“La ciudad que sueña”: un concierto poético familiar con música de Luciano Supervielle
Comenzó como un proyecto de grabar sonidos de Montevideo, creció a un libro ilustrado con música acompañante y ahora llega a la Sala Verdi.
Por Gastón González Napoli
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Casi no hay tiempo para hacer esta entrevista. Caímos en pleno proceso creativo, se nota que están corriendo su recta final a full. Están charlando sobre la escenografía; van llegando los músicos para el ensayo. Es lunes, y el miércoles estrena La ciudad que sueña en la Sala Verdi.
Mezcla de proyecto musical y poema narrativo infantil —aunque sus autores prefieren describirlo como “también para niños”—, este combo escrito por Eloísa Casanova, ilustrado por Laura Carrasco y musicalizado por Luciano Supervielle se reconvierte ahora en un espectáculo familiar “más volado” de los que suelen verse en vacaciones de invierno.
Será la primera vez que se presente en vivo la composición completa de Supervielle, que acompaña, o más bien complementa, al texto y sus ilustraciones. Un concierto de uno de los músicos más reputados de nuestra actualidad, también para niños.
Esta tarde gélida de lunes, el equipo de La ciudad que sueña retoca aspectos de la escenografía, con Eloísa y la diseñadora Lucía Rubbo, que acaban de volver de empezar el montaje y de “jugar” con él en la Verdi. Los músicos van llegando para ensayar con el cuarteto de cuerdas, entre ellos el violinista Matías Craciun, y los hijos de Luciano —en buena medida los que inspiraron el libro— están en la vuelta. El ambiente es liviano pero de concentración. Supervielle actúa como ancla.
Así, la entrevista pactada con él se convierte en una charla colectiva con Eloísa, Lucía y Matías para repasar cómo lo que empezó como un recorrido por Ciudad Vieja y Barrio Sur grabando los sonidos de la ciudad cobró tal dimensión poética, musical y visual.
Las entradas pueden comprarse acá.
“La ciudad que sueña”
“La ciudad que sueña nace como una idea originalmente de hacer una visita a Montevideo desde lo sonoro”, dice Supervielle, “y hacer un link con los sonidos de la ciudad llevados a un lenguaje musical”. Él compartió la idea con Casanova, quien llamó a la ilustradora Carrasco.
La idea era que Eloísa, poeta chilena residente en Montevideo desde hace más de una década, escribiera un cuento que reflejara esos ruidos de la ciudad, principalmente de la Ciudad Vieja, Barrio Sur y la rambla, pero por su deformación profesional se decantó por escribir “un poema que tenga que ver con algunas imágenes de Montevideo, que se despeguen un poquito de la realidad, pero que a la vez hablen de lo que podría ser Montevideo”.
Las ilustraciones de Carrasco son, dice Eloísa, “realmente importantes”: agregan lo que el poema deja sin decir. Lo visual no es accesorio. Y luego, vino la música: el audiolibro de La ciudad que sueña, al que se puede acceder con un QR impreso en el libro, tiene la narración de Eloísa, los sonidos que grabaron caminando por Montevideo y la música de Supervielle, que se funden entre sí y que dialogan “a veces con el texto y a veces con la imagen”.
“Hay una invitación a generar cierta mirada hacia Montevideo”, dice Luciano. “Una mirada quizás más poética, nos gusta decir; que también cada uno después haga el ejercicio de encontrar esas cosas que se esconden, que están alrededor y que a veces no les prestamos atención”.
La Sala Verdi los invitó a adaptarlo a escena, con libertad para experimentar, aunque se apuran a aclarar que no es una obra teatral.
El paisaje sonoro de Montevideo tiene también las motos sin silenciador, los ómnibus viejos, pero acá el protagonismo lo tiene el mar. Dudan si contarlo, se ríen, pero al final lo hacen: cuentan que en el espectáculo en la Verdi el mar será el hilo conductor. “Intentamos evocar esa imagen del mar que está siempre de fondo presente en la ciudad. Es una ciudad que mira el mar”, dice Lucía, la diseñadora, así que eso estará presente desde la escenografía y el vestuario. También en animaciones de Agustín Ferrando (el creador de Tiranos temblad, amigo y colaborador de Luciano) a partir de las ilustraciones del libro.
Luciano Supervielle - Difusión
¿Lo piensan como un espectáculo infantil, familiar? ¿Qué etiqueta le pondrían, si los obligo a hacerlo?
Luciano Supervielle: Familiar, ¿no?
Eloísa Casanova: Sí, yo creo que es una oportunidad de conexión entre grandes y chicos. Los muy chiquitos, quizás va a ser una cosa más sensorial. La apuesta también es a trabajar con las infancias no con una cosa muy digerida, sino con sensaciones, colores, sonido, como que hay una propuesta afectiva, sonora, sensitiva.
Lucía Rubbo: Hay algo de lo onírico presente.
E.C.: Potenciamos eso con la puesta en escena.
L.S.: Es cierto que hay una conciencia del público infantil, entonces estamos teniendo en cuenta las dinámicas, las duraciones. Pero, a su vez, como toda la música que hacemos en general y nuestros trabajos, hay un poquito también de exigencia, de invitar a la gente a que tenga cierto nivel de… que no esté todo digerido, ¿viste? Que haya un poquito de meterse y de poner de uno mismo.
E.C.: Es un libro también para niños. Más en ese plan que de hacer una cosa de lenguaje más infantil, que es precioso, y que hay gente que lo maneja muy bien porque trabaja más en eso. Nosotros no venimos tanto del mundo de la creación para las infancias, pero sí nos gusta que es un libro también, pensado para el encuentro.
Luciano, para vos como músico, ¿es desafiante eso de incluir a los niños?
L.S.: Pasa que dentro de la música que hago en mi vida normalmente hay una cosa lúdica y entretenida. Entonces, en este tipo de contextos hago un poquito más de foco en esa parte, pero es algo que no estoy descubriendo por primera vez. No es raro en mi lenguaje musical.
Matías Craciun: En la arquitectura musical de Luciano, ya hace un par de años que venimos trabajando con un cuarteto de cuerdas. Que tú dices “cuarteto de cuerdas” y te suena a Mozart, algo como clásico. Sí, eso está, pero también lo desarrolla para llevarlo en función de la escena o al momento, a la parte poética que se quiera. No es extremadamente clásico el uso del instrumento, eso creo que le permite a Luciano, “vamos a incluir y que sea para también infancias o adultos”. Creo que eso es algo muy bello.
L.S.: Había desde el principio del proyecto una idea de que fuera como una cosa también un poquito didáctica, de conocer los instrumentos y dialogar los instrumentos con sonidos más familiares. Así es como de pronto un violín está haciendo como una mímica de un pajarito o en un momento donde nosotros nos salimos de nuestro rol, nos ponemos a silbar. Desacralizarlo un poco, lo que decía Mati. Jugar con nuestras posibilidades, con las posibilidades sonoras de nuestros instrumentos.
L.R.: Hay algo de sacar a pasear o a jugar, mejor dicho, ambas cosas, a la niña interior en mi caso; conectar con el niño que fuimos. Hoy nos pasó eso con Eloísa en la sala, que nos encontramos por primera vez con el material de la escenografía, y fue, bueno, “vamos a jugar” [se ríen]. Esa fue la sensación, qué lindo que es poder juntarse a jugar y crear universos.
¿Descubrieron cosas de Montevideo en este proceso? ¿Cambió en algo el vínculo con la ciudad?
E.C.: Hay una parte que no mencionamos del libro, que es de buscar personajes [culturales, históricos de Montevideo, desperdigados en las ilustraciones]. Y creo que ahí sí fue, no sé si un descubrimiento, pero sí cuando uno tiene que elegir a quién vas a poner o a quién vas a resaltar, fue investigar esas historias y decir: “Ah, no sabía que Felisberto [Hernández] había hecho esto”, o no sabía que la persona que hacía las baldosas se llama Odín. En lo personal, más que descubrir fue elegir o fijar, “esta es mi visión de esta ciudad, esto es lo que yo quiero transmitir de lo que me despierta”.
L.S.: Hay una característica que nos une a Laura [Carrasco], a Elo y a mí, que los tres tenemos una fuerte conexión con otros países. Yo viví en Francia mucho tiempo; nací allá, de hecho. Elo nació en Chile, Laura vivió mucho tiempo afuera también, en Italia. Cuando empezamos a trabajar el libro, ella estaba en Italia. Eso creo que también hace al resultado: uno cuando está acá no es tan consciente de lo presente que está el mar en esta ciudad, es impresionante; cualquier persona que viene de afuera… es una cosa muy llamativa a nivel sonoro, a nivel sensorial, a nivel de todo tipo. Es como que fuera la ciudad de Montevideo como una especie de barco que va navegando en el océano, y es muy notorio para una persona que estuvo fuera de Montevideo.
L.R.: Es interesante lo que propone el libro, de la mirada, que convergen pasado, presente y un poco de futuro también. Desde la parte de los fósiles o de personajes que ya no están físicamente, pero que tienen presencia de alguna manera, como las ballenas, Felisberto. Todo eso está superpresente. Y después, el futuro me parece más de cara a “lo que se convertirá en canciones”. No hubo una búsqueda directa y, sin embargo, apareció.
L.S.: Es que el libro es como una invitación a mirar Montevideo, a inspirarse.
M.C.: Y mirar juntos, ¿no? Creo que la dinámica esa de adulto, niño, niñe…
L.R.: Hasta el juego propuesto de buscar cosas que están, aparecen…
M.C.: Esa interactividad. Que pasa también cuando uno va caminando por Montevideo, en mi caso con mis sobrinos. “Mirá este árbol, vamos a esta plaza”, la misma plaza que paso todos los días, pero cuando la descubro con él es distinta.
No tiene nada que ver ir por la ciudad yendo a un lugar con caminar para verla.
L.R.: Sí, jugar a ser turista en la ciudad es divertido, porque te propone como otra forma de vincularte con el paisaje cotidiano.
En tu caso, Luciano, andaban tus niños por acá…
L.S.: Que son gran inspiración del libro, además.
Para hacer tu música más lúdica, ¿los incorporás en el proceso, les mostrás la música, qué les parece…?
L.S.: Nos acompañaron en todo el proceso, compartimos bastante.
E.C.: Si les gustaba era un indicador.
M.C.: Es el mejor sensor.
L.S.: De hecho, un poco son ellos los personajes.
¿Y han visto la escenografía?
L.S.: No, todavía no. Se van a sorprender.
Por Gastón González Napoli
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