliza. Nicolás Kramer, al frente de El Robot Bajo el Agua desde 2003 y antes líder de Jaime Sin Tierra, es uno de esos nombres que la escena independiente rioplatense maneja con respeto. Y, claro, Dalton cierra un triángulo de afinidades casi que generacionales e incluso de músicos que han pisado los mismos escenarios, que han tocado a altas horas de la noche y han sentido el frío del invierno a la salida de Bluzz Live.
La Foca presenta Submarino el sábado 25 de julio a las 21 horas en Sala Rondeau y las entradas pueden adquirirse acá.
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