Como todas las historias que cuentan los documentalistas, esta nació un día común, cuando los sucesos de la vida de una persona dieron un giro inesperado y despertaron la necesidad de ser registrados. Casualmente, esta mujer era productora audiovisual, y su pareja también. Lucía Gaviglio Salkind, codirectora del docuemntal, conversó con LatidoBEAT sobre esta experiencia, que fue tanto personal como profesional. 

Lucía Gaviglio Salkind y Andrés Varela se encontraban en un viaje familiar en Holanda cuando la vida los sorprendió. Lucía sufrió varios ACV consecutivos, sobrevivió y, tras meses de rehabilitación lejos de casa, regresó a Uruguay diagnosticada con Síndrome de Balint. Una condición neurológica poco común que afecta su visión y el entendimiento de las imágenes, condicionando gravemente su autonomía por un tiempo.  

En este proceso de rehabilitación nació Mi nueva forma de ver: un documental que registra las peripecias atravesadas en el territorio holandés, el accionar del sistema de salud, y su nueva forma de entender la vida y las cosas que la rodean. Todo contado por sus protagonistas, Lucía y Andrés, quienes se encargaron de la dirección. La película se estrena hoy, jueves 20 de agosto, en el Auditorio Nacional del Sodre y en LIFE Cinemas de Punta del Este. Las entradas pueden adquirirse aquí

La película parte de un viaje familiar que vos hacés y que termina en un diagnóstico médico. ¿Cómo decidiste convertir algo tan íntimo en una película?

No fue una decisión estrictamente mía y personal, porque esta es una película que compartimos con Andrés Varela, que para empezar es el padre de mis hijos. En ese momento estábamos juntos en Holanda, y él tuvo un acto instintivo profesional, quizás, de empezar a filmar cuando yo estaba en el hospital. Cuando yo volví de, llamémosle Narnia, ese universo medio surrealista que habité cuando me estaba debatiendo entre la vida y la muerte, Andrés me planteó que él había sentido que tenía que filmar eso. Él sentía que estaba actuando desde un acto reflejo, y que en algún momento para mí iba a ser importante. Y bueno, efectivamente. No puedo hacer más que agradecerle que lo haya hecho, porque creo que estuvo muy acertado.

De todas maneras, cuando recién había pasado todo, nosotros estábamos muy enojados con el sistema de salud. Lo que queríamos al principio era denunciar el sistema de salud. Con todo ese enojo que teníamos, al principio era una película de denuncia al sistema holandés porque estábamos allí, pero a medida que fue pasando el tiempo también nos fuimos dando cuenta de que en definitiva podía ser una denuncia al sistema de salud occidental. Que no era algo de Holanda, era algo general. Después también nos dimos cuenta de que lo que podíamos hacer era demandar al sistema de salud por falta de empatía. Era un juicio que podría haber sido bien interesante para debatirlo en La Haya, quizás. Pero eso ya era invertir mi energía en otro lugar, y yo ahí tenía que aprender a caminar otra vez, tenía que empezar a reinventarme, a vivir una nueva vida. A medida que fue pasando el tiempo entendimos que el registro de todo lo que había sucedido merecía ser transformado en una historia que contara más esto. Terminamos contando una historia de reinvención, de resiliencia, de parar y repensar qué estamos haciendo.

Desde el momento en el que Andrés te propone contar la historia hasta todas las etapas de producción que atravesaste, como decisiones de montaje: ¿en algún momento sentiste conflicto interno en torno a querer mostrarlo todo?

Sí y no, digamos. Porque no es solo contar la historia, sino contarla y hacerla realmente pública. Pero esa realidad es una duda que tengo en este momento mientras hablamos también. Pero bueno, cuando recibo feedback de personas a las que a través de mi historia les dispara ciertas reflexiones o cuestiones que aportan a sus vidas, siento que tiene sentido.

¿Y cómo fue tu trabajo particularmente con Andrés? Al ser una historia tan íntima, era importante también tener otra perspectiva de lo que iba pasando.

Mi nueva forma de ver es el tercer hijo entre Andrés y yo. Y supongo que como pasará en todas las familias o en todas las parejas, criar un hijo y tomar decisiones sobre la crianza requiere aspectos de negociación, entra lo que cada uno opina sobre cómo hay que criar al nene. En este caso yo soy la productora. Andrés, además de productor, tuvo un perfil más de director que de productor, y en ese sentido en realidad nunca habíamos trabajado así. Esta película arrancó un poco antes con Andrés como director y, a medida que fue consolidándose como una peli de los dos, entendimos que definitivamente era una historia que estábamos haciendo ambos. Creo que las negociaciones fueron una parte natural de este proceso.

Andrés Varela ha tenido un giro artístico en sus proyectos, y ahora opta por enfocarse en historias más íntimas y cotidianas. En tu caso, después de haber ejecutado este documental, ¿sentís ese mismo giro de querer contar más este tipo de historias?

Mi vida como productora o como profesional también está teniendo un giro importante, desde muchos lugares. Hacer una película es un trabajo que implica mucho tiempo y mucha energía. Y sí, definitivamente ahora soy mucho más selectiva con dónde y cómo utilizo mi tiempo y mi energía. Yo me autopercibo más como una armadora de puzzles que como productora de cine estrictamente. Este concepto de poner varias piezas juntas para formar algo más grande. Y en ese sentido, hoy en día, además de estar con Mi nueva forma de ver y con algún otro proyecto audiovisual, tengo algunos otros proyectos que son consecuencia de este cambio y este giro en mi vida, que creo que toda mi experiencia como productora va a ser útil, pero no tiene nada que ver con el cine.

El cine también tiene esta cuestión de no poder mostrarlo todo, requiere de mucha selección del material. ¿Cómo fue ese trabajo en este caso? ¿En qué eligieron poner el foco?

Ahí alguien que tuvo una incidencia importantísima, y con quien estoy eternamente agradecida y fue un placer laburar con ella, fue Maggie Schinca. Nosotros tuvimos una primera reunión, Andrés, Maggie y yo. Le contamos un poco nuestra historia y lo que queríamos hacer y Maggie fue un poco la mano que nos ayudó, que fue construyendo esta historia junto a nosotros y también en este camino de negociación en los puntos de vista, que te mencionaba al principio.

¿Como dirías que es tu nueva forma de ver?

Es una forma de ver mucho más relajada. Ahora vivo cerca de la playa, lejos de la ciudad. Vivo con mi perra guía, más en contacto con la naturaleza. Siento que de alguna manera estoy tratando de buscar una forma un poco más honesta conmigo misma. Elegir cómo utilizo mi energía vital, que es en definitiva lo único que realmente tenemos.