Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose

Las biografías de los músicos de rock suelen deslindarse de cualquier esteticismo narrativo, enganche, clima y estructura preestablecida. Se amparan en las líneas temporales, narran infancias, adolescencias y posteriores primeros coqueteos con la música. Inminentes drogadicciones, intentos de autoeliminación, recuperación e iluminación.

La música prohibida (2023) está empapada de tragedia. 42 capítulos que invierten el tablero y nos demuestran que las biografías de músicos consagrados, que por momentos dejan de lado sus instrumentos para levantar un lápiz o ponerse a teclear, pueden alcanzar cumbres interesantes. Tragedia, pero una tragedia que constantemente busca la luz, la redención, la escapatoria de los laberínticos pasillos del caos, la dependencia y la creatividad.

Son casi 800 páginas. En ellas Javier Pérez Corcobado, que recientemente visitó nuestra tierra y dio dos formidables conciertos en La Cretina y en Bluzz Bar, nos lleva de la mano —o del pescuezo— por una carrera de 40 años, a la cual no le falta nada.

Narrada en tercera persona y con saltos temporales que la vuelven sumamente atractiva, inicia con un capítulo titulado "Sandra". El alter ego que utilizó Corcobado para acercarse a la experiencia femenina en pos de auto habilitarse a escribir otro tipo de canciones con una aproximación mucho más femenina y sensible. 429 Engaños como primer grupo de rock, el skate y los patrocinios, las experiencias sexuales, dos grupos musicales que lo marcaron, y su vida en DF, México.

Lucrecia Martel dio una conferencia en el Centro Cultural Kirchner en marzo de 2020, recopilada en el libro Un destino común (2025), en la cual habló sobre estos saltos y líneas narrativas. Sobre cómo las mismas buscan representar el tiempo sobre el que se monta la historia, en el caso de ella una película. El atractivo está en que los eventos no se organicen en una línea recta, sino que estén dispersos. Por supuesto podemos pensar también en Roberto Bolaño, quien argumentaba que la novela tal y como la conocemos está acabada. Disparaba esta idea en entrevistas, diversas conferencias y apariciones públicas, pero las teorizó en su obra maestra, Los detectives salvajes (1998). Una novela polifónica y coral por donde se la vea.

Los arcángeles están presentes como, por supuesto, presencias omnipresentes que acompañan al protagonista en todas sus complicaciones y momentos de jolgorio. Incluso llega a escribir en una lista, con una Parker y con sangre, las intervenciones que estos seres tuvieron para que él no muriera. Ellas son rastreables desde que era simplemente un feto y su madre se hubiera caído desde el tranvía en Frankfurt, su primera borrachera a los cinco años, innumerables atropellos no consumados, ingestiones masivas de drogas, accidentes de coches —algunos son narrados al detalle como aquella brutal y consciente colisión de frente con otro auto en el medio de la carretera— e intentos de suicidio, que también son parte de otra lista larga. "Es necesario renacer de nuevo. Gracias, mis arcángeles de la guarda, Gabriela y Miguel", firma la nota.

Es la segunda novela de Javier Corcobado, siendo la primera El amor no está en el tiempo (2005). A su vez cuenta con varios poemarios publicados, como El sudor de la pistola 13 (1996), Cartas a una revista pornográfica viuda (2009), entre otros. Escrita entre mayo de 2020 y febrero de 2023, La música prohibida comenzó siendo una novela de ciencia ficción. Corcobado le avocó mucho tiempo, producto de la pandemia y consecuente paralización de todas las actividades, y lentamente fue viendo que muchas de las escenas que se le iban colando en el texto eran pura y exclusivamente autobiográficas. Fue entonces que decidió guardar el manojo y ponerse de una vez por todas a escribir sus memorias. En ellas encontramos prácticamente de todo; es decir, coexisten todos los ingredientes necesarios para volver a un libro atractivo. Cadencia, ritmo, situaciones vertiginosas, personajes entrañables y una prosa que fluctúa entre lo simplista y austero de Alessandro Baricco y la prosa poética magistral de Nabokov, Céline, Auster. Autores que figuran en la sección de agradecimientos de la última página.

Resulta interesante el juego entre ficción y biografía con el cual se va desenvolviendo a lo largo de las casi 800 páginas. Está dividido en capítulos dispares, algunos titulados con los nombres de las bandas en las que participó y que, por ende, narran el momento exacto de su vida. Todo con lujo de detalle. Se detiene en las atmósferas, en los nombres, actitudes y aromas. A la par que mantenía una galopante adicción al caballo (heroína), al alcohol y a cualquier barbitúrico. Demás está decir que son drogas que juegan con tu mente y que lo han llevado no solo a estar maldecido por sobredosis espontáneas en medio de la calle, sino también a estar internado y a ser cuidado por sus padres una vez ya adulto, con todo lo que eso conlleva.

Se permite ahondar en sus ambiciones ruidistas, en los primeros coqueteos con lo que ahora llamamos "industrial".

Una autobiografía novelada que se disfruta y se despega de una literatura espesa, tediosa y subyugante. Aquella de florituras baratas, eludibles y que se ampara en el territorio maleable y ultrajado de la "buena literatura".