“¿Qué pasó con Nath_666?”: el ritual que empieza al encender la cámara
La ópera prima de Jorge Pérez Rivero combina terror sobrenatural y redes sociales y en una producción uruguaya independiente.
Por Sofía Lust
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En ¿Qué pasó con Nath_666? (2026), el problema empieza antes de que aparezca cualquier entidad sobrenatural. Empieza cuando Natalia decide encender una cámara. La protagonista, interpretada por Anahí Lúgaro, es una joven montevideana de estética gótica que quiere crecer en internet haciendo contenido sobre brujería. Para conseguir algo capaz de aumentar las visitas de su canal reúne a varias compañeras, organiza un juego de la ouija y convierte la invocación en material audiovisual. El plan, previsiblemente, termina bastante lejos de donde había empezado.
La ópera prima de Jorge Pérez Rivero trabaja con una premisa conocida por cualquiera que haya recorrido la historia del found footage, pero encuentra su particularidad en una combinación muy concreta: adolescentes uruguayos, redes sociales, esoterismo contemporáneo y una ciudad que rara vez ocupa este lugar dentro del cine de género. Pérez Rivero partió, de hecho, de una observación bastante sencilla. Una amiga le dijo que en Uruguay no se hacían películas para jóvenes. Como docente, además, veía dos intereses repetirse entre sus alumnos adolescentes: las redes y el esoterismo. Nath nació de unir ambas cosas.
Nath no podría trasladarse sin modificaciones a una película de terror de hace 20 años. Su curiosidad por la brujería está atravesada por la necesidad de producir contenido. El ritual tiene que ocurrir, pero también tiene que quedar registrado. La posibilidad de contactar con algo desconocido comparte espacio con otra obsesión mucho menos sobrenatural: conseguir espectadores.
¿Qué pasó con Nath_666? (2026), Jorge Pérez Rivero
Ese punto vuelve especialmente adecuado al found footage. Adrián (Lautaro Correa) permanece detrás de la cámara mientras Natalia conduce el experimento y las demás integrantes del grupo revelan distintas relaciones con aquello que están haciendo: Eli es religiosa e insegura, Sofía adopta una posición escéptica y Ostara muestra un interés genuino por lo esotérico. La película evita organizarse como una colección de sobresaltos y prefiere acumular indicios hasta llegar a la casona donde transcurre buena parte del tramo final.
Pérez Rivero conoce bien la tradición en la que está trabajando. Entre sus referencias directas aparecen The McPherson Tape y The Blair Witch Project. La primera, filmada por Dean Alioto en 1989 por alrededor de 6.000 dólares, llevó hasta el extremo la apariencia del video doméstico: una copia sin créditos llegó a circular durante años entre aficionados a los ovnis como si registrara una abducción verdadera. Fue un antecedente fundamental del terror de metraje encontrado, realizado una década antes de que Blair Witch convirtiera el mecanismo en fenómeno internacional.
Pérez Rivero recuerda haber visto The McPherson Tape de preadolescente en televisión abierta y quedar impresionado por la manera en que una imagen técnicamente modesta podía alterar la percepción de lo verdadero. Más tarde, The Blair Witch Project le mostró cuánto podía construirse con recursos mínimos. La conexión con Nath es entonces estética, pero también económica.
¿Qué pasó con Nath_666? (2026), Jorge Pérez Rivero
La película fue realizada prácticamente sin financiamiento. Se rodó durante apenas 13 jornadas acumuladas, muchas de noche y durante fines de semana, mientras el equipo terminaba creciendo hasta unas 40 personas. Cada integrante aportó lo que podía: trabajo, equipos, objetos, vestuario, contactos o comida. La Intendencia de Montevideo facilitó algunas locaciones. Incluso el final tuvo que modificarse porque la versión escrita necesitaba dos días adicionales de rodaje que la producción ya no podía sostener.
Esa precariedad podría haber quedado expuesta como una limitación. El found footage permite incorporarla a la película. Una cámara inestable, un encuadre incompleto o una imagen que no ofrece toda la información pueden pertenecer perfectamente al material que supuestamente estamos viendo. La producción convierte así una restricción en parte de su gramática.
Hay, además, una decisión inteligente sobre la aparición de lo sobrenatural. Pérez Rivero investigó mitologías, rituales, símbolos e invocaciones, incluyendo material vinculado a Hécate y Astaroth, y consultó a una persona que estudiaba latín para trabajar determinados pasajes. Su intención declarada era evitar una magia demasiado aparatosa. En su lugar aparecen objetos que parecen moverse, golpes sin origen claro, sombras que quizá estaban ahí desde antes. El director incluso escondió figuras y movimientos dentro de algunos planos para que puedan descubrirse en revisiones posteriores.
¿Qué pasó con Nath_666? (2026), Jorge Pérez Rivero
Ahí está uno de los recursos que mejor encaja con el formato. El found footage obliga a mirar los márgenes. Una cámara convencional decide qué debe observar el espectador; una cámara que pretende registrar un hecho real puede fingir que ni siquiera sabe dónde está lo importante. Nath aprovecha esa diferencia para colocar parte del terror en la duda: algo puede haber sucedido al fondo del cuadro mientras los personajes miraban hacia otro lado.
Hay además un pequeño detalle visual que parece funcionar como easter egg. Cuando el grupo entra a la librería en busca del libro que necesita para la invocación, la cámara pasa por una pila de ejemplares y, durante unos segundos, puede leerse en uno de los lomos el título “Men Are Easy”. No es un elemento subrayado por la película y puede pasar completamente desapercibido, pero resulta difícil no leerlo con cierta ironía dentro de una historia protagonizada casi por completo por mujeres jóvenes y construida alrededor de sus decisiones, curiosidades y conflictos. Si fue colocado allí a propósito, es uno de esos chistes visuales mínimos que el found footage puede esconder a plena vista.
También ayuda que la película no descuide al grupo. Anahí Lúgaro encabeza un elenco completado por Florencia Milman, Milagros Melgarejo, María Eugenia Muñoz, Lautaro Correa y Aragorn Bruno. En un género que depende tanto de la ilusión de espontaneidad, la actuación es decisiva: basta una reacción demasiado calculada para recordar que existe un guion.
¿Qué pasó con Nath_666? (2026), Jorge Pérez Rivero
No todo funciona con la misma precisión. La lógica interna queda ocasionalmente subordinada a la necesidad de llevar a los personajes hasta el próximo episodio sobrenatural, y algunas decisiones resultan reconocibles para cualquiera familiarizado con el género. Tampoco todos los recursos visuales tienen idéntica eficacia. Es el riesgo de trabajar dentro de un formato que, después de Blair Witch, REC (2007), Paranormal Activity (2007) y Cloverfield (2008), ya posee convenciones fácilmente identificables. Pero Nath suele ser más interesante cuando reduce la escala y deja que un gesto, un ruido o una anomalía mínima contaminen una escena ordinaria.
Su recorrido posterior confirma que ese pequeño proyecto cooperativo consiguió salir de su contexto de producción. Tuvo su estreno mundial en octubre de 2025 en Noctambulante, México, pasó por festivales de Perú, Chile y Uruguay, ganó el premio a Mejor Largometraje en el First Hermetic Film Festival de Venecia y recibió una mención en L.A. Indie Horror Fest. En septiembre de 2026 llegó finalmente a la Sala B del Auditorio Nelly Goitiño del SODRE.
Pero el aspecto más interesante de ¿Qué pasó con Nath_666? no está en su currículum festivalero ni en la historia de una producción hecha contra las circunstancias. Está en la forma en que actualiza una pregunta vieja del cine de terror: qué ocurre cuando una cámara registra algo que debería permanecer oculto. En 1989, The McPherson Tape utilizaba una videocámara familiar; en 1999, The Blair Witch Project encontraba cintas después de una desaparición. Nath pertenece a otro momento. Su cámara existe porque hay un canal, seguidores y una protagonista que necesita transformar la experiencia en contenido.
Natalia busca una presencia del otro lado, pero también busca una audiencia. Las dos cosas son invisibles hasta que responden. Y cuando finalmente lo hacen, la pregunta ya no es solamente qué pasó con Nath_666, sino por qué necesitábamos verlo.
Por Sofía Lust
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