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Fracasar con éxito

“Las Fracasantes”: ficción realista y satírica que abre el catálogo de su sello editorial

En su primera novela, Romina Serrano aborda las complejidades de los vínculos, el poder y el fracaso.

10.08.2026 11:53

Lectura: 7'

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Por Ivonne Calderón | @malenamoon13

“Mi filosofía de vida es el fracaso ––dijo Vera, mientras terminaba el fondo de un vaso con Coca-Cola Zero”. La sentencia aparece en el cuarto capítulo de Las Fracasantes (2026), debut como novelista de la poeta uruguaya Romina Serrano.

¿El fracaso puede ser una identidad? Al parecer, sí. Pero si vas a fracasar, elige bien cómo lo haces. En tiempos en que la idea del éxito aprieta el cuello sin piedad, permitirse fracasar, ser “fracasante”, es un acto de rebeldía. Eso piensan Ariadna Ferri y sus dos amigas, Natalia y Vera, quienes en esta historia se aventuran a fundar un sello editorial independiente. La primera novela de Serrano va de eso, y habrá quien piense que se trata de un texto de autoficción: pues este libro es el debut de una editorial homónima, Las Fracasantes, de la que Romina es una de las fundadoras. Que cada quien saque sus conclusiones, aunque decir que la obra es solo eso sería reducirla y pasar por alto las capas que la componen. Porque en estas 169 páginas, la apuesta editorial es una excusa para satirizar el rendimiento, las lógicas del mercado laboral, el poder, la competencia en las artes, el utilitarismo de las luchas feministas, las relaciones humanas, el riesgo de los discursos de corrección política, y ese murmullo seductor del deseo de reconocimiento.

“Ideamos Las Fracasantes como una expresión de belleza contracultural. Un guiño a la chica del tercero, a Natalia y Vera, a mí misma, a todas las que la vida les resulta una exigencia extraña, una sodomización ridícula cuya suerte habría que cambiar”. Es la voz de Ariadna, narradora-protagonista de Las Fracasantes. Antiheroína, dueña de una rabia, sarcasmo y cinismo que recuerdan al memorable Ignatius Reilly de La conjura de los necios (1989). Sin embargo, otras son las preocupaciones de Ariadna, aunque comparta la misantropía y el carácter irónico de Ignatius. Esta chica uruguaya se debate entre el tedio, la rutina del trabajo y su ambición literaria. Le preocupa no llegar a ser amada y reconocida, aunque en el fondo no esté segura de quererlo. Y lo intenta. Quizá por eso es un personaje complejo, verosímil, que alcanza profundidad en la historia.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

Una noche, la chica del tercer piso del edificio en el que vive Ariadna cae por el pozo de aire. Así comienza la novela, in media res. “Todos podemos decidir un día sacarnos los zapatos, acercarnos a la ventana y saltar…”, dice Ariadna sobre un suicidio que pronto se convertirá en disparador y materia prima de su propia novela, también llamada Las Fracasantes. Una que se escribe dentro de la novela, como si se tratase de una matrioshka. A partir de ese trágico hecho se enciende la cámara y entramos en su cotidianidad, invitados por ella, viendo el mundo desde sus pensamientos y sentencias, por demás construidos con exquisito lenguaje irónico. “Al llegar a la oficina di comienzo a mi show: artista de la productividad […] El nihilismo, la misantropía y mis gustos personales se disuelven al atravesar las puertas automáticas de vidrio, con una sonrisa llena de dientes y la profilaxis todavía fresca […] Les regalé a todos un 'buen día' antes de ir a mi crisálida a mutar en insecto de oficina con las alas de Excel desplegadas”.

La historia acontece en Montevideo, en un tiempo habitado por todos nosotros. Quizá por eso la novela bien podría llegar a ser un documento de la época. La autora narra una contemporaneidad de redes sociales y relaciones abiertas y poliamorosas; de prácticas empresariales que esconden, tras anglicismos, nuevas formas de precarización laboral. Aborda, por otra parte, la frustración de la escritura, ese miedo a fallar en el intento, a que tu libro no sea lo suficientemente bueno y, por tanto, descartado. Ya lo dijo Enrique Vila-Matas: “La literatura y el fracaso son la misma cosa. El arte del fracaso es inherente a la práctica de la literatura”. De hecho la misma autora, en entrevista para Desayunos Informales, sostuvo: “Escribir una novela para mí era empezar desde el fracaso. No sabía cómo hacerlo, cómo sostener el ritmo, y bueno, de fracaso en fracaso, llegué a terminarla”.

Las Fracasantes es una novela de ficción contemporánea que, combinando el realismo y la sátira, explora temas absolutamente actuales a partir de personajes humanos que habitan la ambigüedad. Mujeres que provocan rechazo y ternura. Imperfectas. Chicas que se equivocan y luego aciertan, que intentan hacer algo pese a la crueldad de un mundo voraz. Quizá por eso la novela dialoga con mujeres introspectivas, cínicas y melancólicas de la literatura anglosajona. La protagonista anónima de Mi año de descanso y relajación (2018) de Ottessa Moshfegh ––y en general las mujeres de sus historias––, o en Esther Greenwood, la narradora de La campana de cristal (1963) de Sylvia Plath. Aunque también ese vínculo narrativo se establece con escritoras nacionales como Natalia Mardero, autora de Cordón Soho (2014), novela urbana donde la amistad y el trabajo están muy presentes.

Compuesta por 15 capítulos, un intermezzo y un epílogo, la novela de Serrano juega con varios recursos narrativos. Se atreve al humor (no cualquier tipo de humor), presente en toda la obra, usado como mecanismo que construye a la protagonista y a los personajes de Natalia y Vera. Además, activa la crítica social, sin panfletos. “Nuestra novela gorda, feminista y sexual era la aliada perfecta de la performance de los read for speed que presentaban los 25 libros que habían leído el último mes”, dice la protagonista. Si la autora buscaba personajes incómodos, lo logró. Ha dado lugar, con tono mordaz e instancias de ternura y piedad, a una historia fresca que provoca risa nerviosa.

Destaca el diálogo con otras autoras. No se trata de una apuesta por la intertextualidad. Es, en su lugar, un juego que se permite Serrano. Una suerte de delirio que vive Ariadna esporádicamente. Escenas con varias autoras que emergen como fantasmas. No se extrañe el lector, la lectora, si se encuentra en estas páginas a Zelda Fitzgerald, Colette, Dorothy Parker, Sylvia Plath, entre otras, haciendo gala de una particular voz irónica.

A mitad de la novela aparece, refrescante, el recurso del thriller. Con precisión e inteligencia, mueve la óptica para llevar a un terreno que le suma a esta sátira. Así, con sarcasmo, pone sobre la mesa nuestra tendencia a imaginar, ficcionar sin contemplaciones. Todo el tiempo estamos haciendo ficción, qué duda cabe. “Además, no importa. Si es invento, entonces es ficción; y si es ficción, es literatura; y si es literatura, es material para Las Fracasantes. E un successo per tutti”, dice Natalia.

Foto: Agustín Rosich

Foto: Agustín Rosich

Una novela de personaje sin grandes juegos temporales. Una historia vertiginosa que transcurre de manera lineal. Seguimos a estas tres chicas en su aventura mientras vamos descubriendo miedos, inseguridades, el mundo hostil al que se enfrentan, y junto a ello, su terquedad. Son memorables los diálogos que hacen avanzar la trama. Conversaciones que dotan a cada personaje de una voz reconocible.

El final, en forma de epílogo, es una muestra de las capacidades narrativas de la autora. Un cierre que deja sobre la mesa algunas preguntas: ¿Qué estamos dispuestas a ceder para sobrevivir? ¿Es equivocado hacerlo? ¿De qué manera nos adaptamos? Porque, parafraseando a Natalia: “Tu problema es que no elegís nada de lo que te pasa. Si no elegís, sos una fracasada. Si lo hacés, sos una fracasante. Un ejemplar de contracultura. Una chica de culto”.

Romina Serrano, autora uruguaya, licenciada en Letras y magíster en política y gestión educativa, explora nuevas estéticas que pretenden abrir terreno en Uruguay. La autora, que viene de la poesía ––por la que ha recibido premios––, llega esta vez con una novela que inaugura el catálogo de Las Fracasantes, un sello independiente fundado en Montevideo en 2025. Dirigido por Daniela Trimarco y por ella misma, se enfoca en narrativa contemporánea, literatura que incomode, que implique riesgo y deje marcas. Actualmente, en busca de voces nuevas, reciben manuscritos.