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De Nordelta al Sahara

“Instrucciones para las ruinas” de Ana Fornaro da ganas de hacer periodismo

Esta colección de crónicas y algunas columnas de la directora de la revista Lento resulta inspiradora.

23.07.2026 16:46

Lectura: 6'

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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

La crisis del periodismo quién sabe ya cuántos años lleva, ni cuántos viandazos han pegado los medios para tratar de salir del torbellino, y sin embargo siguen apareciendo personas con la vocación, que se meten en este berenjenal porque no pueden evitarlo, aunque saben que la tendrán cuesta arriba, porque llevan en su fuero íntimo el bichito de querer contar el mundo. Ese bichito aparece con caras distintas; una, la del ratón de redacción, de escarbar por la noticia, patear juzgados, cultivar fuentes, husmear entre versiones taquigráficas y andar con el teléfono pegado al oído; otra es la de escabullirse de la actualidad en busca de algo más de fondo, más atemporal. Leer el libro Instrucciones para las ruinas, de la periodista uruguaya Ana Fornaro, hace picar esa segunda versión.

Cuando uno llega a las facultades de Comunicación o escuelas de periodismo con esa hambre de notas largas, densas de información y color; perfiles para conocer personajes mejor de lo que los conoceríamos meramente con entrevistas; reportajes en profundidad con recursos narrativos, con un vuelo literario que la noticia diaria no permite, se fascina con los Frutos extraños de Leila Guerriero, las Crónicas de sangre, sudor y lágrimas de Leonardo Haberkorn, los compilados de la revista Rolling Stone, la Operación Masacre de Rodolfo Walsh o los muchos libros del polaco Ryszard Kapuscinski. Tal vez Instrucciones para las ruinas pueda sumarse a ese mix. Al menos sus dos primeros tercios.

Porque este libro se divide en dos: la parte inicial, más extensa, se titula “Largo aliento” y reúne crónicas y perfiles que Fornaro publicó en las revistas Lento, en Uruguay, y Anfibia, en Argentina (ella vive en Buenos Aires). La segunda, “Sin aliento”, reúne textos más personales de Fornaro, más cortos, del estilo de los que se publican en contratapas (donde de hecho se publicaron algunos de ellos, en Brecha), y otros de humor, que publicó en la sección correspondiente de Lento bajo el seudónimo Juana Gris.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

“Sin aliento” tiene lo suyo. Su Juana Gris no busca la carcajada sino la sonrisa y la consigue. Pero por naturaleza es menos periodístico, hasta coquetea con la ficción. El mejor probablemente sea el que le da título al libro, básicamente una columna de opinión que Fornaro escribió a partir de su —mala— experiencia en uno de los recitales que Coldplay dio en el Monumental de Núñez en 2022: la llevó a reflexionar sobre este tipo de espectáculos masivos en tiempos de crisis económica y social.

“Largo aliento” es el grueso del libro y su parte más destacada. El arranque es una sorpresa.

En 2013, cuando yo estaba en facultad, se inauguró la revista Lento, de La Diaria, y me suscribí enseguida. Era un hogar uruguayo para ese tipo de periodismo que tanto me enamoraba. La primera tapa tenía la foto de un Spiderman congelado en medio de sacarse la máscara: era un perfil del Hombre Araña uruguayo, que en lugar de proteger Manhattan protege el Parque Rodó. Un personaje entrañable y un poco trágico, que la nota retrataba con mimo. Me encantó.

Pues resulta que lo firmaba Ana Fornaro. Trece años más tarde, es el texto que abre Instrucciones para las ruinas.

Fornaro es hoy la directora de Lento. Pero la mayoría de las crónicas que reúne acá tienen que ver con la Argentina donde está radicada. “Las chicas de Nordelta” cuenta la batalla de las empleadas domésticas de ese conjunto de barrios cerrados a las afueras de Buenos Aires, que se rebelaron, cortaron calles y se organizaron, en protesta primero por que las camionetas que debían levantarlas no lo hacían si venían con residentes de los barrios, que no querían compartir vehículos con ellas; luego, por las condiciones laborales paupérrimas con las que tenían que lidiar.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

“Zamba para un padre solo” narra otra batalla: la de Jean Michel Bouvier, el padre de una veinteañera francesa asesinada en Salta hace 15 años, por lograr justicia. El retrato de un hombre de una entereza moral pocas veces vista. Y “Un lobo de Wall Street” es la búsqueda de Fornaro por ponerle rostro a los “fondos buitre”, aquellos que compraron títulos de deuda argentinos en las postrimerías de la crisis de 2001, que rechazaron la reestructuración propuesta por los gobiernos del kirchnerismo, y que fueron a juicio en EEUU para cobrar miles de millones de dólares.

El reportaje más extenso y complejo es “Arena en los ojos”, crónica de un viaje de Fornaro al Sahara Occidental, la región al sur de Marruecos que fue colonia española y francesa, que reclama su independencia desde hace más de medio siglo pero que vive bajo ocupación marroquí en una suerte de estado policial. Un texto que recuerda los de Kapuscinski en África, que acerca una realidad bastante desconocida en Latinoamérica, la del pueblo saharaui, a pesar de que nos une el pasado colonial español, y en la que se siente la tensión, los vehículos policiales sin matrícula que persiguen y vigilan a Fornaro y el fotógrafo y activista brasileño Rogério Ferrari, los militantes que viven casi como beduinos.

Si hubiera que hacerle una crítica, se vincularía con lo transparente que es en su escritura que Fornaro tiene una mirada de izquierda. No significa que sus textos sean panfletarios. Pero en la selección de los temas y cómo los enfoca está muy claro, y eso puede alejar a algún lector. Sucede que ella no marca distancia de lo que escribe. “Suelo involucrarme mucho en las situaciones que narro”, dijo en entrevista con LatidoBEAT, “incluso cuando luego elijo correr el yo de un texto, antes puse el cuerpo y desde ahí se escribe diferente”. Aunque su primera persona no es protagonista, sí está presente en su escritura. No la trata de ocultar como se enseña en muchas de las escuelas periodísticas sino que utiliza la subjetividad a su favor.

En esa misma entrevista, la autora definió su libro como “crónicas sobre gente herida que busca sentido o cierta reparación”. Es una definición muy certera. Quizás por eso sea necesaria una segunda parte como “Sin aliento”, que aliviane la mochila con textos sobre la adicción a tomar taxis o una infancia de bagayera en el Chuy. Pero quedan las ganas de leer más de ella como periodista, más de esas historias de gente herida que busca el sentido, que bien podría ser una definición para la sociedad de hoy.

Por Gastón González Napoli
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