Se intercalan los acordes sueltos de un piano, el ruido de las olas, el tictac de un reloj. Se intercala en el aire el humo del escenario con el de los cigarros prendidos en la platea baja mientras el altavoz del Teatro de Verano recuerda que no se puede fumar allí. Se intercalan los que están sentados con los que esperan ansiosos en los corredores. Se intercala el ministro de Economía Gabriel Oddone entre las cabezas del público.

Se intercala la ansiedad por que empiece el show con el alivio de que al fin están de vuelta.

Pasaron más de tres años desde la última vez que Buenos Muchachos pisaba un escenario. Exactamente en diciembre de 2022. Sin saber por qué, tampoco importa, porque a principio de este año la banda anunció que el 24 y 25 de abril volverían a presentarse.

Un foco azul ilumina a José Nozar en la batería a las 21:15. Entre las sombras, aparecen sus compañeros. Se hace la luz sobre Pedro Dalton en cuanto entona la primera estrofa de “Coral #5”. La atmósfera embriagante se apodera del Teatro entero en cuestión de segundos y al rojo vivo se rompe con “Desestrés”, al son del pandereteo furioso de Dalton.

“Cecilia, bebe tu copa y muéstrame cómo en el rosado de tu placer me puedo meter”, canta ahora su silueta envuelta en ese mismo color. Le siguen el solo de guitarra y los golpes sueltos de la batería en su final.

Buenos Muchachos pertenece al vivo. “El templo ya está disponible para empezar”, anunció el altavoz antes del comienzo. Una afirmación genérica que se hace carne esta vez. La capacidad de generar ambientes, la narración de un relato sostenido y fluctuante en voz e instrumentos, la elegancia y el barro, lo mucho que logran sin tener que ponerle chirimbolos al asunto. Todo esto eriza la piel y es lo que hace que sus feligreses vayan a rendirle culto cuando pueden.

“Gracias por la paciencia”, dice Dalton tras finalizar “Arco” y comenzar con “Nico Cuevas”. Volverá a decirlo un par de veces más a lo largo de la noche, casi como una disculpa que nadie exigió.

“Saquen al Topo”, se escucha desde el público, en referencia a la ausencia de Gustavo “Topo” Antuña, guitarrista emblemático de la agrupación. Se volverá a sentir su falta más adelante, en “Sangre de Arachania”, cuando no suenen sus silbidos.

El clímax de "¿Qué hacés, Joao?”, los gritos agónicos de Dalton en “Turto”, el solo de guitarra lapidario en “Hey Luna Hey!”. Azul, verde, azul de nuevo. En el medio, un “Los extrañaba” desde el escenario. Luego, la oscuridad y un punto rojo en el centro que luego tiñe el resto: “Así que las explicaciones del fracaso no me servían de un puto carajo. Así que puto coño, la cola del demonio y que empiece el otro acto”, amplifica el megáfono.

“El faro”, esa canción de cuna ominosa, es dedicada a Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, directores del videoclip: “Los recordamos, los queremos, los amamos a ambos y a todas sus películas”.

Entre “La Isla Era un Camalote”, “El regreso” y “Vos más que vos” —una canción que son como dos y sin embargo es una sola, según el vocalista— se filtra un “sex symbol” dirigido a Dalton desde el público, mientras este se arremanga la camisa bordó.

Su presencia escénica tiene una esencia crooner con tintes vampíricos, que se sostiene por sí misma, aunque no esté siendo iluminada: estoica, solo con su silueta. Que sabe cuándo adelantarse para estar más cerca del público, cuándo acompañar los solos de guitarra con panderetazos, como en “Sin más”, o cuándo bailar, como en “Tonight”.

El viaje por la línea temporal y el repertorio de Buenos Muchachos continúa con “Dormez-Vous”, “Solo pienso”, “Un témpano” y “Villete de oro”, para dejar en el escenario sonando solo las distorsiones, sin ellos arriba. Vuelven las olas, los acordes del piano y el reloj.

Dura poco. El galope de la guitarra anuncia “Temperamento”. La tensión sostenida hasta este momento ahora explota. El público hace el ejercicio catártico de saltar y cantar sobre el bajo furioso que pide pista. Seguirán los hits: “La Hermosa Langosta Aplastada En La Vereda”, “Antenas rubias” con una luz cálida de atardecer, “It’s Ok”, "Beefheart", “Y La Nave Va”. Un banquete de temas sin pausa.

Entonces Dalton lo reconoce: “Como estamos tocando todas estas canciones que son nuestros hits, quiere decir que nos estamos yendo. Los queremos, los amamos y nos vamos a ver... en otro momento”. No cesan: van “He Never Wants To See You Again”, “Pavimento del Buen Muchacho”, “Un salto en la ciudad”, que termina en un eco disonante.

“Gracias por seguirnos queriendo, es un día de sol, aunque es de noche. Gracias por el respeto: no nos preguntan qué pasó sino cuándo volvemos. Somos de ustedes, ustedes son nuestros”, concluye Dalton, y la calma de “Sangre de Arachania” sella lo que a esta altura se asemeja a un pacto. Va por la arteria.

En la noche de este 25 de abril se cierra una vuelta más corta de lo que el público de Buenos Muchachos querría. Todavía hay entradas a la venta. Dese el gusto de ver a la banda uruguaya que suena mejor en vivo.