Por Sofía Durand Fernández
sofdurfer
Nueva York, década del 50. Una lluvia de pelotas de ping-pong color naranja cae desde una ventana hacia el pavimento. El primer impacto surte la suficiente fuerza como para que las pelotas reboten y suban a una distancia considerable. El segundo, en comparación, es decepcionante. Los transeúntes siguen su camino. En nada afecta lo que acaba de ocurrir.
Marty Supreme (2025) es eso: una seguidilla de golpes, volantazos, explosiones y absurdos que se cruzan en el camino de Marty Mauser y que él quita del camino como puede porque tiene un propósito en su vida y es ser el mejor jugador competitivo de ping-pong. Primero se enfrenta a su familia; luego, al resto del mundo.
El cine nos ha educado a ver a héroes intachables realizar proezas para lograr el premio final. ¿Qué es, si no, Rocky Balboa subiendo los 72 escalones del Museo de Arte de Filadelfia con “Gonna Fly Now” de fondo? El camino de Marty Mauser dista de ser así. Engaña a diestra y siniestra, estafa a familiares y cercanos, se escabulle para evitar problemas y eso resulta en otros más grandes; lucha por su dignidad y luego la entrega a cambio de poco.
Mauser es un antihéroe que resulta detestable por momentos, pero que también genera simpatía por la confianza que tiene en sí mismo —y porque el resto de los personajes tampoco parecen ser mejores personas que él—. La pregunta que ronda de manera constante es si el fin justifica los medios, y qué pasa si ese fin ni siquiera llega.
Josh Safdie, sin su hermano y par creativo Benny, pero con Ronald Bronstein bajo el brazo —también coguionista de Uncut Gems y Funny Pages— concreta este proyecto que tiene entre manos desde 2018. Por ese entonces, llegó a sus manos la autobiografía de Marty Reisman, uno de los “chicos malos” del ping-pong. Se lo presentó a Timothée Chalamet y este no solo aceptó, sino que también comenzó a tener clases de ping-pong de inmediato.
Marty necesita dinero y medios para ir a Japón y vencer a Endo, competidor que se comporta y se maneja de manera opuesta a él, pero que también cuenta con el apoyo de su país, a diferencia del estadounidense. Hay un trasfondo crítico hacia el Estados Unidos de esa época y, en consecuencia, al sueño americano. Este es proyectado como una pesadilla en las calles más sucias de Nueva York, con la idea del éxito y la grandilocuencia como sombra.
En la parafernalia de Mauser también quedan atrapados todos los que la estén observando en pantalla. Los planos cerrados mantienen la tensión de manera constante y los puntos de giro —que en cierta medida se hacen excesivos— provocan que el objetivo del protagonista quede olvidado en un costado. El segundo acto es un manojo de nervios. En la euforia, Mauser parece no hacer más que abrir nuevas puntas que le traen problemas.
"Marty Supreme" (2025), Josh Safdie
El personaje de Marty Mauser promete ser el broche de oro consagratorio de la carrera de Chalamet, quien afirmó estar en “la búsqueda de la grandeza” a principios de 2025 y que ahora se convierte en un fuerte contendiente para el Óscar a mejor actor. Sin él, la película sería otra. El actor es el hilo que sostiene las dos horas y media de visionado, en sus puntos álgidos y bajos.
Safdie tomó riesgos que fueron recompensados. La apertura de créditos es absurda y camp: espermatozoides en la carrera hacia el ovulo con “Forever Young”, de Alphaville, sonando. Más allá de un elenco estelar que incluye a figuras como Fran Drescher, Gwenyth Paltrow y Abel Ferrara, eligió de antagonista a Kevin O´Leary, un empresario que nunca había actuado en cine antes. Lo seleccionó porque necesitaba a un “idiota” para el rol del magnate Milton Rockwell.
A pesar de ser ambientada en los años 50, la banda sonora —a cargo de Daniel Lopatin— incluye canciones y sonidos pertenecientes a los años 80 como “Everybody Wants To Rule The World, de “Tears For Fears”, un paralelismo a la ambición del protagonista, que no encaja con el tiempo en el que vive.
Es posible que más de uno asista a la función expectante de qué puede abordar una película sobre ping-pong. La trampa es, justamente, que lo que menos importa es el deporte que practica el protagonista. El espíritu de Marty Supreme es el debate entre la humanidad pura y la construcción social del ser humano. Qué esperamos obtener versus qué se espera que obtengamos. Safdie golpea de lleno a la idea de éxito y meritocracia. Es coherente, también, con sus trabajos anteriores tanto en tema y estilo, al punto de que Marty Supreme ha sido definida como “Uncut Gems, pero con ping-pong".
Por Sofía Durand Fernández
sofdurfer
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla reportarcomentario@montevideo.com.uy, para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]