Moria Casán es un símbolo de la Argentina y de la argentinidad de un modo comparable a Diego Maradona. Parece una elección cantada para la máquina de series biográficas que producen las plataformas de streaming para el público del país vecino, y, por lo tanto, para el regional. ¿Cómo hubo antes una serie de la reina Máxima que de la One? Pensado así, Moria, serie de ocho capítulos que se estrenó la semana pasada en Netflix, debería ser un diez como los que ella ponía en ShowMatch.
El Obelisco Con Tetas. El Gran Puto Argentino. La vedette, la capocómica, la estrella. La conductora de talk shows. La dueña de la lengua karateca. La que se enfrentó y se sigue enfrentando con cómo se muestran los cuerpos femeninos en el escenario público (¿recuerda cómo le pegaron hace poco por una foto en bikini en la playa, como si por ser vieja tuviera que taparse y someterse al recato?). La figurita repetida en móviles de programas de chimentos, móviles que sus fans hoy se saben de memoria. La madre de Sofía Gala Castiglione: madre biológica y madrina artística, pero que de madre en cuanto a crianza tuvo más bien poco. Material hay en pila. Si el Diego es la encarnación de lo argentino, Moria es su contraparte femenina: arrabalera, graciosísima, excesiva, ídola popular demasiado poco galante para las clases altas, rupturista.
Pero, a diferencia del Diego, a la historia de Ana María Casanova le falta la tragedia. Irónicamente, la vida de esta mujer que ha encarnado lo dramático y el gusto por lo teatral del corazón argento en sus si querés llorar, llorá y sus no metas a tu abuela muerta que nadie le faltó el respeto no parece haber tenido en su vida tantos percances, tantos “puntos de trama”, como para sacarle jugo. Daría show, ¿daría también contenido? Una narración serializada de Moria Casán sería, por supuesto, divertidísima, ¿pero engancharía más que un compilado de clips suyos en YouTube? ¿Justificaría su propia existencia? La caída del Diego, víctima de sí mismo, es una personificación de la tragedia de su nación, tan rica y tan sufrida. Moria no cayó nunca. ¿Entonces?
Los creadores de Moria parecen haberse hecho la misma pregunta.
Lo que encontraron para hacer algo más que una seguidilla de recreaciones de momentos memorables de su carrera como mujer del espectáculo (que igual tiene mucho de eso) fue transformar Moria en un ejercicio metaficcional. La propia Casán es la narradora, aparece en cada capítulo como una giganta sobre una maquette del microcentro porteño, y avanzada la trama hasta su figura monumental interactúa en una suerte de realismo mágico con sus versiones ficticias.
La propia Sofía Gala la interpreta en los tres primeros capítulos, que narran desde que deja la Facultad de Derecho para entrar esa misma noche en una revista en la calle Corrientes —desde que deja de ser Ana María Casanova para ser para siempre Moria— hasta que se empareja con Mario Castiglione; juntos crean el programa de sketches Monumental Moria, y ella da a luz a su hija. Entre medio, apenas esbozado, el vínculo con Olmedo y Porcel y con Susana Giménez.
En la segunda tanda de episodios, la cara es la de una carismatiquísima Griselda Siciliani, para la época en que Moria trasciende el estrellato mediático tradicional para volverse ícono pop; cuando trasciende, al decir de ella misma, su propio cuerpo. Es a Siciliani a la que le tocan los móviles, la ¡sidra calienTE! y la japaleta. Los excesos, los boy toys, las tetas siempre explotadas (Siciliani ha dicho que extraña los pechos prostéticos que demoraban horas en colocarle), el matrimonio con un desagradable Luis Vadalá, el pico del camp televisivo en Entre Moria y vos. Su actuación roza la imitación, que es lo que algunas escenas le piden, pero le arranca emoción cuando se precisa para evitar convertirse en una cáscara vacía. Es también a quien le toca la Sofía adolescente, interpretada sin aspavientos por Olivia Nuss (la protagonista de Cromañón).
Por último, en los dos episodios finales la protagonista es Cecilia Roth, para la Casán crepuscular, menos pirotécnica, la que más choca con su hija; también la que va presa en Paraguay, por una acusación de robo de joyas y por posesión de cocaína. Roth, hay que admitirlo, es más Roth que Casán. Quizás la elección de una actriz que es en sí misma un ícono no fue la más acertada. Aunque, claro, su actuación está bien: es Cecilia Roth.
En ese recorrido, Moria pincha y critica a Moria casi tanto como la ensalza y diviniza. Es el mujerón que humilla al primer marido que le levanta la mano y que se le planta a Porcel y su manolarga; es la mina hipersexualizada que termina cada escena de sexo bajándole la cabeza al tipo entre sus piernas; es la metralleta de frases para estampar en remeras; es el ícono gay que ama rodearse de trolos sin dejar de ser ella tan hetero; es la que no quiere ser madre y aborta sin que nunca sea un tema en la serie. Es también una mujer dura con las personas que la quieren de verdad, perdida en su propio ego, tanto, que oculta hasta de sí misma las cosas que la dañaron antes que enfrentarlas y procesarlas; es una persona que no puede evitar ir a un móvil de Intrusos (Entrometidos, en la serie) aunque su hija le esté pidiendo por favor que no lo haga más.
El vínculo con Sofía es el corazón de la serie. En los primeros capítulos, en los que Moria todavía no es madre, el diálogo se da por el hecho de que Sofía es la actriz que encarna a su madre. Tiene una escena de sexo con el actor que hace de su padre y luego está embarazada de sí misma. En la narración, la Casán dice: “Parí una rival”. Durísimo. Sin embargo, sobre el final de la serie, Moria sale de la ficcionalización, se convierte casi en un documental y la relación entre ellas dos vive un giro.
No se puede evitar pensar que debe haber tenido algo catártico para ella, para la Sofía actriz (aunque tampoco se puede evitar pensar que tiene que haber sido un poco traumático), en una performance que los yanquis describirían como star-making… para los que no supieran que Sofía Gala Castiglione actúa en serio.
El creador de la serie es Javier van de Couter, que coguionó Alanis, película protagonizada por Sofía Gala, escribió y dirigió Tesis sobre una domesticación (adaptación de la novela de Camila Sosa Villada), y que creó la serie también biográfica Cris Miró (2024) para HBO Max. Digamos que es cercano al universo Casán y lo explota de la manera glam que la diva requiere. Sin ser particularmente inventiva, es visualmente atractiva. Por más que la caracterización de Siciliani por momentos es algo exagerada de más.
La otra clave en donde Van de Couter pone el ojo, en una narración que inevitablemente se detiene poco en los distintos segmentos de una carrera que tuvo tanto, es en la intención de Casán de vivir por siempre. En un diálogo de la Moria joven con Susana (interpretada por Micaela Riera, que hizo de Fabiana Cantilo en El amor después del amor) en la época de Olmedo y Porcel, la rubia dice que su objetivo es ser millonaria y la morocha responde: “Yo quiero ser inmortal”. “Al tercer día no, pero al cuarto resucito”, repite en cada etapa. Con una certeza tal, que uno no puede más que creerle.
Lo que nos trae al inicio de esta reseña. ¿Funciona como un 10? No del todo; se extraña que se tomara más tiempo en varios períodos. Pero el nivel de las actuaciones, las indagaciones en la herida de fondo en por qué Ana María se transformó en Moria y, en particular, la vuelta metaficcional le da una vida que cuesta encontrar en la catarata de biopics argentinas recientes. Uno sale de Moria convencido de que tiene razón. Es inmortal.
Para explicar por qué hablo de catarata de biopics, repasemos las películas y series biográficas e inspiradas en hechos de la vida real que salieron de la industria audiovisual argentina en el último tiempo:
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Gilda, no me arrepiento de este amor (2016)
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El Potro, lo mejor del amor (2018)
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Monzón (2019) — Netflix
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Apache, la vida de Carlos Tévez (2019) — Netflix
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Maradona, sueño bendito (2021) — Prime Video
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Diciembre 2001 (2023) — Disney+ — sobre la crisis financiera y el “argentinazo”
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El amor después del amor (2023) — Netflix — sobre Fito Páez
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Ringo, gloria y muerte (2023) — Disney+ — sobre Ringo Bonavena
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Cromañón (2024) — Prime Video
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Coppola, el representante (2024) — Disney+
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Menem (2025) — Prime Video
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AMIA, el fin de la verdad (2025) — Flow — aunque es una producción israelí
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Iosi, el espía arrepentido (2022) — Prime Video — si bien está muy ficcionalizada, tiene que ver también con la AMIA y el atentado previo a la embajada de Israel en Buenos Aires