Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose
Lucía Seles atrajo a cierto público selecto gracias a su Tetralogía inconclusa de odio desencadenada (2023), ciclo conformado por Smog en tu corazón (2022), Saturdays Disorders (2022), Weak Rangers (2022) y Terminal Young (2023). Inconclusa porque sigue expandiéndose. Se piensa como una obra abierta, como un programa estético, ya que sigue una lógica de expansión constante aunque algunos críticos han intentado cortar su desencadenamiento posiblemente infinito denominándola simplemente como "Trilogía de tenis", dejando otras opciones y posibilidades fuera de la discusión.
Son videos —así los llama ella— que de igual forma ostentan su característica singular si se los ve independientemente, sin seguir el orden predilecto marcado por su autora. Allí, Seles, a partir de una disciplina estricta y técnica como lo es el tenis, posa el ojo y la atención en pequeños detalles que, como podemos entender en su libro Hockey de mujer (2025), a la artista la superan y la atraviesan. Son detalles cotidianos y observaciones que están y existen al alcance de la mano. Ínfimos destellos que pasan por nuestros ojos todos los días pero que obviamos, o tal vez ni vemos, y que cuando lo hacemos nos desatan una adrenalina vívida y sustancial. Como descubrir la cúpula de un edificio que siempre estuvo allí en 18 de Julio, pero que nunca saboreamos por tener la atención puesta en la aplicación de STM o en la discusión que se da en la puerta del Facal. Y es allí donde recae la genialidad de Seles, en su capacidad de detenimiento. Producto quizás de su amor por estar casi todo el día en soledad, anotando en libretas que se vuelven infinitas con una letra minúscula mientras viaja en algún ómnibus a una confitería de provincia.
Luego se le sumó Fire Supply en 2024, un video dividido en dos partes y que llevó a algunos a rebautizar la tetralogía como la pentalogía del odio. Aún, por supuesto, inconclusa. Sigue insistiendo con su lógica de observación constante con videos como School Privada Alfonsina Storni (2024), pero no entra en ese eje de tenis, disciplina y repetición. Queda afuera de esta serie, pero no se aleja para nada del universo selesiano.
Además de sus videos, de su grafomanía que carga con orgullo diciendo que la pone muy triste pasar por confiterías y ver que no hay nadie anotando nada, y que ella no sale de su casa sin libretas, es una eximia estudiosa del arte de la guitarra clásica y del bandoneón.
Smog en tu corazón (2022), Lucía Seles
El libro en cuestión fue editado por Fadel & Fadel y está dividido en secciones. No son capítulos, sino que resultan ser un conjunto de fragmentos de libretas o diarios aislados. Todos, por supuesto, numerados como 01, 02 y así sucesivamente, respetando esta fascinación por la numerología que Seles mantiene y sostiene como una marca personal que arrastra a fuego. En los mismos, encontramos pinceladas que perfectamente podrían ser poéticas, si entendemos los versos poéticos como destellos de lucidez o momentos breves y efímeros de belleza.
En sus diarios del 12 de julio al 29 del mismo mes del año 2016, persisten entradas fechadas que son instantes. Pensamientos que se le cruzan a Seles y que resultan tan fuertes que la hacen sucumbir ante la tentación de anotarlos en su libreta. Los tópicos son recurrentes: la tristeza, la soledad, el humor y las "preguntas azules", denominadas así por ella misma. Las preguntas azules suelen tener una cierta picardía y provocan —intencionalmente o no— la risa en el lector.
Si la peculiar forma en la que Seles utiliza la narración en sus videos llama la atención, ya sea en las líneas narrativas, los diálogos o los cuadros de texto que superpone a las imágenes, llevadas al texto aún siguen ostentando su fuerza. La utilización de símbolos matemáticos como el + o el -, el uso intercalado del inglés mal conjugado son solo algunas muestras. Unas que engloban este desafío frente a la ortografía, como una suerte de resistencia frente a algo que se impone y busca vulnerar el hábitat propio de la autora. Cualquiera que haya atravesado las rejas del universo selesiano puede reconocer un texto escrito por la autora, aunque el mismo no esté firmado. Incluso puede reconocer cuando algún artista incoloro e insustancial busca repetir ese impacto que carga el uso del lenguaje de Lucía.
Por otra parte, el libro también cuenta con una sección destinada lisa y llanamente a los desahogos. Y resultan ser eso mismo que su título indica. Se lamenta una mañana horrible de invierno que tuvo alguna vez y culpa al universo. Sueña con ser nuevamente solo una niña que escucha a Genesis. Los mástiles que lucen hermosos, erguidos en mitad de la noche. Pasar todo el día mirando un jardín y que eso sea un desahogo suave, como cuando terminás un graffiti spray.
Saturdays Disorders (2022), Lucía Seles
Cerca de la mitad del libro, Seles destina una sección a las anotaciones sobre sí misma y los podcasts. En las mismas sugiere unir todos los podcasts que hay de basketball con los de Semana Santa. También se queja de que ya existen demasiados podcasts sobre jazz, pero que igual le encanta dormirse en los trenes escuchándolos.
Casi todos los textos están intercalados por pequeños recuadros que contienen imágenes sacadas por la propia autora. Imágenes sin textos superpuestos, como los que podemos encontrar en su cuenta de Instagram, @nuevaparkingtiffany16. Muchas imágenes de personas en movimiento, en el movimiento rutinario. Algunos deportistas como patinadores o jugadores de hockey, algunos fotogramas de los propios videos de Seles, pequeñas ventanas, edificios, carteles luminosos o simplemente hojas con garabatos y stickers de Pucca.
Si volvemos a esa genialidad de la que Seles es portadora, quizás hasta sin saberlo —aunque en el libro notemos que ella es consciente de que es ya una adulta que ha hecho casi todo lo más importante en su vida y que fue “buenísima” en cada una de sus actividades—, e intentamos desgranar y desenterrar su motivo, nos encontramos con pistas invisibles, casi intangibles. Podríamos pensar que el humor, la tristeza y el absurdo, que en apariencia resultan y derivan en situaciones bastante irreales dentro de los videos de Seles, son en definitiva los cimientos gracias a los cuales se sostiene cualquier ser humano, para no sucumbir ante aquello terrible que la autora contundentemente declara que no la va a invadir. ¿Qué es eso de lo que hay que escapar? Quizás no sepamos fehacientemente de qué se trata y su sentido sea el de proponernos escapar de lo mismo. Crear un hábitat propio en el que las manías y la inocencia se entremezclen con el desinterés y la crueldad. Un hábitat del que Seles conoce su importancia.
Son 20 años de llevar con ella ocho lapiceras de distintos colores. Se la pasa anotando todo el día, dijo en una entrevista para Rolling Stone. No existe ningún tipo de chance de que salga de su casa sin al menos una, incluso duerme con dos al costado de su almohada. Ser grafómana, dice, es más importante que la angustia, que la felicidad.
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