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Daños colaterales

“NAZA”: un documental de la guerra en Gaza que muestra una distopía tecnológica

Dos directores israelíes entrevistan a funcionarios de los servicios de inteligencia sobre los sistemas usados para seleccionar objetivos.

06.11.2026 18:26

Lectura: 3'

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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

Los horrores de la masacre perpetrada por Israel en la Franja de Gaza son conocidos. Claro: que lo sean no significa que no tengan que seguirse difundiendo, así como los del espantoso atentado cometido por Hamás en octubre de 2023. La novedad de NAZA, documental que puede verse en Cinemateca, está en que casi —y ese casi hace que uno salga de la sala con el estómago revuelto— no muestra esos horrores. Y sin embargo es una película de terror. Una tecnodistopía.

Los protagonistas de NAZA son los miembros del servicio de inteligencia de Israel que toman las decisiones puntuales de los bombardeos. Las que miran en el mapa y dan el ok. Alguno dolido y arrepentido, otros indiferentes a su tarea, otros que la defienden. Los directores de la película, los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, ganaron el óscar a Mejor documental por su anterior No Other Land (2024), que tiene lugar en la Cisjordania ocupada. Acá toman una decisión estética que pone a NAZA en un lugar aparte: cada entrevista se graba por la noche en azoteas de Tel Aviv, con las identidades de los entrevistados digitalmente ocultas. Son literalmente personas sin rostro. Oficinistas difusos, intercambiables.

El término “NAZA” refiere a los daños colaterales de cada ataque: ¿cuántos NAZA hay si tiramos una bomba para matar a este objetivo? Siete NAZA: siete personas que no tienen nada que ver. Pues dele para adelante. Y después salen de trabajar y viven una vida normal, van a tomar algo con los compañeros, miran una serie, se olvidan de lo que hicieron en sus ocho horas.

Disculpas por caer tan pronto en un lugar común: NAZA es una película sobre la banalidad del mal.

Si bien no se menciona aquel concepto que planteó Hannah Arendt cuando cubrió el juicio contra Adolf Eichmann en Jerusalén, el paralelismo con el nazismo es explícito en este documental. Lo traza uno de los mismos protagonistas, que admite no ver diferencia entre los criminales que ejecutaron el Holocausto y lo que está haciendo él. La referencia cinematográfica más obvia, sin embargo, es más reciente: NAZA funciona como doble programa (si uno quisiese destruirse el alma) con Zona de interés (2023), que mostraba a la familia de Rudolf Hoss, comandante del campo de exterminio de Auschwitz, viviendo pared de por medio con las chimeneas y los trenes que llegaban trayendo presos a su muerte segura. Acá las entrevistas son intercaladas con imágenes de gente en sus apartamentos, a 60 kilómetros de Gaza, cómodos en la seguridad de que ellos no serán daño colateral.

El aspecto tecnodistópico está en lo que estas personas cuentan de las herramientas que usan para localizar a sus objetivos. En cuánto interviene la inteligencia artificial (“es mejor que las decisiones las tome la IA a que un funcionario al que le mataron al primo la semana pasada”, matiza un entrevistado). En cómo los servicios son capaces de hackearle hasta el teléfono a una niña de 12 años para apretar el botón cuando ella diga “llegó papá”. Es terrible de por sí ver esa deshumanización en acción en donde está ocurriendo hoy, pero esto significa que los instrumentos están disponibles para usar en cualquier otro lado.

NAZA es un documento. También es una advertencia.

Por Gastón González Napoli
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