Documento sin título
AgregarAgreganos en GoogleGoogle
You Get What You Need

“Foreign Tongues” de los Rolling Stones bien puede ser su mejor disco en 40 años

Jagger, Richards y Wood no buscan sonar a otra cosa que a ellos mismos y aun así se sienten muy actuales.

17.07.2026 14:20

Lectura: 8'

Compartir en

Por Gastón González Napoli
ggnapoli

Casi como las gambetas de Messi para un futbolero, cada disco nuevo de los Rolling Stones es un regalo para cualquiera que le guste el rock. El último se llama Foreign Tongues (2026), viene a menos de tres años del anterior, es una de sus obras más políticas y entra fácilmente en el top 3 de su discografía de las últimas cuatro décadas.

¿Mucho? Quizás. ¿Pero qué disco realmente contundente sacaron desde el Undercover (1983)? Canciones sueltas del Voodoo Lounge (1994) (“Thru and Thru”, himno en la voz de Keith Richards), el Bridges to Babylon (1997) (“Out of Control”, que fue una bomba en su show de 2016 en el Centenario) o A Bigger Bang (2005) (quien escribe es fan de “Streets Of Love”) entrarían en una lista de destaques históricos de los Stones. Ahora, de pe a pa, ¿por cuál pone usted, lector, lectora, las manos en el fuego? ¿Me va a decir que no venían surfando la ola, más dispuestos a celebrar sus aniversarios que a desafiarse? En el cuarto de siglo entre 1994 y 2019 sacaron solo tres álbumes de estudio, pero editaron el disco de versiones acústicas Stripped, el libro autobiográfico colectivo According to The Rolling Stones, los compilados Forty Licks (2002, para conmemorar sus 40 años), GRRR! (2012, para los 50), y Honk (2019); la película Shine A Light (2008) la recopilación On Air, de grabaciones de sus presentaciones en la radio de la BBC entre 1963-65 (2017), y el disco de covers de blues Blue & Lonesome (2016), además de las autobiografías de Richards (Vida, 2010) y de Ronnie Wood (Wood, 2007). Si bien seguían girando, estaban en su etapa de reminiscencias. Y bien por ellos, que merecido lo tenían.

Por eso no tiene ningún sentido que ahora estén en el nivel creativo en el que están. Hackney Diamonds, de 2023, fue una sorpresa. Foreign Tongues ya no lo es.

La tapa es un collage de retratos caricaturizados de Mick Jagger, Richards y Wood: los rostros surcados por arrugas, carreteras más que líneas de expresión; bolsas bajo los ojos; el pelo, eso sí, negrísimo a pesar de los casi 83 (Jagger), 82 (Richards) y 79 (Wood) años. Ya desde ahí no se oculta que Foreign Tongues está más reconciliado que su antecesor con ser la obra de un grupo —por ser buenos— entrado en edad. No hay una Lady Gaga imbuyéndolo de pop, y aunque hay una cantidad de invitados (Paul McCartney, Chad Smith de los Red Hot Chili Peppers, Robert Smith de The Cure, Steve Winwood), ninguno tiene protagonismo. La luz seguidora está en ellos. Son unos viejos, sí, ¿y qué?: acá lo usan a su favor. Desde su Olimpo pueden impunemente apuntarle a Elon Musk y pueden quejarse de que ven al mundo yéndose al demonio.

Es más desprolijo que Hackney Diamonds, e indudablemente es un disco de legado, un disco que suena a ellos mismos. Las guitarras entrelazadas en la apertura con “Rough & Twisted” ya ponen la piel de gallina, una punzada de nostalgia porque son ellos, Keith y Ronnie, tocando como solo lo hacen ellos dos cuando están juntos, y otro poco porque se suenan todo. Es un clásico blusero instantáneo, lo escuchás y pensás que es un cover de algo salido de Chicago en los 50 pero no, es otro producto de una de las alianzas musicales más prolíficas del Reino Unido. Una guitarra slide, la armónica tremenda de Jagger, el piano, el saxo. Las piezas del puzzle se van armando mientras Mick pavonea su voz intacta y uno no puede evitar sonreír.

Enseguida, sin embargo, y aunque nunca dejan de sonar a los Rolling Stones, son las letras las que traen a Foreign Tongues al hoy. “In The Stars”, el segundo tema del tracklist, es un rock/pop medio genérico elevado por sus guitarras (al final te compra y decís sí, temazo). Jagger canta: “¿Querés bailar hasta que el techo se caiga?/Y las guitarras chillen y el coro siga cantando”. Podría ser una referencia a estar de fiesta, a tirar la casa por la ventana, pero las canciones siguientes corrigen: el mood es de fin del mundo.

“Mr. Charm”, con su mención a viajes al espacio y al “magnate loco Mr. Musk”, se siente como una heredera temática de “Sympathy For The Devil”. “Divine Intervention”, con su outro extensa, con los vientos de fondo sonando como las trompetas del Apocalipsis, dice: “La intervención divina/Está fuera de la mesa /Y voy a bailar en las llamas”. “¿Podemos correr más rápido?”, canta luego Jagger, alegremente, “es un desastre total”.

“Ringing Hollow” es tal vez la más explícitamente política, aun sin mencionar a nadie con nombre y apellido. Una balada preciosa con las guitarras eléctricas danzando sobre una acústica y luego un piano. Richards la ha definido como “una muy tierna canción de amor a EEUU y qué carajo salió mal”. “La Estatua de la Libertad no se ve tan linda cuando tiene el ceño fruncido”, canta Jagger.

No siempre funciona: en “Covered In You”, que cuenta con el bajo de Paul McCartney, el comentario sociopolítico se siente más forzado. Por otro lado, en “Side Effects”, una muy buena canción Stone post 90 que podría estar en el Voodoo Lounge, parte de la base de una crítica social (la cantidad de publicidades de medicamentos que hay en la TV estadounidense) para buscarle una vuelta más sutil y jugar con el doble sentido de comparar a una amante con una droga. Y claro: Jagger y Richards si de algo saben es de mujeres y de drogas.

Destaques particulares para “Jealous Lover”, el pegadizo corte de difusión, con Jagger recuperando su divisivo falseto; “Never Wanna Lose You”, de influencia disco, con la línea de bajo bien arriba y más tarde unos bongó; y las dos almas emocionales del disco: “Some Of Us” y “Back In Your Life”.

La primera es la única que canta Richards, con coros de Jagger. En la voz se le nota la edad de una forma que al vocalista principal no le pasa, se le oyen el bourbon, el pucho y la vida —por ser buenos— disipada. Esto es un elogio: le sienta espectacular. El estribillo, con ese órgano de fondo, es muy bello sin perder la sonrisa guiñada. Es hermosa la outro, intercambiando coros entre ambos.

La segunda es una balada épica de amor de más de seis minutos de duración, con un pedazo de solo de guitarra de Wood. “Come on, Ronnie”, le dice Jagger antes de que se largue y puf, vaya si se larga. Wood dice que el productor Andrew Watt quedó llorando cuando terminó de grabarlo. Dice que el solo lo poseyó, que él no tuvo control. Se nota.

No tienen por qué seguir, sus discos siguen sonando. Aquellos que agarran por primera vez una guitarra siguen tratando de sacar “(I Can’t Get No) Satisfaction” y “Wild Horses”. “Gimme Shelter” y “Street Fighting Man” podrían hablar de la actualidad y no del Mayo Francés y Vietnam. Que sigan, y que sigan así, es un literal por amor al arte. Y por amor a su público.

Foreing Tongues incluye también dos covers. Uno de “You Know I’m No Good”, joya del Back To Black (2006) de Amy Winehouse. La decisión parece rara en principio —han dicho que querían versionar un tema de una artista mujer— pero funciona, le dan un color propio aunque no la cambien mucho, y la armónica de Jagger es la frutilla de la torta. Además, es un lindo gesto para la memoria de Winehouse.

Por último, el disco cierra con “Beautiful Delilah”, una canción de Chuck Berry que no está entre sus más conocidas, a la que los Stones ya habían interpretado en aquellas presentaciones en la radio de la BBC que compilaron en On Air. Es un gran ejercicio comparar ambas versiones, separadas por más de 60 años: la temprana con la voz más “fea” y chocante del Jagger joven; la actual convertida en un blues de guitarra acústica, acompañada por una eléctrica slide, con la voz tirada al fondo en la mezcla como si fuera una grabación la vieja escuela. Foreign Tongues termina entonces explícitamente como un viaje al pasado (como también terminaba Hackney Diamonds, con un cover de “Rolling Stone Blues” de Muddy Waters). Porque, bueno, tampoco se engañan.

Es un final más bajo, una calma luego de la explosión de “Back In Your Life”, y una puerta de entrada para ponerse a escuchar el blues y rockabilly con el que se criaron ellos en la Londres de posguerra, a seguir de largo viajando por la música, una de las pocas disciplinas que permite viajar en el tiempo.  

Por Gastón González Napoli
ggnapoli