Documento sin título
AgregarAgreganos en GoogleGoogle
Sol naciente

“Los colores del tiempo”: un homenaje a Francia que rescata el arte de volver a observar

La película de Cédric Klapisch utiliza los saltos temporales para cuestionar nuestro acercamiento a la cultura y el valor de la historia.

06.08.2026 13:44

Lectura: 7'

Compartir en

Por Catalina Zabala
catazabalaa

Uno de los datos que se comparten en Los colores del tiempo (2026) es que cada dos minutos se toman más fotografías que las tomadas en todo el siglo XIX. Pero no lo menciona como algo bueno, al menos no como algo suficiente. Esta película francesa va haciendo saltos temporales a lo largo de dos horas para defender una tesis central: que empezamos a mirar más pero dejamos de observar.

Celulares, televisores inteligentes, tablets laptops, incluso relojes de muñeca con pantalla. El culto a la imagen es una dictadura. Se muestra por inercia cualquier cosa antes de describirla, y todas las herramientas que construimos trabajan en función de esa misma misión. ¿Dónde está la paradoja? En que nos volvimos expertos en mirar, pero dejamos de observar. O más peligroso aún, nos olvidamos de cómo hacerlo.  

Seb, Abdel, Céline y Guy, los representantes de un grupo de primos lejanos que no se conocen entre sí, son convocados por el Estado francés para revisar una antigua casona semiabandonada en la Normandía rural, que les pertenece como parte de la herencia familiar. Deben hacerse cargo y decidir qué harán con ella, para que no sea expropiada y convertida en un supermercado. En pleno inventario y limpieza a fondo, terminan investigando la historia de sus antepasados, aquellos que habitaron la casa alrededor del 1900.

La historia que cuenta Los colores del tiempo es una ficción, una que funciona como una excusa. Un caballo de Troya. A través de un cuento como tantos otros, busca revalorizar la Historia. Para eso, recurre a la grandeza patrimonial de Francia: convierte a sus artistas en próceres, y los entrelaza con la historia familiar de gente común. Renoir, Paul Cézanne, Victor Hugo, Félix Nadar y Claude Monet, el padre del impresionismo.

El mensaje subyace: la historia cultural de Francia está impregnada en cada francés, aunque pretendan olvidarla. Así, la historia de la antigua casa es el epicentro narrativo en donde se entrelazan historias de personas y sus propias vidas que, aunque cada una sigue su curso, los viejos patrones se repiten.

La producción francesa, dirigida y escrita por Cédric Klapisch, se estrenó en su país de origen en 2025, en el 78º Festival de Cine de Cannes. Klapisch seguramente conserve un vínculo particular con el valor de la Historia: de origen judío, sus abuelos maternos fueron deportados a Auschwitz. El rastreo de los antepasados y la búsqueda de explicaciones del presente en el pasado es una temática que, lógicamente, lo toca muy de cerca.

"Los colores del tiempo" (2026), Cédric Klapisch

La crítica al presente es constante pero no violenta, sino que invita. La primera escena nos sitúa en el Museo de l'Orangerie, ese que exhibe los grandes lienzos de Los nenúfares (1896), de Monet. Por allí deambulan personas de diferentes razas, vestimenta, religión, lengua materna. Muestra la diversidad, muestra la humanidad como un todo que se conforma de distintas perspectivas. En una de las salas, una sesión de fotos con una modelo que posa frente a un cuadro para una campaña publicitaria. Ella se pavonea frente al lente y pregunta al camarógrafo: “¿No hay mucho cuadro en el plano?”. Quiere acercarse más a la cámara, ocuparla.

Esta escena se va a retomar de manera literal, ya muy avanzada en la película. La lìnea del relato va saltando de manera constante entre el presente narrativo, la reunión de los familiares en torno a la casa, el museo, las cámaras, y el siglo XIX. Adèle Meunier (Suzanne Lindon), una chica modesta de 21 años, vive en esa casa, pero viaja a París en busca de su madre, quien la abandonó de pequeña. En ese viaje deja el campo y la comodidad de su hogar y su círculo cercano, y conoce el mundo: discusiones intelectuales, la academia, el auge del impresionismo, el romanticismo en la literatura. Se hace amiga de Lucien, un fotógrafo, y Anatole, un pintor que la termina retratando. Y en esa escena, mientras ella posa para su pincel, le pregunta con timidez: “¿No hay mucho yo en el cuadro?”.

La película podría resumirse perfectamente en esta comparación tan directa y tan filosa de una misma figura duplicada. A través de las generaciones el culto a la imagen dejó de ser un fenómeno contemplativo para convertirse en el frívolo reflejo en un espejo. Cuerpos presionados para mostrarse eróticos en las fotos de las redes.

"Los colores del tiempo" (2026), Cédric Klapisch

La película le da un lugar bastante grande al impresionismo. Refrescando la memoria, su revolución pictórica fue el trabajo con la luz, el color y los momentos breves de la vida diaria, en vez de copiar la realidad de forma exacta. Los trazos eran brutos y parecían sin terminar, porque el secreto estaba en el esquema. En la selección de los rasgos más prominentes de un objeto que lo vuelven reconocible, y no agregar nada más. Con el objetivo de capturar escenas instantáneas —adelantándose a lo que más tarde sería la fotografía—, retrataban atardeceres, amaneceres, reflejos en el agua, con la luz como protagonista; una búsqueda de lo efímero.

Así, la película parece rescatar este mismo método de trabajo aplicado por el impresionismo para la construcción de su propia historia. Selecciona personas diferentes, con vidas diferentes que habitan en épocas diferentes, pero que terminan haciendo lo mismo, porque buscan lo mismo que la pintura de Monet: guardar una impresión. O mejor dicho, imprimir lo volátil en un lienzo (o una película) potencialmente eterno.

Una mujer, Odette (Sara Giraudeau), huye de sus responsabilidades a la gran ciudad y se maravilla con los artistas y su intelecto, muy lejos del campo. Utiliza su cuerpo como herramienta para acercarse a ellos. Más tarde cae en la prostitución y no logra dejar de representar para quienes la rodean, únicamente, promiscuidad.

"Los colores del tiempo" (2026), Cédric Klapisch

Unas décadas después, una chica de 21 deja Normandía y a su novio de la adolescencia para averiguar el paradero de su madre en la capital del mundo. Lo que encuentra la lastima, no lo entiende y no lo comparte. Pero, a su manera, recorre ese mismo camino labrado: entabla amistad con fotógrafos y pintores, su cabeza se abre como nunca antes. Y aunque no recurre a su cuerpo para sobrevivir ni nada que se le parezca, tampoco quiere volver a Normandía. Adèle no es igual a Odette, pero tampoco es muy distinta.

La película es observacional, conmemorativa, contemplativa. Busca rescatar a aquellos héroes de la cultura francesa y, por un rato, observarlos. Con una trama que poco importa y que representa más una excusa para reflexionar sobre otras cosas, tiene un ritmo lento, con una banda sonora con piezas de época que irónicamente hoy sentimos familiares porque suenan en memes de TikTok.

"Los colores del tiempo" (2026), Cédric Klapisch

Y después de toda la lección aprendida, las disputas igual vuelven. Una obra de Monet de valor incalculable pasa a formar parte de la herencia de la familia, y una vez más, no se ponen de acuerdo. Los colores del tiempo pone sobre la mesa de manera constante que la cultura siempre fue y será la pieza clave que sostiene a una sociedad, aunque se la quiera despreciar, pisotear, prostituir, mercantilizar y usar como fondo de una foto aesthetic para Instagram, a ver si levanta algún DM.

Las imágenes pasan rápido y sin solemnidad, no se jactan de moralistas ni de estar dando el mensaje correcto ni edificante, pero igual son crudas. El antiguo puerto que retrató Monet en su célebre Impresión, sol naciente (1872) hoy es una plataforma de hormigón gris. Sí, sigue siendo un puerto. Pero lo que retrató Monet ya no está ahí. Y no se trata de cambios estéticos de la arquitectura ni de cuestiones románticas y amargadas de que todo pasado fue mejor. Se trata de recuperar a nuestros héroes, no tanto como personas, sino como conceptos que explican el presente. Que responden la pregunta sobre quiénes somos hoy.

La película se estrena este jueves 6 de agosto en cines uruguayos. 

Por Catalina Zabala
catazabalaa