Por Sofía Lust
lust.sofia
La palabra "hokum" parece hecha para una película de terror. Pero, antes de ser el título de la nueva película del director Damian Mc Carthy, es una palabra del espectáculo: significa truco, artificio, efecto barato, material exagerado para arrancarle al público una reacción. También significa pavada, verso, cuento. En esa doble acepción está casi toda la promesa de la película. Un hombre llega a Irlanda, escucha una historia sobre una bruja encerrada en una habitación de hotel y decide que todo aquello es exactamente eso: hokum. Un invento local. Una superstición pintoresca. Una trampa narrativa para turistas, borrachos o escritores en crisis.
Ese hombre es Ohm Bauman, interpretado por Adam Scott. Un novelista de terror que viaja a una posada rural irlandesa para esparcir las cenizas de sus padres. El lugar que elige no es casual: allí pasaron sus padres su luna de miel. Como suele pasar en el horror folklórico, el viaje arranca como un regreso sentimental y enseguida se convierte en una entrada a un sistema de reglas que el visitante no entiende. La posada tiene empleados raros, silencios incómodos, pasillos que parecen diseñados para desorientar y una suite de luna de miel clausurada por una historia que nadie cuenta del todo bien.
Mc Carthy, nacido en West Cork y formado en una tradición irlandesa en la cual el relato sobrenatural todavía tiene gran peso cotidiano, viene trabajando estos temas desde Caveat (2020) y Oddity (2024): casas aisladas, objetos cargados, personajes que entran tarde a una historia que empezó mucho antes que ellos. Su cine entiende que la leyenda funciona de manera particular. Las leyendas te dicen que en este cuarto pasó algo, que en este camino conviene no detenerse. Que en este árbol no se toca nada, que en esta fecha los muertos pueden volver. El folklore no sobrevive porque sea verdadero en términos comprobables. Sobrevive porque organiza el miedo de una comunidad a lo largo del tiempo.
Ahí Hokum (2026) tiene un terreno extraordinario. Irlanda es uno de los países donde la imaginación sobrenatural no es solo parte del turismo. La National Folklore Collection, en la University College Dublin, conserva miles de relatos, entrevistas y registros sobre vida cotidiana, creencias populares, brujería, hadas, apariciones, muertos que vuelven, lugares peligrosos y seres como el Púca. Una criatura cambiante, tramposa, capaz de adoptar formas animales y confundir a los viajeros. El terror irlandés ya tiene un buen repertorio.
"Hokum" (2026), Damian Mc Carthy
El horror folklórico trabaja con una figura central que por lo general suele ser un intruso: alguien moderno, escéptico, urbano o extranjero que entra en una comunidad donde las viejas creencias siguen funcionando con una lógica propia. En The Wicker Man (1973), el policía racional llega a una isla que ya decidió su destino. En The Witch (2015), la fe, la tierra y el hambre producen una forma de paranoia que termina pareciendo inevitable. En Midsommar (2019), la comunidad convierte el duelo íntimo en ritual.
El folk horror funciona porque ataca una seguridad bastante moderna: la idea de que entender algo alcanza para dominarlo. Uruguay tiene una versión muy clara de eso en la Luz Mala, uno de los relatos rurales más persistentes del folklore rioplatense: una luz que aparece de noche en el campo y que la tradición asocia con almas en pena. Incluso cuando se la explica como fuego fatuo, por gases de materia orgánica en descomposición, la historia sigue funcionando, porque su eficacia nunca dependió del dato científico. Dependió de otra cosa: de que alguien, en algún momento, decidió que esa luz no era solo una luz, y que acercarse demasiado podía ser peligroso.
"Hokum" (2026), Damian Mc Carthy
Mc Carthy sabe construir espacios. También sabe manejar el salto de susto, ese recurso tan despreciado cuando se usa mal y tan efectivo cuando está bien ejecutado. Hay momentos en que la película logra que una puerta o una figura apenas desplazada dentro del encuadre logren el sobresalto y terror esperado en el espectador. El problema es que muchas veces la acumulación de sustos sustituye la exploración del mito. La película se apoya en la potencia de la bruja, del conejo, del cuarto prohibido, del hotel como organismo, pero rara vez convierte esos elementos en una mitología verdaderamente inquietante.
Adam Scott era una elección perfecta para esa ambivalencia. Después de Severance (2022), su rostro trae consigo una cualidad muy útil para el terror contemporáneo: puede parecer agotado, irónico, emocionalmente clausurado y profundamente vulnerable en la misma escena. Tiene algo de hombre común administrando un colapso interno con modales de oficinista. En Hokum, su Ohm Bauman es desagradable, seco, demasiado inteligente para su propio bien. Eso podría haber sido fascinante; un escritor de terror que gana dinero fabricando miedo y, cuando el miedo se le presenta en una forma ancestral, lo reduce a superstición barata. La película roza esta ironía, pero no la muerde del todo.
"Hokum" (2026), Damian Mc Carthy
Genera algo de frustración, porque Hokum llega en un momento brillante para el género. Backrooms (2026) convirtió una leyenda de internet, nacida en foros y videos liminales, en una maquinaria cinematográfica de ansiedad espacial. Obsession (2026) tomó una premisa casi elemental, el deseo como maldición, y la empujó hacia una sensibilidad generacional más sucia, directa y contemporánea.
Por eso Hokum resultaba tan interesante: podía unir dos tradiciones de miedo. De un lado, el folklore irlandés con su peso oral, rural, familiar, de reglas para convivir con lo invisible. Del otro, el horror actual, que viene de un ecosistema donde cualquier imagen puede convertirse en leyenda si circula lo suficiente. La película tiene el título perfecto para ese cruce. "Hokum" es el truco teatral y el cuento falso, pero también el nombre que el escéptico le da a aquello que todavía no lo convenció. En el terror, la incredulidad casi siempre es una forma de arrogancia.
El folklore en este caso queda muy apoyado en su histórico prestigio, como una capa atmosférica sobre una historia de trauma que el cine de terror reciente ya visitó muchas veces. La bruja prometía una entrada a una imaginación más antigua y más rara, pero la película termina ordenándola dentro de un arco psicológico bastante conocido.
"Hokum" (2026), Damian Mc Carthy
Decir que la película es decepcionante sería un poco injusto. Hokum tiene momentos de verdadero susto y una atmósfera que confirma a Mc Carthy como uno de los directores actuales más atentos al placer primario del terror, pero no podemos negar que queda por debajo de su propia premisa. Tenía a Adam Scott, tenía Irlanda, tenía el hotel, tenía la palabra, tenía la tradición oral, tenía el contexto perfecto de un género renovado por voces jóvenes y mitologías nuevas. Tenía, sobre todo, una idea poderosa: que las leyendas no son cuentos viejos, sino mecanismos de supervivencia que seguimos usando para nombrar lo que no podemos procesar.
Hokum entiende el valor de su material, pero parece desconfiar de él justo cuando debería empujarlo más lejos. Todo está dispuesto para una película más rara, más incómoda, más aferrada al poder concreto de las leyendas. El resultado, en cambio, se queda a mitad de camino entre la casa embrujada eficaz y el horror folklórico que pudo haber sido. En un momento en que el género viene encontrando aire nuevo en mitologías de internet, obsesiones contemporáneas y viejos relatos reciclados con inteligencia, Hokum tenía la oportunidad de probar que una superstición rural todavía puede sentirse peligrosa. La idea está. La película la rodea, la ilumina por partes, la deja respirar en algunas escenas. Después retrocede. Y eso, más que cualquier susto, es lo que termina pesando. La película se estrena este 18 de junio en cines uruguayos.
Por Sofía Lust
lust.sofia
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla reportarcomentario@montevideo.com.uy, para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]