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Contenido creado por Catalina Zabala
Cine
A puño y letra

“Little Amélie”: la película que traduce la metafísica de Nothomb en un viaje de animación

Basada en la novela "Metafísica de los tubos", explora el regreso a las preguntas fundamentales de la infancia.

13.02.2026 12:42

Lectura: 6'

2026-02-13T12:42:00-03:00
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Por Delfina Montagna | @delfi.montagna

“Fue entonces cuando nací a la edad de dos años y medio, en febrero de 1970, en las montañas del Kansai y en el pueblo de Shukugawa, ante la mirada de mi abuela paterna, por obra y gracia del chocolate blanco”. Esta cita, de la novela Metafísica de los tubos (2000), aparece textualmente en su adaptación cinematográfica, traducida al inglés como Little Amélie Or The Character Of Rain (2025), y es una perfecta síntesis de todo lo que compone la fórmula de su escritora franco-japonesa, Amélie Nothomb.

Nothomb es hija de un embajador belga. Nació y vivió cuatro años en Japón, luego cuatro en China, luego cuatro en Estados Unidos y así sucesivamente. Esta experiencia vital, con cambios de país y paisaje de manera periódica, cimentó la base de una imaginación extraordinaria que fue un sustento fundamental para sus numerosas ficciones autobiográficas.

La inclinación por este género tiene todo el sentido del mundo si pensamos que la Nothomb real, de carne y hueso, es un personaje con todas las letras. En el año 2020 contó a La Nación que por año escribe entre tres y cuatro novelas, todas a mano. Se despierta todos los días a las 4:00 AM, toma una jarra de té negro, escribe a puño y letra. Tiene todo pautado y por escrito para que sus novelas descartadas no se publiquen jamás, incluso después de su muerte. Después, en su rutina diaria continúa respondiendo – también a puño y letra – cartas de sus lectores. Una costumbre que adoptó y nunca abandonó. 

En la ficción, Amélie cuenta su vida desde el minuto cero. Arrancando con Metafísica de los tubos —un título que parece muy abstracto—, la escritora cuenta cuando era un tubo; es decir, un bebé que se limita a ingerir y desechar cosas. Carece de lenguaje y, al ser uno con todo lo que ve, es Dios. “Las únicas actividades de Dios eran la deglución, la digestión y, como consecuencia directa, la excreción”. Con este recurso narrativo, Nothomb logra plantear un punto de vista alternativo sobre ese período de la vida en la que no nos distinguimos de lo que vemos, antes de la conocida crisis del octavo mes, donde nos constituimos como individuos hechos y derechos.

Pero el período de bebe-tubo de la franco-belga tiene una particularidad: ella se mantiene imperturbable hasta los tres años. No llora, no se mueve, no emite sonido alguno. Permanece en estado neutro y pasivo hasta que, retomando la cita del principio, nace por obra y gracia del chocolate blanco que le entrega su abuela materna.

No es en absoluto errado pensar que sería muy difícil adaptar una novela de esta índole al cine. Sin embargo, la directora francesa Maïlys Vallade y el director japonés Liane-Cho Han lo lograron con creces, utilizando la animación para materializar el estado mental fragmentario de la primera infancia. “Conocemos el paso de niños a adolescentes, o de adolescentes a adultos, pero olvidamos ese momento en el que los niños creen que son el centro del universo y luego se dan cuenta de que no lo son”, puntualizó Han. Es un trabajo precioso, realmente conmovedor. Habita ese espacio liminal de una adultez que conecta con nuestro niño interior, a la vez que aquel niño conecta con los asuntos más adultos y serios posibles, como la muerte, la inevitabilidad de las cosas, la impotencia frente a los otros.

"Little Amélie Or The Character Of Rain" (2025), Mailys Vallade y Liane-Cho Han

¿Quién no recuerda aquellas primeras preguntas existenciales de la vida? Por qué vivimos, cuál es la relación entre pasado presente y futuro, si la identidad se elige o se asimila. Los colores saturados y los contornos fluidos replican la forma en que un niño absorbe el universo antes de que las categorías de los adultos fijen el significado de todo. Incluso la forma tan emocionante que tiene la escritora de describir los paisajes japoneses de su primera infancia están captados a la perfección en la pantalla. 

Esta película animada recorre casi al pie de la letra la novela de Nothomb, para quien los conflictos diplomáticos se introducen muy rápidamente en su biografía. A tan temprana edad, Amélie ya desarrolla la convicción de que ella es japonesa. Más allá de haber nacido allí, esto se arraiga en gran parte gracias al vínculo con su niñera, Nishio-san, que la introduce a la cultura nipona —con la que ella traza sus acuerdos y desacuerdos—, le enseña a escribir el kanji de su nombre y también su significado —en japonés “ame” significa “lluvia”—, e incluso le cuenta las historias de la guerra que hizo que sus naciones sean enemigas.

Con el fallecimiento de su abuela y la separación de esta niñera —no es spoiler, solo son eventos que catapultan las reflexiones filosóficas de la niña, que son el verdadero centro del relato— se empiezan a integrar las nociones de pérdida y de recuerdo. Así se introducen los primeros límites para Dios que, evidentemente, no todo lo puede.

"Little Amélie Or The Character Of Rain" (2025), Mailys Vallade y Liane-Cho Han

La propuesta visual de Vallade y Han delimita un mundo que, a ojos de Amélie, carece de bordes fijos. El uso de colores y fondos que parecen acuarelas diluidas permite que la pantalla transmita la misma impronta onírica que la prosa de Nothomb. Así, muchas veces logra captar lo innombrable: el preciso instante en que una emoción nos inunda antes de que logremos ponerla en palabras. La animación se convierte entonces en una herramienta de pensamiento. Los paisajes de Kansai respiran al mismo ritmo que los descubrimientos de Amélie, convirtiendo el horizonte en una extensión táctil de su mirada.

“Maïlys y yo llevamos 10 años trabajando juntos en distintos proyectos. Ambos somos artistas de storyboard y nos gusta estar muy cerca de los personajes, no solo mirar a través de sus ojos, sino sentir lo que tocan y lo que respiran. Nuestro enfoque a la hora de colocar la cámara está realmente guiado por los personajes”, comentó Han en diálogo con Cineuropa, enfoque que explica bastante esta sintonía entre lo emocional y lo visual de su animación.

Esta producción obtuvo, y con razón, una nominación en el Festival de Cannes y premios en el Festival de Sevilla, el Festival de San Sebastián (como mejor película Europea), y el Florida Film Critics Circle. La nominación a los premios de la Academia confirma el interés global por una animación que se atreve a tratar temas existenciales sin abandonar la ternura. Este relato recupera la frescura del asombro y propone un regreso a las preguntas fundamentales, demostrando que la filosofía puede ser extremadamente luminosa y accesible. Al rescatar Metafísica de los tubos, el cine le otorga una nueva materialidad al genio de Nothomb, recordándonos que el asombro infantil es, quizás, la mejor forma de sabiduría.