Por Catalina Zabala
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Rocío y Sol viven su día a día como una batalla. Una que sienten que muchas veces las deja en desventaja. Una rutina compartida como compañeras de apartamento y una preocupación social en común las llevó a unirse aún más con un proyecto, al que llamaron Las tías (2026). Un documental en formato coral que rescata aquellas historias que Sol Infante describe como "asteriscos". Puntos perdidos en un lienzo muy grande. Mujeres que encontraron su motivación vital fuera de la maternidad, dentro de una generación que no les daba el visto bueno con facilidad.
Algunas no querían cumplir ese rol y no obedecieron a lo que las directoras consideran un mandato social impuesto. Otras no pudieron, y el punto del documental también está ahí. En deshilachar las diversas causas que las llevaron a decidir. Las dificultades que tuvieron que enfrentar en solitario por el simple hecho de ser mujeres. Y, en una época en la que la diversidad de opciones era otra, las directoras Rocío y Sol buscaron entender el origen de un legado que se instalaría con más fuerza en las generaciones siguientes.
El documental cuenta con ocho capítulos, y cada uno narra su propia historia. Algunas tías ofrecen en cámara su relato vital. Las historias de las que ya no están son dadas a conocer a través del relato de sus sobrinas que, a veces, más que responder preguntas, se las plantean a sí mismas. En conversación con LatidoBEAT, Rocío López y Sol Infante contaron cuáles fueron sus motivaciones, cómo lo llevaron a cabo y cómo ven el devenir de las futuras generaciones de mujeres. El documental se estrena este miércoles 11 de marzo por TV Ciudad, en el marco del mes de la mujer.
Foto: Javier Noceti
¿Cómo decidieron tratar la temática de las mujeres solteras?
Rocío López (R.L.): En un momento vivíamos juntas y charlábamos mucho. Veíamos mucho contenido feminista, militábamos y hablábamos mucho sobre qué figuras de otras generaciones nos representaban. En un momento empezamos a prestar atención a estas mujeres que eran tías, y de repente nos dimos cuenta de que tenían mucho más que ver con nuestras vidas de hoy que con esas otras mujeres que siempre te muestran; la madre, la abuela. Fue mirar un poco más para darnos cuenta de que quizás una tía solterona había dedicado su vida a su carrera o al arte.
Sol Infante (S.I.): Sí, yo pienso lo mismo que Rocío. Creo que, si bien somos jóvenes, tampoco tenemos 20 años, y los problemas de las mujeres lamentablemente se han mantenido en el tiempo. Quizás la respuesta de nuestra generación ha sido tratar de romper con algunos estereotipos y decisiones que parecía que la sociedad tomaba por nosotras, que esas mujeres en su época también hacían, aunque fuera algo raro. Fue esto de sentirnos más identificadas. Si bien eran señoras, ellas quizás en su época eran muy modernas en su forma de vivir e incluso de pensar, porque el pensamiento está determinado por el lugar donde nos criamos. De hecho, para nosotras es normal andar sin turbante, pero en otras sociedades para las mujeres no es anormal andar con él. Ellas rompían socialmente con cosas que capaz para nosotras son más naturales.
Creo que lo que nos interesaba era saber cómo se sentían siendo las raras, y cómo nosotras, en esta generación, no las vemos como algo raro, porque vendríamos a ocupar el lugar de las sobrinas en la serie. Son ocho capítulos, y cada uno aborda a una tía. La mirada también está puesta sobre esa tía desde las sobrinas. Hay cuatro que están vivas, entonces también podíamos saber de primera mano cómo se sentían, y las que no están vivas las descubrimos a partir de sus sobrinas. Las personas cuando se van nos dejan objetos, cosas escritas. Buscamos entender cuál era su sentir a partir de su herencia, que no es algo material, sino su herencia más ideológica.
La maternidad igualmente está muy presente en la narrativa del documental. Si no son madres, seguro eran tías y maternaban de otras formas. ¿Cómo trabajaron este aspecto?
R.L.: Sí. De hecho no son todas tías biológicas, como sucede en uno de los casos. Pero también aparecían muchas veces estas tías que no eran parte de la familia directa.
S.I.: Sí. Muchas sobrinas, que además son tías de los hijos de sus hermanas o hermanos, también son madres. Creo que en este caso nosotras hicimos un corte en que esas mujeres no fueran madres, porque creo que a nivel social hay una carga sobre el cuerpo de las mujeres y la maternidad. Hay una falla en no hacerlo, digamos. Está bueno también esto que siempre decimos; no eran mujeres antiniños o antiinfancia, porque de hecho muchas de ellas estuvieron muy cercanas a sus sobrinos y sobrinas, pero no sintieron la obligación. Muchas sí el deseo, pero las circunstancias que se les dieron no lo permitían. No vieron la maternidad como una obligación a cualquier costo. Eran mujeres que muchas veces no tenían parejas con las cuales formar una familia y no querían ser madres solteras, o no podían adoptar. También la diversidad sexual tenía sus limitaciones a la hora de la adopción. Hay una rebeldía en torno a esto de no ser madre por obligación y en las condiciones que la sociedad te plantea que tenés que serlo.
¿Tuvieron en su vida mujeres cercanas que las inspiraron a tratar esta temática?
R.L.: Yo tenía una tía abuela. Cuando crecí y empecé a trabajar me empecé a preguntar sobre su trabajo, porque tenía uno que quizás no era tan de mujer para esa época. Me vi reflejada, porque esto en lo que trabajamos recién ahora cuenta con sus primeras generaciones de mujeres. Recién estamos empezando a ocupar esos espacios. Me empecé a hacer esas preguntas, y recuerdo, por ejemplo, cuando hicimos el llamado, que al principio habíamos puesto: "Todos tenemos una tía que adoramos". Pero a veces no, yo siento que no tenía una relación cercana con esa tía. Pero después, con los años, empecé a mirar para atrás para saber qué había hecho esa mujer.
S.I.: A nivel familiar, en mi casa, todas las mujeres cumplieron con ese mandato. Y digo "cumplieron" porque creo que para muchas fue así, que no fue una elección tan libre. Pero sí en mi generación y en las mujeres con las que elegí rodearme tengo muchos ejemplos. De hecho tengo muchas amigas que no son madres y he trabajado con organizaciones feministas, entonces sí tengo referentes. También lo veo en esta cosa del trabajo de hormiga que hacemos las mujeres para acompañarnos. Obviamente, hay referentes en la cultura uruguaya y en la militancia de mujeres que son madres. Pero quisimos visibilizar historias más cotidianas de este entretejido que parece invisible, pero que al final es muy importante. Si bien no lo tengo en línea sanguínea, sí creo que en la cotidianidad, por suerte, me he cruzado con un montón de mujeres que no me han hecho sentir esas obligaciones. Por lo menos siendo mujeres, porque a veces el patriarcado nos atraviesa también como mujeres. No aparece solamente desde la visión masculina.
R.L.: Y esto que hablábamos también de que no tiene que ser biológico tampoco el vínculo, a veces te marcan mujeres que no tienen nada que ver con tu familia.
Foto: Javier Noceti
A la hora de producir un documental, uno siempre va con ciertas hipótesis en torno a la temática que no siempre se confirman. ¿Qué sorpresas se llevaron durante la realización de este proyecto?
S.I.: Sí, nos llevamos muchas sorpresas. A mí me gusta mucho el género documental, entonces creo que no hay documentales que no tengan sorpresa. En nuestro caso, tampoco había una gran hipótesis. La primera fue sobre si estas mujeres eran las cuatro que conocíamos en la vuelta, o si había algo más de esa generación de un montón de mujeres que habían roto con cosas muy impuestas. Y en este llamado que hicimos para conseguir personajes, nos escribieron más de cien personas. Nuestra primera hipótesis fue confirmar que no era una ilusión nuestra. Después de ahí elegimos los personajes en función de que fueran corales; porque si bien las mujeres estamos atravesadas por muchas cuestiones que nos hacen similares, queríamos que cada una pusiera su foco en algo distinto.
R.L.: Creo que la sorpresa también fue escucharlas a ellas. Porque en esto de que jugábamos con la idea de las tías, proyectábamos esas diferencias en ámbitos más públicos. En los trabajos que tenían y en cosas que se pueden ver de afuera. Pero no tuvimos una charla con ellas, ninguna de las dos tuvo una tía cercana con la cual tener esa charla que ellas tuvieron, entonces escucharlas de primera mano para mí fue una sorpresa.
S.I.: También en cuanto a las cosas que uno piensa que al otro le importan o le duelen. A veces pensás que no quiso ser madre y te dice que sí quiso, que no pudo. Cosas puntuales de los personajes, que a medida que iban hablando nos iban sorprendiendo. En ese imaginario que teníamos, de que las mujeres eran superhéroes, nos encontramos con que nunca dejaban de ser humanas.
R.L.: Sí, eso surgió mucho. En esto de lo intergeneracional, también nosotras veíamos a la maternidad desde ese lugar de mandato, pero a veces te decían que querían y no podían. Todas las preguntas que hoy nos hacemos antes no estaban, y por eso bajó la natalidad. Una hoy piensa que no va a maternar trabajando 12 horas, que no va a hacerlo sola en un sistema que la está explotando todo el tiempo. Ellas capaz que se hicieron esas preguntas en su momento y su respuesta fue que no, pero el deseo era que sí.
En las entrevistas no trabajaron con un estilo tradicional de pregunta-respuesta, sino que buscaron generar charlas más naturales con las entrevistadas. ¿Cómo trabajaron para que esas conversaciones fluyeran?
R.L.: Ellas primero nos mandaban un relato o un audio, y después nosotras íbamos a su casa y teníamos una conversación así como estamos teniendo contigo. La grabábamos solo para nosotras, como investigación, y ellas nos contaban lo que quisieran. A partir de ahí, nosotras poníamos el eje en qué era lo interesante, y generábamos escenas en las que se pudiera hablar de esos temas. Dejábamos que hicieran las preguntas que quisieran, pero marcábamos más o menos qué temas queríamos abordar.
S.I.: Sí, creo que también en el corte de 45 minutos se ve que la charla duraba muchísimo. A veces estábamos dos horas grabando una charla de la que después usábamos 10 minutos, entonces capaz que la parte que ves justo es la última, cuando nosotras ya no estábamos y decían cualquier cosa. Y ese es nuestro trabajo, saber esperar. A veces las cosas no fluyen, a veces las personas no quieren hablar de determinados temas, y ahí vas redireccionando. Igual, en esta charla inicial que teníamos fuera de cámara, a veces hacíamos alguna pregunta incómoda. Sobre todo para saber hasta dónde íbamos a poder ir después, cuando filmáramos. Teníamos que saber antes su reacción para ver cómo lo podíamos abordar. Si la persona ya te corta, por más de que no te digan que no lo quieren hablar, es importante no ir para ahí. Sí hicimos ese trabajo de hacer algunas preguntas que nunca volvimos a hacer, pero sin la cámara, como para testear un poco el universo en el que nos íbamos a desenvolver.
R.L.: Sí, sobre todo porque queríamos hablar de ciertos temas específicos con cada una, entonces teníamos que ver cuánto se podía sacar de cada tema.
Después del primer llamado recibieron 100 mensajes. ¿Cómo seleccionaron las historias? ¿Siguieron un criterio determinado?
S.I.: Todas las historias estaban buenas, todas tenían potencial, pero tratamos de separarlas por tema. Si había muchas sobre diversidad sexual, sobre mujeres que trabajaban, sobre mujeres que les gustaba la medicina alternativa o que estaban enfocadas en el deporte, las agrupábamos. Ahí fuimos armando una lista de temas que nos importaban. Queríamos que además de no ser madres habitaran otros personajes. Y ahí creo que las historias tenían que ver con si la tía estaba viva o no, y si las sobrinas estaban dispuestas a salir. Hemos elegido historias que al final no pudimos filmar, porque cuando les decíamos que estaba confirmado, algunas no se animaban. Pero como teníamos tantas, podíamos volver al tema y revisar. Lo primero era ver si teníamos una historia larga, porque eran 45 minutos, no se trataba de un corto. Además, entre las sobrinas y ellas tenía que haber una relación lo suficientemente interesante para sostener.
R.L.: Cuando empezamos éramos tres; estaba Marta en los guiones, y creo que ese momento fue muy rico. De repente Marta se fijaba en una que a mí no me gustaba y Sol se fijaba en una que a ella no. Cada una veía en cierto testimonio algo de lo que la otra no se daba cuenta. Creo que eso estuvo bueno; nosotras elegíamos y teníamos esta primera charla, pero no todas con las que tuvimos ese primer intercambio quedaron seleccionadas. Ahí nos empezamos a dar cuenta también de cómo funcionaba la relación con sus sobrinas, porque el foco iba a estar ahí.
S.I.: Y de las que no estaban vivas, cuánto conocían las sobrinas de sus tías; si había material de archivo, si podíamos ir a su casa. Porque si lo único que hay es un relato —que igual es valioso—, capaz que es mejor para un libro, pero no para un documental. Todo lo que implica una puesta en escena es otra cosa.
R.L.: Claro, había relatos increíbles que estaban escritos de una forma que te impactaban, pero después esa persona capaz era más tímida o no se animaba a hablar. También tenía que rendir y que querer.
S.I.: Sí, realizamos un gran casting de estas primeras reuniones, y ahí hicimos un primer filtro de las que pensábamos que podíamos filmar. Después, en el medio, hubo personajes que se cayeron, y ahí teníamos este back up. De hecho el primer capítulo fue uno de los últimos que elegimos y uno de los primeros que nos llegó. Iba quedando para atrás porque ese tema ya estaba abordado por otro lado. Teníamos una médica, y al final, cuando conocimos a Teté y a Sofía, sentimos que había un lugar. Porque ya la primera charla fue increíble, tenían ese humor. Por momentos estábamos hablando de algo muy denso y de repente aflojaban.
R.L.: Sí, y te dicen un montón de cosas que después capaz que no quedan. Me acuerdo cuando fuimos a ver a Sofi, que nos dijo que Teté daba clases de catequesis en la Iglesia. Ella a veces la llevaba y corrían todos los adolescentes a buscarla. Era algo muy loco imaginarla a ella, de su generación, con todos los pibitos contentos yéndola a buscar. Eso no lo pudimos hacer por un tema de tiempos y cosas, faltan un montón de anécdotas que después no quedan.
Foto: Javier Noceti
¿Cómo ven a las generaciones más jóvenes de mujeres en ese sentido?
S.I.: Esto es más personal, capaz que Rocío está de acuerdo o no. Yo pienso que hemos cambiado, pero no tanto. La natalidad bajó y es en parte producto de que las mujeres pueden elegir, pero no solo es por eso. Nos pasó con Lala, un personaje con el que teníamos menos diferencia de edad, y a veces hablábamos de cosas fuera de cámara sobre cómo te relacionás con los varones y no había tanta diferencia. Sí creo que hay una evolución, pero que a veces, cuando entrás en las cosas más profundas, se dan las mismas cosas.
R.L.: Sí, yo creo que hay algo de la vida pública y la vida privada. Esto de que capaz ahora las mujeres trabajan, hacen un montón de cosas y vos pusiste el foco ahí primero, pero después, cuando entrás, te das cuenta de que los problemas que tenemos siguen siendo los mismos, por ejemplo, en la interna de nuestras familias. Nosotras capaz que tenemos una carrera o un trabajo que nos gusta y, sin embargo, mi familia seguramente sigue pensando que nunca voy a ser madre, que estoy sola. Pasaron mil años y siempre van a ese lugar. Demostramos que podemos tener otro tipo de vida pública, y sin embargo, las preguntas de fondo y lo que pasa en las familias sigue siendo lo mismo.
S.I.: Yo creo que nosotras tenemos otras respuestas, y quizás está también esto de no sentirte tan sola en esas decisiones, porque hay más mujeres tomando esos mismos caminos, cuando antes eran apenas asteriscos. Sobre las generaciones que vienen, la verdad, no sé qué decirte. Es horrible esta respuesta, capaz es más un deseo de que sea distinto. En esta cosa de ponernos tan diversos, al final en esa diversidad igual seguimos reproduciendo relaciones de poder. Por más que sea diversa, la sociedad nos sigue marcando hasta dónde va esa diversidad y cuáles son las elecciones que podemos tomar siendo mujeres y siendo varones o no teniendo un género definido.
Yo soy docente y siento que el marco de la sociedad siempre está, y creo que ese marco social siempre responde a algo. Hoy quizás a las redes sociales, y todo está en lo que ellas te dicen que podés ser o no ser. Eso de poder ser o no ser creo que es algo con lo que vamos a batallar siempre los seres humanos para romper con esa caja que limita la libertad. Cuando la rompés, ves que hay un mundo afuera. Ahora están las redes sociales, el culto al cuerpo. Pero al final, si vos pensás entre el culto al cuerpo de ahora y lo espectacular que tenías que ser antes, pero siempre alguien te dice como tenés que ser físicamente, y creo que eso es lo que hay que romper. Pero está muy difícil, porque implicaría romper el sistema capitalista e ir más allá. Creo que, lamentablemente, hoy somos presos de otras cosas, y creo que lo más importante es no creernos que finalmente somos libres, porque eso sí nos va a encadenar.
R.L.: Sí. Cuando se habla de las olas del feminismo, se dice que hay un avance y después siempre hay un retroceso. Yo siento que hubo un avance muy zarpado, y ahora de a poco hay que estar atentas a que no vuelva todo para atrás. Hay un sector de ultraderecha y ultramachista que está ahí apretando fuerte porque se polariza todo; las redes no ayudan, y entonces hay que estar atentos a esas cosas. Capaz que a nosotras no nos aparece en nuestro instagram, pero a mucha gente sí.
S.I.: Igual me ha pasado de encontrarme con contenido de culto a la ama de casa. Esto de que digan: "A mí me gusta ser ama de casa y me gusta esperar a mi marido". Yo tengo 39 años y tengo muy claro lo que me gusta, por lo menos en esta etapa de mi vida, pero agarrás a una gurisa de 15-16 que le están hablando de libertad y se quiere diferenciar, y puede caer.
R.L.: Tampoco hay que demonizar la maternidad, porque capaz que hay personas que sí quieren ser madres o lo que sea. Pero hay un montón de libertades que tenemos que no está bueno perderlas. No está bueno depender de alguien económicamente, porque después no tenés salida si un día te querés ir. Hay un montón de preguntas que nos hemos hecho y está bueno no retroceder. No tiene que ver con ser madre o no, tiene que ver con la vida que te generás y las libertades que conlleva.
S.I.: Me parece bien esta preocupación de la natalidad, las mujeres y la maternidad, pero si realmente el Estado está preocupado, tiene que generar políticas públicas que nos permitan maternar de otra manera y no seguir reproduciendo que la maternidad tiene que ser una cosa con la que carguemos las personas que decidimos ser madres y padres. Volver a tu horario de cuatro horas, correr, la lactancia. Si queremos estimular la natalidad entonces tenemos que hacernos preguntas más complejas que no se reducen a "el feminismo hace que las mujeres no quieran ser madres". El Estado debería tener políticas públicas para las personas; de hecho el gasto que implica tener un hijo, mandarlo a la escuela, las comodidades que precisás. Te piden que se desarrolle, que tenga inglés, que vaya al club, hay una contradicción entre lo que se espera que seamos como padres y madres y lo que el Estado propone y habilita dependiendo de tu clase social. A veces no es no querer, es no poder. No te dan ni las horas ni la plata, y capaz no estás dispuesta a embargar tu vida para eso. Sí hay otras formas de ser madre, padre o maternar. Quizás es un tema más profundo hablar de la natalidad y cuáles son las cosas que realmente están pesando. Queremos cosas, pero nadie da nada a cambio para que sean humanamente posibles.
¿Tienen en mente otros futuros proyectos en conjunto?
R.L.: Por ahora, vamos a descansar. Fue un proyecto muy largo, y si bien ganamos un montón de fondos, los recursos que teníamos se fueron agotando. Esto también fue posible porque nosotras estábamos viviendo juntas y charlando juntas, yendo juntas a filmar. Ella hacía la cámara y yo el sonido, a veces iba alguien de producción, pero si lo pensábamos bien poníamos mucho de nuestro tiempo. El documental es muy demandante.
S.I.: Sí, pero yo confío en que los proyectos llegan. De hecho, son cosas que a mí realmente me interpelan como persona, porque como sabés el trabajo que te lleva, para mí tenés que enamorarte mucho de tu proyecto y estar muy convencido ideológica y políticamente de que eso lo tenés que contar. No importa cómo, lo hacés como te salga. Tampoco me ha pasado con otra cosa.
R.L.: La idea siempre fue la misma, y lo que nosotros queríamos contar siempre lo tuvimos claro de una. Después vas viendo cómo, con quién y de qué manera, pero lo importante es encontrar algo que de verdad quieras hablar con la gente y que quieras que lo reciban.
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