Vinieron de La Paloma en plena adolescencia, buscando un hueco en la escena musical montevideana. Con trabajo y constancia lo encontraron, pero les costó. Siempre disfrutaron de sus éxitos con un retrogusto perdido. Una sensación repetida y que precedía a cada mérito que alcanzaban: la sensación de no encajar. De nunca estar donde deberían. De no pertenecer. 

Luego de varios años de proyecto y dos discos en los que se preguntaban quiénes eran, hoy creen saberlo. La respuesta que encontraron reside en Loser People (2025). Un álbum que confiesa este sentimiento compartido de nunca estar en el corazón de lo que habitan, sino más bien en la periferia. Pero hoy, con un camino recorrido, lo reivindican. Buscan testimonios similares en sus héroes, referentes artísticos de sus comienzos, y los citan en un álbum que concentra poesía, reflexión y cuestionamientos en forma de interludios. Porque acá el objeto es lo que se cuenta, y cada elemento desfila en función de esa misma historia. 

La consecuencia de las preguntas es, muchas veces, la aparición de respuestas. Y en el caso de Los Walrus, quizás encontraron más de las que deseaban. Jaso y Santiago cuentan que les cuesta seguir el proyecto tal cual comenzó, y que lo están transformando. El primer paso fue pasar de Los Walrus a Walrus, y se preguntan si es suficiente. En cuanto al sonido, se alejan del indie y revisan sus raíces: traen un rock más clásico que les recuerda a sus primeros ídolos. 

Lanzaron Loser People (2025), un álbum cargado de reivindicación en torno a quienes no se sienten parte de un sistema. ¿Cómo nace esta motivación?

Jaso Sanguinetti (J.S.): Como tercer disco se siente un peso importante dentro del proyecto. Nuestros trabajos anteriores fueron siendo cada vez más progresivos en cuanto nos fuimos profesionalizando, en torno a qué energía le dedicábamos. Nuestro primer disco fue un poco más digital, el segundo nació cuando salimos a tocar un montón con la banda, y este fue una mezcla de ambas cosas. Un sonido más profesional, una banda más consolidada, y además tuvimos otras referencias. Por eso el concepto fue muy importante, nosotros creíamos que era importante hacer un disco sincero. En estos dos años hemos atravesado muchas facetas como grupo, y teníamos esa imagen de la banda ruda. Aunque nos gusta eso, está bueno poder mostrarnos como somos. Si hay algo que tenemos nosotros con nuestras personalidades, es que toda la vida hemos sentido eso de no encajar tanto. No somos el estereotipo de varones que van a jugar al fútbol, por decirte algo. No encajábamos en cierto canon, y quisimos honrar un poquito esa diferencia. Va por ese lado creo yo.

Santiago Castagnaro (S.C.) Sí, yo siento que el disco apunta a un tipo de gente que tiene ciertos gustos y que, como dice Jaso, está excluida de la sociedad. También tiene esos gustos más extravagantes, como la música en inglés. El disco tiene mucha referencia de músicos en inglés, el título es en inglés, y también es ese primer disco conceptual que hacemos. Es corto pero es nuestro primer trabajo mejor logrado. El concepto y la historia se continúan.

Dicen que es el primer disco en el que se sientan a explicar quiénes son. ¿Por qué pasó en el tercer disco? ¿No era el foco de los anteriores?

S.C.: Yo creo que pasó en el tercero porque los primeros fueron experimentos. No teníamos mucha idea de lo que estábamos haciendo, solo grabábamos canciones y hacíamos lo primero que surgía.

J.S.: También eran algo muy sentimental. El primer disco nació en nuestro entorno, en La Paloma, y como siempre, fue un reflejo de lo que escuchábamos. En nuestro segundo disco, La expansión (2024), nosotros nos asentábamos en Montevideo pero con canciones de amor. Todo bastante sentimental y sin pensar tanto en nosotros. Además se había generado una escena de bandas, y estaba bueno ver dónde queríamos pararnos nosotros. Al menos en esta etapa. Ahora queremos poder decir que nos sentimos identificados con estos valores o venimos de estas cosas, plantarnos en una imagen.

Hubo cambios en su método de trabajo y en la conformación del grupo. ¿Cómo fue el proceso de hacer este álbum en comparación con trabajos previos y con la experiencia que tienen hoy?

S.C.: La experiencia fue bastante en conjunto. Casi todas las canciones surgieron de la banda, tocando todos juntos, también en vivo. También las grabamos tal cual las tocábamos. 

J.S.: Claro, y el cierre conceptual se fue dando en el post, pensando cómo mejorarlo. Ahí nacen los interludios que armamos, los samples, el nombre en inglés. Al principio seleccionamos las canciones que más tocábamos con base en nuevos sonidos que fuimos absorbiendo. Vimos muchas bandas argentinas y estadounidenses que nos fueron moldeando hacia donde queríamos ir con el proyecto ahora, pero sin nada tan claro. Cuando empezamos a aterrizar, grabamos todo en el Estudio Flores. Pero los interludios no, y también hay cosas que grabamos en nuestras casas. Nos permitimos el experimento y es por eso que hay variedad de canciones e interludios con poesía. Fue meterle bastante cabeza en torno a cómo mejorar esto y darle toda la vuelta de tuerca que pudiéramos. Es un disco rebuscado, y eso está bueno.

Es un álbum construido en función de una idea que querían transmitir. Por eso también se permiten conversar con otras áreas del arte como la poesía, que no pasaba en los álbumes previos. ¿Este un camino que quieren mantener, o solo marca la etapa de este álbum?

J.S.: Personalmente yo creo que es el inicio de un sonido nuevo. Me parece que ahora logramos pararnos mejor en una banda que hace rock más clásico, más psicodélico, canciones más experimentales. Me parece que la puerta está abierta si surgen otras ideas, ya sea mañana hacer un cover de The Beatles u otro tema en el que alguien lea poesía. Esa puerta está abierta, porque amplifica lo que es hacer canciones.

S.C.: Sí, yo siento que el tercer disco es el cierre de la etapa Los Walrus. Ahora tenemos más libertades de poder ir a donde queramos, y sin duda que este último marcó una buena dirección. Pero creo que es el fin de los tres primeros discos.

¿Por qué sería el cierre de Los Walrus?

S.C.: Estamos planeando varias cosas, desde cambiar el nombre hasta trabajar con otros integrantes. Por ahora no es nada oficial, pero lo vemos como un cierre de etapa.

J.S.: Sí, algo que podemos adelantar igual es que pasamos de Los Walrus a Walrus, que es un detalle pequeño, pero para nosotros ese "Los" representaba algo de banda más juvenil y de ciertas personas. Quisimos pensar más en Walrus como un símbolo y apuntar a esa construcción. Son cosas que cuando éramos más chicos ni se nos cruzaba por la mente, pero en eso de que no importe tanto, nosotros hemos cambiado muchas veces de formación. Lo que importa son las canciones y el universo que se construye, y de ahí vamos para adelante.

El nombre es un punto clave de la identidad de un grupo. ¿En su caso buscan separarse de ese pasado y el nombre que lo representa?

J.S.: Creo que no es hateando el pasado, creo que es más bien construyendo una visión del proyecto que nos cope. Capaz que Los Walrus ya no nos interesaba tanto. Es un detalle mínimo, pero a nosotros nos parece más maduro. Nos es importante que se sienta maduro el proyecto, nos hacemos más grandes nosotros y queremos que lo que estemos trabajando sea consecuencia de eso.

¿Qué rol jugaron los cambios en la conformación de la banda en ese sentido?

J.S.: Creo que es algo que ya estaba en el aire hace rato. El cambio de formación fue algo que se fue dando. Nuestro quinto integrante formó parte estos dos últimos años y está en la tapa de este disco, Loser People. La idea era poder retratar el proceso de los cinco como grupo. Tomás nos acompañó en 2.000 locuras pero obviamente tiene sus proyectos y sus movidas, y ahora empieza otro ciclo. En esta otra etapa se sigue construyendo esa búsqueda; no está tan definida, pero empezamos por "Walrus".

Tomás también trabajó en este álbum, pero no va a estar en las presentaciones en vivo. ¿Cómo están haciendo ese trabajo de adaptación? ¿Cómo puede afectar su ausencia en las próximas composiciones?

J.S.: Ya estamos grabando otras cosas, apuntando a un próximo disco más adelante. Pensamos tener una formación de cuatro integrantes y llegar a ser más en algunos toques, incluir a otras personas. Ahora, por ejemplo, estamos craneando un ciclo y hay muchas ideas sobre la mesa; que alguien toque el saxo en un tema, que alguien se suba a tocar una tecla. El disco tiene mucha gente que colaboró; en los videoclips, en los FTs o incluso una amiga viniendo a grabar coros, un amigo viniendo a poner teclas. Eso fue muy lindo, porque cuando somos solo cuatro personas o cinco queda todo muy ensimismado. La gracia es que nos supere a nosotros y a nuestras capacidades, que el disco sea más grande que nosotros. Este álbum es grandioso porque hay mucha gente que colaboró en él, no solo porque nosotros tocamos.

¿Este cambio de identidad que explican ya se percibe en las composiciones nuevas que están preparando?

S.C.: Sí. Yo lo veo como un cierre de etapa, una crisis de personalidad. A partir de ahora vamos a estar más consolidados y más decididos en lo que queremos. Antes era un poco lo que venga, no teníamos nada pensado.

J.S.: En el pasado teníamos otras búsquedas. Nos importaba la música, pero más que nada queríamos tocar un montón. Eso fue en nuestro proceso de Montevideo, porque también nosotros, siendo de La Paloma, llegar a tener proyectos que funcionaran y que a la gente le gustara era más difícil. Nosotros estamos desde hace muchos años en Montevideo, entonces fue todo un proceso el poder insertarse en el sistema. Creemos que lo logramos, y lo que nos importaba ahora en este tercer disco era que nuestra música fuera buena. Tenía que encantar, superarse constantemente. La idea es que disco a disco se vea esto, y creo que el próximo va a ser todavía más evolucionado que este. Mantiene esa cosa de rock psicodélico y experimental.

¿Cómo creen que influyó en su música el ser de La Paloma y venirse a Montevideo? ¿Esta falta de pertenencia que relata el álbum habla de aquella época?

S.C.: Y sí, yo creo que sí. Al principio nos costó mucho hacernos parte, y a base de muchos toques y de compartir escenario con bastantes bandas se logró. Pero aún así creo que siempre mantenemos el centro de que somos de La Paloma. Pase lo que pase siempre podemos volver para allá, tampoco queremos creernos de Montevideo.

Hoy presentan un sonido que recuerda a un rock más clásico y se aleja del indie. ¿Cómo se dieron cuenta que también habían cambiado a nivel se sonido, que sus búsquedas empezaban a ser otras? ¿Lo vieron en otros referentes?  

J.S.: Fue interesante, porque el disco que nosotros sacamos el año pasado es un disco que tocamos hace ya dos años, lo queríamos sacar hace mucho. Por cuestiones de la vida —y de que nos robaron un disco en una computadora— se atrasó ese proceso y quedó como algo muy actual. Pero en realidad fue eso, cuando teníamos 18-19, siendo de La Paloma, conociendo muy poco y también por el hype del indie en Latinoamérica, nos alimentamos mucho de eso y nuestras composiciones iban para ese lado. En un momento empezamos a viajar, tocar en Buenos Aires, buscar más también, porque aunque te guste una música a los tres años tenés que mutar. Nosotros somos bastante conscientes de que eso nos ocurre. Se dio una especie de revival del rock n´ roll, y la posta es que cuando éramos muy chicos nosotros escuchábamos eso. La Vela, No Te Va Gustar, Cuatro Pesos de Propina. Eso en cuanto a referencias locales, pero el proyecto se llama Walrus por un tema de The Beatles, entonces siempre estuvo ahí el rock anglosajón. La idea es que lo internacional esté, pero también lo estatal. El rock n´ roll está.

¿Cuándo vuelven a presentarse en vivo?

J.S.: Tenemos seis fechas marcadas ya, algunas de verano, que son en La Paloma y en Maldonado. Después en marzo vamos a hacer un ciclo en Andrómeda con cuatro fechas seguidas todas las semanas, con artistas más consolidados como Trópicos Duclos, que son más del rock psicodélico, y con jóvenes de generaciones mucho más chicos que nosotros. La idea es mantener siempre vivo eso, apuntar a crecer, llegar a compartir con artistas de gran trayectoria, pero seguir estando entre las bandas jóvenes y descubriendo también qué más hay en Montevideo que no se ve a primera vista.

¿Buscan trabajar la experiencia en vivo para que también se perciban estos cambios en la atmósfera de los toques?

S.C.: Creo que el disco gira bastante en torno al vivo. Así como nosotros lo tocamos y lo grabamos, quizás tiene detalles muy pequeños pero suena tal cual.

J.S.: La idea es cada vez pensar más en eso. El disco tiene cierta mística y tratamos de pensar cómo podemos sumar eso al vivo; sea la poesía, sea un interludio, sea invitar a otra persona a que haga algo suyo. Porque el disco en realidad es eso. Tiene una búsqueda mística que nosotros tampoco entendemos del todo, pero que es linda. Nos es ajeno hasta cierto punto, y está bueno irlo proyectando en vivo. Eso se va mostrando. 

En este álbum integramos algunos samples de artistas que admirábamos o que jugaban con el concepto de "loser". Nos parecía llamativo ver que héroes nuestros se sintieron losers en otra etapa de su vida, como Luca Prodan en algunos temas o Bob Dylan. La idea es esa: no nos pinta que este disco nos catalogue infinitamente como perdedores, sino mostrar la llaga y que una parte de nosotros es así. Después darles paso a otras canciones más roqueras, que son las que vienen ahora, un poco más barderas.

S.C.: No es un disco pasajero. Siento que a medida que pasa el tiempo se va poniendo mejor y lo vas entendiendo más, aunque sea cortito.