Documento sin título
Contenido creado por Sofia Durand
Literatura
Los libros y sus autores

“Sin palabras”: el libro que arroja luz sobre el mítico álbum de Los Iracundos

Los autores publicaron su nueva obra de análisis en Estuario Editora.

15.01.2026 15:02

Lectura: 22'

2026-01-15T15:02:00-03:00
Compartir en

El legado de Los Iracundos en la música nacional hoy es un dibujo indeleble, con eco internacional. El talento y la inconfundible voz de Eduardo Franco le dieron una visibilidad internacional a la agrupación y hoy, décadas después, son estudiados con lupa.

Tito Lagos y Lalo Montes cuentan con un largo recorrido en torno al análisis musical. En el caso de Lagos, su experiencia en The Supersónicos y el surf instrumental le aportaron una perspectiva difícil de equiparar. Comenzó como periodista musical con su proyecto Tito hace surf y ha colaborado junto a Montes en La Diaria y Montevideo Portal

Lalo Montes, investigador musical, ha escrito artículos periodísticos sobre música en El Observador, Montevideo Portal, La Diaria, LentoSeis Grados. Dirigió el documental Only Noise (2019), en el cual rescata del olvido el récord mundial de la banda uruguaya Les Renards. 

En esta ocasión, ambos se unen con Sin palabras (2025) como excusa. Un libro que analiza el disco homónimo de Los Iracundos y el impacto que tuvo tanto en su coyuntura musical como en nuestros días. Repasa tanto la historia de la banda como la composición de cada uno de los temas del álbum. 

¿Cuál fue la primera conversación que tuvieron sobre la idea de escribir este libro?

Lalo Montes (L.M.): Cuando decidimos encarar este y otros proyectos con Tito, ya veníamos cada uno por su lado desarrollando diferentes actividades relacionadas con la historia de la música uruguaya, por lo que de alguna forma siempre estuvimos en sintonía y con la mira telescópica bien calibrada. Ese entendimiento se hizo evidente en una investigación que realizamos respecto a los orígenes de la música surf en Uruguay, precisamente para este mismo medio. Nos sentimos tan a gusto con el proceso que nos creímos capaces de encarar otro proyecto más ambicioso: un libro acerca del primer disco de rock instrumental del Uruguay.

Tito Lagos (T.L.): Un libro que tratase sobre la historia instrumental de la música uruguaya. Se iba a llamar La historia jamás cantada de la música uruguaya, pero era demasiado pretencioso, largo e inabarcable. En esa primera etapa ya habíamos visto que Sin palabras era el primer disco de rock instrumental uruguayo. Y era un mojón importante en ese libro. Como somos lectores de la colección de Estuario, nos dimos cuenta de que si bien contaban con libros dedicados a los Olimareños, Osiris, Cabrera, Roos, Canoura, Tontos, Estómagos, Días de Blues, Buenos Muchachos, entre muchos, aún faltaba un libro sobre la banda más exitosa de Uruguay: Los Iracundos. Así que contactamos a Gustavo Verdesio y rápidamente nos apoyó. Pero nos dejó en claro una cosa: para poder salir, debíamos esperar dos años como mínimo. Eso nos dio tiempo para trabajar tranquilos y planificar bien nuestro estudio.

¿Qué es lo que más los sorprendió de Los Iracundos durante el proceso de investigación?

T.L.: Los excelentes músicos que eran, y cómo se formaron de la nada. La pelearon muchísimo más que muchos músicos que la tuvieron más fácil, y que, además, surgieron del interior. Pero lo más sorprendente aún es que siendo jóvenes de menos de 20 años negociaron solitos un contrato con la RCA Víctor Argentina en 1964, sin ayuda de nadie y saliendo bien parados. Pudieron hacer dinero, profesionalizarse y solo debieron cambiarse el nombre. Además de buenos músicos, resultaron ser buenos negociantes. Esa viveza no la tiene cualquiera.

L.M.: A lo que dice Tito, quiero agregar que también nos llamó la atención (y nos lo cuestionamos a nosotros mismos también) la poquísima atención que se les brindó a Los Iracundos en la historia de la música uruguaya. Sí es cierto que varios autores, investigadores e inquietos han dedicado varios párrafos a los sanduceros, pero siempre de forma general o escueta, e incluso en algunos casos de manera errónea. Es una lástima que no los hayamos aprovechado más cuando aún estaban vivos.

Foto: Javier Noceti 

Foto: Javier Noceti 

Si tuvieran que describir al grupo en una sola frase —entre los dos—, ¿cuál sería?

T.L.: Durante 30 años los miembros originales de Los Iracundos transitaron por todos los estilos musicales: dominaron el rock, el twist, el melódico, las románticas, los boleros, los instrumentales, la música clásica… todos los estilos con calidad y profesionalismo, como nadie lo había hecho en Uruguay. Sus interpretaciones y canciones quedaron grabadas en la memoria colectiva de América Latina. 

L.M.: Pioneros indiscutidos del rock uruguayo.

¿En qué cosas coincidieron inmediatamente y en cuáles discutieron más durante la escritura?

T..L: Un asunto que nos quedó pendiente fue lo del “álbum conceptual”. Algo en lo que no pudimos ponernos de acuerdo, tampoco con las sugerencias de Gustavo. Por lo que decidimos eliminar esta parte para dejar una obra más concreta. También hubo algún tema instrumental con el que fuimos para adelante y para atrás, que al principio no apreciábamos mucho y después de muchas escuchas, de tocarlo y de sentirlo nos fuimos avispando que había más cosas ocultas que las que parecían sonar en una primera escucha. 

También discutimos sobre el punto en el que nos queríamos parar en referencia a la banda: los fanáticos, los amantes y los que gustan de Los Iracundos. Nosotros no nacimos amando a la banda, somos de otro palo, pero fuimos convenciéndonos, por diferentes motivos y trayectorias personales, que fue una banda demasiado importante como para decir livianamente: “Ah, esos románticos”. Sí, eran románticos, pero también eran muchas más cosas. Grabaron el primer disco de rock uruguayo en 1964, tocado por un combo de músicos jóvenes. 

L.M.: Coincidimos inmediatamente en las ganas de poner a Los Iracundos en el mapa del rock uruguayo, o al menos en hacer su historia e importancia más nítida. El tema del “álbum conceptual”, como dice Tito, fue quizá el punto en el que “discutimos” más.

T.L.: Y podemos seguir discutiendo, ¿no?

L.M.: ¡Caso cerrado, Tito!

Foto: Javier Noceti 

Foto: Javier Noceti 

¿Hubo algún momento en el proceso en que sintieron que “el libro se estaba escribiendo solo”?

T.L.: Ojalá la inteligencia artificial escribiese algo sola. Cada vez que preguntábamos cosas a las inteligencias disponibles eran tantos los disparates que salían que nos convencían de que era necesario escribir un libro sobre Los Iracundos. Y que debíamos intervenir personalmente, editando la información, alguna disparatada escritas por ceñudos mitómanos, otra con base en planes de la propia banda o manager que jamás fueron realizados. Para ello contamos con la ayuda de Miguel Molinari y Aníbal Álvarez Fontán, quienes, desde su experiencia y diferentes improntas, nos ayudaron a esclarecer muchas cosas de la historia de la banda. Obviamente, hubo muchos críticos y estudiosos que escribieron antes que nosotros. Daniel Escondeur publicó la primera historia de la banda en los años ochenta, en El diario de la noche, contada por ellos mismos; Stalin Govea escribió Pasión y vida, el primer libro integral desde Ecuador; Fernando Peláez los destacó en su libro Veinte bandas uruguayas del siglo XX; Panchi Cosso con Yo vi actuar a Los Iracundos, de Argentina. Hasta hubo un libro que nunca fue editado, el famoso “libro negro” de Jiménez (el cordobés). Programas radiales de los ochenta como los de Daniel Escondeur o Eber García y en los últimos 20 años los de Mario Pagano (con Diego Nobile y posteriormente con Mario Molinari: Simplemente Iracundos), Mario Moreira (La magia de Los Iracundos) y Julio Baccaro (Por siempre Iracundos) que, en su medida y con perfiles bien diferentes, aportan datos más o menos valiosos, pero todos ellos coinciden en una cosa: mantienen viva la llama entre los fanáticos. Pero hasta hoy no había un solo libro uruguayo dedicado exclusivamente a la banda sanducera. Sin palabras.

L.M.: Como bien dice Tito, fuimos para atrás y para adelante muchas veces, en lo personal nunca sentí que el libro “se estaba escribiendo solo” porque ninguno es un fanático acérrimo de la banda, por lo que chequeábamos todo mil veces, así como íbamos hablando con verdaderos iracundómanos (como por ejemplo Miguel Molinari y Aníbal Álvarez Fontán) que nos hacían replantearnos y cambiar ideas y conceptos que creíamos tener muy claros. Fue necesario un exhaustivo análisis del análisis para llegar al final. Aún hoy, con el libro editado, sentimos que hay cosas que se pueden mejorar e incluso reformular. 

T.L.: Increíblemente, surge nueva información todo el tiempo. La historia definitiva aún no está escrita, pero no podemos esperar 100 años para armar el rompecabezas. Hoy día, a nuestro humilde entender, esta es la más completa y conciliadora.

¿Cuál fue la primera canción de Los Iracundos que les marcó algo personal?

T.L.: Es difícil decir cuál fue la primera. Tengo una memoria residual de las canciones que escuche en mi infancia y ahora de grande reflotan, escondidas en rincones que pensaba olvidados. "40 grados", "Tú con él", "Venite volando". Recuerdo que en el liceo, Gabriel Tesija me prestó Con palabras, el primer álbum que tuve en mis manos, en 1990. ¡Por poco no fue el instrumental! Después compré el CD de discografía completa con los dos primeros discos instrumentales en 1997 y quedó ahí… esperando mucho tiempo para que le diera unas 600 escuchas continuas. "Caravana", "Boogie de la guitarra", "Jinetes en el cielo" y "Mate cocido" son de las que más me llamaron la atención en aquel entonces. Pero aún sigo escuchando canciones y me sorprendo de la calidad de sus arreglos y lo adelantados que estaban.

L.M.: Lo primero que “marcó” (por así decirlo) fue "Iracundos", parte de su primer disco. Antes de que los discos abarrotaran mis estantes y supiera siquiera quiénes eran Los Iracundos, “40 grados”, ”Puerto Montt” y algo más conocía de rebote y para mí ellos eran eso. Cuando empecé a coleccionar y a interesarme por el rock uruguayo, di con “Stop” y ese tema me encantó, y cambió toda mi perspectiva.

T.L.: Es cierto, el tema "Iracundos" de su primer disco, además de ser una especie de himno autorreferencial muy adelantado para su tiempo, era un gran homenaje a Duanne Eddy, gran guitarrista precursor del twang. Al escuchar ese tema te das cuenta de que Leoni Franco estaba emulando a una de sus influencias de la “palanca” y a su vez creando un estilo que pulirá con los años. 

Foto: Javier Noceti 

Foto: Javier Noceti 

Si tuvieran que elegir un integrante favorito del grupo, sea por la historia, por la personalidad o por el aura, ¿a quién elegiría cada uno?

T.L.: Por experiencia personal me quedo con Leonardo Leoni Franco, el hermano mayor de la familia, quien impulsó a sus padres a comprar guitarras, tomar clases, formar la banda, juntarse con Bosco, su gran patiño y soporte en la guitarra base. Leoni aprendió todo solo, como emular a Hank Marvin sin necesidad de imitarlo. Supo que para sonar bien había que tener buenos instrumentos, tuvo guitarras brasileñas, italianas, hasta que se topó con la Fender Stratocaster de los Teen Tops y se la compró. Una joya inconseguible que ayudó a profesionalizar aún más a la banda. Era la envidia de muchos que empezaban a practicar los primeros acordes. Más tarde, en la década de los ochenta, era tal su fanatismo y amor por el instrumento que decidió hacerse su propia guitarra: una Leoni. Y no fue la única. Actualmente, estoy usando una Leoni Stratocaster en homenaje a Leoni Franco, el primer “guitar hero” del Uruguay. La historia del rock uruguayo es aL y dL: antes de Leoni y después de Leoni. Aunque debo aclarar que para que Leoni se luciera precisaba de Bosco en la segunda guitarra y de un gigante como Juano en la batería, tal vez el mejor baterista que tuvo Uruguay. Sin despreciar al resto de los músicos de la banda, ellos tres: Leoni, Bosco y Juano, eran IMBATIBLES.

L.M.: Igual que Tito, a Leoni, por ser el primer “guitar hero” del Uruguay.

¿Qué parte del trabajo disfrutó más cada uno? 

T.L.: Revisar fotos fue maravilloso. Deambular por la web buscando material tirado por todos lados, sin referencia alguna y que, muchas veces, cuando la tenías estaba mal. Tuvimos que armar una cronología con ayuda de Lito y Aníbal. Al final pudimos encontrar la lógica cronológica de la banda por el tipo de instrumento, vestimenta (hasta por el cinturón), peinados, equipos o personas del entorno. También tuvimos que escuchar toda la música instrumental de América Latina, España y Francia para saber dónde estábamos parados con Los Iracundos. Fueron muchas horas, escuchas, análisis que ocupan apenas dos páginas del libro. Pero fueron varios meses de escuchas. Hacer las caricaturas fue muy divertido también. Porque el humor muchas veces ayuda a descomprimir algo tan denso. 

L.M.: Escuchar los discos con Tito fue una tremenda experiencia. Como músico que es me ayudó a percibir y darme cuenta de cosas que yo, un tipo que solo sabe rascar la guitarra, nunca me había percatado. No solo los escuchamos, sino que los tocamos juntos, lo que hizo todo el análisis mucho más rico y completo. Sin dudas, esa fue una de las partes más disfrutables para mí.

¿Qué fue lo más difícil para cada uno de ustedes a nivel emocional o creativo?

T.L.: Hacerle entender a nuestras familias que estábamos metidos en un proyecto que nos iba atrapando y, como en un espiral, casi nos ahoga. Escribir un libro de música instrumental para alguien que está haciendo música instrumental rock desde hace 30 años es un placer, porque era una obligación reconocer el trabajo de quienes estuvieron mucho antes que nosotros y dejar una semilla para quienes hoy ya tocan mil veces mejor que yo en los Supersónicos. 

L.M.: Al no contar con una bibliografía oficial de la banda, ni análisis previos, había momentos en que uno se sentía como si caminara por un terreno inestable, por suerte hay gente como Miguel y Aníbal que, en su condición de fanáticos, salvaguardan datos, anécdotas y un inmenso archivo que nos permitió siempre dar el próximo paso con seguridad. 

¿Qué detalle mínimo —una anécdota, una foto, una frase— se les quedó grabado a cada uno?

T.L.: En una entrevista realizada por Daniel Escondeur a Eduardo Franco, el principal compositor de la banda y carismático frontman, le confiesa que lo que le gusta escuchar es a la banda en combo, sin los arreglos orquestales que habían comenzado en 1968 y los acompañaron en todos los discos hasta principios de los ochenta. Eduardo sabía que el poder de la banda instrumental era increíble, y que los arreglos orquestales le quitaban fuerza. Eduardo sabía más que nadie que Los Iracundos instrumentales —Leoni, Juano, Bosco, Febro, Burgues— eran imbatibles. Y por algo en todos sus shows aprovechaba a descansar, primero por placer y luego por necesidad, al costado del escenario, admirando esa música increíble que hacían a la perfección. 

L.M.: La cantidad de instrumentales “compuestos” por Los Iracundos en comparación a los grabados, pero van a tener que comprar el libro para enterarse. 

Foto: Javier Noceti 

Foto: Javier Noceti 

Los Iracundos tienen fans de generaciones distintas. ¿Cómo se acercaron a esa “memoria viva” del grupo?

T.L.: Lo decimos en el libro, nosotros no convivimos con ningún músico original Iracundo. A nivel personal lamento y me castigo por no haberme acercado a ellos en vida. Algo de esto se traduce en el libro, una especie de deuda moral para los que fueron pioneros en esto y no lo supe ver en su momento. Lo he hablado con Gustavo Franco y también con Adán Franco, hijos de Leoni y también músicos.  Pertenezco a la generación de músicos que tenía 10 años cuando surgió el rock posdictadura, crecí en la vereda de enfrente. Y el tiempo me fue arrimando a la iracundomanía. Y es un proceso que, afortunadamente, veo que muchos músicos amigos transitan o al menos no rechazan como si lo hacíamos en 1992. 

Este libro presenta de una manera nueva a la banda para nuevas generaciones, para apreciar el talento y trabajo de seis tipos de Paysandú que se deslomaron hace un montón de años y estuvieron en el tope de listas durante 30 años. Pero también hay cosas para los fanáticos de siempre, porque el análisis musical que hacemos de cada tema nunca antes se había hecho. Estamos hablando desde un punto de vista musical, no del fanático. Y eso nos da libertad de comentar, analizar y escudriñar en cosas que a veces son difíciles para un fan. 

Y el resultado es bueno, porque muchos de ellos nos felicitan, nos hacen acotaciones, pero en líneas generales están contentos. Además, revelamos un par de secretos de la banda hasta ahora nunca dichos: como por ejemplo cuál fue su primera guitarra eléctrica, cuándo y dónde compraron instrumentos, cuántas guitarras usaron, cuántas canciones instrumentales grabaron… y otros datos más interesantes para los verdaderos fanáticos. 

¿Qué descubrieron del Uruguay o de la región de la época al reconstruir esta historia?

T.L.: Que Paysandú en 1960 era una locomotora de progreso. Que para 1962, cuando Los Iracundos aún eran Los Blue Kings, había vuelos aéreos de Paysandú a Buenos Aires todas las semanas por Pluna. Que había muchos cines con estrenos todos los días, una industria y fábricas locales inmensas que daban trabajo y se vivía un ambiente burbujeante. Que tocaban bandas argentinas, españolas y brasileñas muy seguido y que, además, había orquestas típicas y de jazz que seguro influenciaron a esos jóvenes músicos iracundos.

Otra cosa que vimos fue que en esos años todas las bandas solían decir a la prensa sus planes, a veces los más descabellados, ya casi dándolos como hechos consumados. Sin importar si después se cumplían o no. También aportaban datos que era imposible verificar. Eso dio lugar a muchas confusiones, y nos hizo trabajar con mucho cuidado para no pisar baldosas flojas y caer en un libro plagado de errores o cosas que nunca sucedieron.

L.M.: A modo personal, redescubrí un pedazo de banda que cultivó fans en toda Latinoamérica y en el mundo. Pero en Uruguay casi que no existen, y eso es una verdadera pena. 

T.L.: También descubrimos un mundo de fanáticos de la banda que con diferentes perspectivas, aun hoy, son capaces de mover montañas. Elita Rossi, por ejemplo, tal vez la fanática número uno de ellos, conservó durante años grabaciones en vivo, entrevistas radiales y recortes de diario que sin motivo alguno, solamente por amor, se pudieron conservar. Gracias a la carambola cósmica, Paul Guisande hizo que se pudiera digitalizar mediante el trabajo de Diego Nobile y Mario Pagano. 

¿Cómo fue armar la parte visual del libro: fotos, archivos, objetos?

T.L.: No quisimos hacer el libro con las fotos típicas que se vienen publicando desde hace 60 años, entendimos que eso no aportaba nada nuevo. De hecho, la única foto que hay de la banda era una inédita hasta el momento que nos alcanzó Aníbal Álvarez Fontán con el permiso de Delfor Zabalo, hermano de Bosco. Para cubrir esa falta de información visual nueva, decidimos incluir caricaturas de Los Iracundos hechas por mí. En un estilo humorístico, que ya se había empleado en sus primeros samples, decidimos agregar caricaturas con alguna humorada respecto a acontecimientos del disco Sin palabras... (1965) o la historia de la banda. Incluso sacamos un póster con una imagen de la banda que regalamos en la presentación del libro, que fue todo un suceso. Renovar la imagen era parte de este trabajo de investigación. 

L.M.: Comparto todo lo que dice Tito. Si hay un artista en este libro, es él. Solo me queda agradecer a Aníbal por ese tremendo aporte fotográfico que desinteresadamente nos dejó utilizar como primicia en el libro.

¿Hubo alguna entrevista que los haya descolocado o que haya cambiado su perspectiva?

T.L.: Fabian Chiarello entrevistó a Leoni Franco en 2015 y, afortunadamente, le pudo sacar jugo a muchas anécdotas. Obviamente tuvimos que confirmar datos con Adán Franco, su hijo y su segunda guitarra en su agrupación iracunda durante 15 años. Hoy en día continúa su legado. Hablar con él esclareció cosas, pero sobre todo permitió entender la perspectiva de un músico que admira a su padre. Tal vez eso no esté escrito en el libro, pero se percibió desde el primer segundo de la entrevista. 

Si pudieran agregar un bonus track al libro, ¿qué historia de las que quedaron afuera les gustaría incluir?

T.L.: Hubo muchos capítulos que quedaron fuera del libro para hacerlo consistente y concreto. Había un listado de comparaciones entre Los Iracundos y The Shadows que quedó fuera, con un análisis de las dos bandas año por año. También quedó fuera un capítulo llamado "El vuelo de Los Iracundos", algunos chistes gráficos que no eran atinados y la lista de todos los instrumentos de Bosco y Burgueño, que decidimos dejar fuera a último momento. 

L.M.: También tuvo que quedar fuera del libro una idea que teníamos sobre la conexión entre la música instrumental de Los Iracundos y la chicha peruana. Los Iracundos tuvieron mucha influencia en el Pacífico. Alberto Maravi, locutor en Uruguay que dio participación a los Blue Kings, era peruano. En su regreso al Perú creó Infopesa, un sello discográfico muy famoso, que editó entre otras cosas la cumbia amazónica o chicha peruana. En este estilo tiene mucha participación la música instrumental, pero no encontramos nada que demostrara el vínculo amazónico-sanducero. 

¿Cómo se reparten la escritura cuando trabajan a dúo: por capítulos, por temas, por estado de ánimo?

T.L.: Realmente fue un placer escribir el libro. Escribimos todo juntos, con un esqueleto que a veces empezaba por mí o por Lalo, indiferentemente. No hay capítulo que sea más de uno o del otro, por lo general nos reuníamos en casa y escribíamos los dos juntos. Fue un placer trabajar con Lalo, ya habíamos hecho cosas juntos como "La historia de la música surf en Uruguay", publicada en Montevideo Portal. 

El primer trabajo escrito fue chequeado por Gustavo Verdesio. Hubo grandes aportes de una persona con experiencia sobrada en literatura y, que además, sabe muchísimo de música. También hay que reconocer el trabajo de Leo Lagos, quien fue el primer editor del libro final. Mi hermano siempre me acompaña en todos los proyectos, y en este no podía quedar afuera. Desde la crítica, la burla, la gastada, el incentivo, con el tiempo fue metiéndose en lo que escribíamos y se ofreció como editor. 

L.M.: El proceso fue superinteresante, porque cada uno aportó desde su estilo y forma de sentir a la banda. En el resultado final es imposible discernir qué escribió Tito y qué escribió Lalo, y creo que esa es la verdadera magia.

¿Cuál dirían que es la “voz del libro”? ¿Una mezcla de ustedes, un punto medio o algo nuevo que aparece solo cuando trabajan juntos?

T.L.: Decididamente es esa tercera persona que se formó al escribir a cuatro manos con dos cerebros.

¿Qué aprendió cada uno del otro en este proceso?

T.L.: Que Lalo tiene una gran paciencia, que es un tipo que sabe escuchar, que duda y somete su opinión a ser discutida y no tiene temor en ir para adelante y para atrás. Que tiene un gran criterio, gusto, y que juntos aprendimos a usar las comas. Que volvió a comer carne gracias a nuestros asados y que tiene un hijo que nos va a sacar el trabajo en 10 años cuando toque mejor que “los nenes”. 

L.M.: La capacidad de Tito de meterse más que de lleno en los temas que lo apasionan, abrir mil frentes de investigación y conectar cuestiones que quizás no tengan nada que ver. Pero eso te ayuda a abrir y cerrar puertas y enriquece la investigación. También aprendí que Tito es un muy buen asador. 

__________________________________________________________________

Fragmento de Sin Palabras

Este libro busca hacer justicia y echar algo de luz al disco Sin palabras, el segundo larga duración de Los Iracundos. ¿Por qué? Porque lisa y llanamente se trata del primer disco cien por ciento instrumental de la historia del rock uruguayo. Con tanto libro sobre el pasado de nuestro rock, los autores creemos que este es un hito importante hasta ahora no abordado. No es nuestro objetivo hacer un estudio puntilloso sobre la muy revuelta historia de la banda, sus rencillas o entrar en discusiones de cuáles son los verdaderos Iracundos. Sabemos que después de la muerte de Eduardo Franco la formación original siguió con Jorge Gatto y ya entrados los noventa la banda se escindió en varias más, y también somos conscientes de que, a pesar de que algunas son criticadas por su veta meramente comercial, todas ellas, en su medida, mantienen la llama iracunda encendida hasta hoy en día.

La mayor parte de este libro se centra en lo que, a nuestro entender, es la época de oro de la banda, cuando estaba integrada por los hermanos Eduardo y Leonardo Franco, junto a Juan Bosco Zabalo, Juan Carlos Velázquez, Jesús María Febrero y Hugo María Burgueño. No obstante, también analizamos la producción instrumental de las formaciones del resto de los integrantes originales, posteriores a la muerte de Eduardo Franco, con el fin de tener un panorama más completo de esta faceta musical. No tuvimos el más mínimo contacto con los sanduceros, ni tampoco vivimos sus décadas doradas, lo que a nuestro entender significa una gran ventaja, ya que el análisis a la distancia nos permite ver de una manera más objetiva las luces y sombras de esta agrupación.

¡Viva Los Iracundos instrumentales!

__________________________________________________________________