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“El último viaje a China”: un retrato construido desde la memoria

El documental dirigido por Alejandro Maci y producido por Pablo Echarri recorre la vida y la obra de la actriz.

23.04.2026 17:00

Lectura: 6'

2026-04-23T17:00:00-03:00
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Por Sofía Lust
lust.sofia

Este 22 de abril se estrenó en cines de Argentina y Uruguay El último viaje a China, un documental que propone acercarse a China Zorrilla, una de las figuras más queridas y complejas de la cultura rioplatense.

Dirigida por Alejandro Maci, producida por Pablo Echarri y protagonizada por Carlos Perciavalle y Soledad Silveyra, la película se construye desde un lugar profundamente afectivo. No es una biografía lineal ni un recorrido cronológico clásico, sino, más bien, una conversación extendida en el tiempo, un intento de recuperar su presencia.

China aparece, pero también aparece lo que dejó en otros. Amigos, colegas, afectos. Hay una intención constante de reconstrucción a partir del vínculo. No se trata solo de lo que hizo, que sin duda fue muchísimo, sino de lo que generó. Esa especie de energía que todavía parece circular entre quienes la conocieron.

Esa decisión narrativa se vuelve más clara cuando Echarri explica qué le interesaba preservar en este documental, si la verdad histórica de China o la experiencia emocional que dejó en los demás: “Me interesaba mucho la parte emocional de China, la cercanía que China generaba en los demás. Ese deseo de abrazarla, de besarla".

Este proyecto es el único de Alternativa, la productora que creó el actor argentino hace tres años. Dice que lo agarró en un momento "muy complicado" en Argentina en materia de producción audiovisual independiente, pero que logró tomarlo a raíz de que ya había intenciones de hacerlo por parte de Sinapsis, la productora uruguaya de Alfredo Caro. Echarri se contactó con Marcos Carnevale, director de Elsa y Fred (2005) y admirador de Zorrilla.

“Le comenté que había dicho que sí a la producción de un documental sobre la China. 'Ayudame' —le dije—, 'dame una mirada tuya porque vos la conociste más que muchos. Aparte, la amabas'”, recuerda. Carnevale le dio consejos, entre ellos que llamara a Maci, quien hizo un documental sobre la directora argentina María Luisa Bemberg.

Pablo Echarri. Foto: @luli.gonzalez_

Pablo Echarri. Foto: @luli.gonzalez_

Echarri sostiene que el documental le hace honor a Zorrilla porque la muestra genuina y entrelaza cuestiones personales: “Hay algo muy interesante en esa conversación entre estos dos amigos de la China, y es que con su recuerdo la hacen emerger. Es como que ella habla de sí misma. Fue una decisión de Alejandro muy acertada. Esa idea lo alejaba absolutamente del esquema repetitivo del relato documental que existe hoy en día, pero me parece que eso le agregó una partida de romanticismo”.

El título no es para nada casual. El último viaje remite a una idea de cierre, pero también de recorrido. Y China Zorrilla fue, en muchos sentidos, una viajera: entre países, entre generaciones, entre formas de hacer teatro y cine. El documental se mueve en esa misma lógica, saltando entre momentos, registros, testimonios, como si replicara su propia manera de habitar el mundo.

La compañía de Carlos Perciavalle en el viaje a Nueva York, según Echarri, fue fundamental. “La China no solamente se encargaba de darle la maestría a la hora de relatar esos eventos, sino que tenía un compañero maravilloso”, dice. A su vez, afirma que la mirada de Solita era importante “por la cercanía que tuvo cuando ella fue hacia Buenos Aires, y que se transformó verdaderamente en una familia”.

Por su parte, Perciavalle recuerda de esos viajes el efecto de Zorrilla: “He viajado por el mundo entero con ella, he actuado en el mundo entero con ella y en todos lados se repetía lo mismo. Salía al escenario y era como un fogonazo de luz, de vida y, conversando con la gente, era un ser único, irrepetible”.

Más que reconstruir una biografía, la película parece construir una atmósfera. A Maci le interesaba la peculiaridad de su figura, el hecho de que fue una artista única en su género. “No me alcanza con decir que China fue una actriz o una excelente actriz. China fue muchas cosas más. Fue una embajadora del Uruguay y de la Argentina. Fue una mujer inmensamente popular a la que los argentinos, cuando empezó a hacer televisión, le gritaban desde los autos cosas de sus personajes, porque amaban a sus personajes. Me interesaba ver cómo se individua como artista esa mujer que se constituyó, sin buscarlo, en un ser político”, dice el director.

Carlos Perciavalle. Foto: @luli.gonzalez_

Carlos Perciavalle. Foto: @luli.gonzalez_

El proceso creativo de Maci consistió en construir una memoria sumando algunos momentos y un encuentro en la finca El Paraíso. Pero, sobre todo, incorporando la música para articular el relato. “Es una China Zorrilla en tiempo de blues”, acota.

Sin embargo, hay momentos en que esa ausencia parece romperse. “Soledad Silveyra y Carlos Perciavalle no se veían hace años. Hace años que Solita no viajaba a esa casa. Cuando de pronto se encuentran y convocan a China, dije: 'algo sucede, acá esta mujer apareció', porque era de una cotidianidad, de una habitualidad, que es la que han tenido en esos jardines 30 años atrás”, recuerda Maci.

Perciavalle sostiene que el corazón y la bondad de China están en su trabajo. No recuerda verla enojada, furiosa, de mal genio o deseándole el mal a nadie. “Eso, seguramente, se retrata en el documental, pero es algo que sobrepasa todo, cualquier registro que pueda ser cinematográfico o de palabra, digamos”, concluye.

A la China se la ve en escena, en entrevistas, en momentos íntimos. No es solo una figura del teatro o del cine: es un símbolo cultural. El documental lo entiende y lo trabaja con cuidado. Aparece su vínculo con Argentina, su impacto en ambos lados del río, su participación en obras que ya forman parte de una memoria compartida.

Alejandro Maci. Foto: @luli.gonzalez_

Alejandro Maci. Foto: @luli.gonzalez_

La película se permite mostrar también sus contradicciones, los momentos de fragilidad, las zonas menos luminosas. Eso la vuelve más real. Más cercana. Lo que termina apareciendo no es un ícono inalcanzable, sino una mujer compleja, con una vida atravesada por decisiones, pérdidas y encuentros.

En ese sentido, El último viaje a China también funciona como una reflexión sobre el paso del tiempo. Sobre lo que queda de las personas cuando ya no están. Sobre cómo se construye la memoria. Hay algo melancólico, inevitablemente, pero también una nostalgia muy cálida, que se sostiene a través del humor que siempre caracterizó a China. Las anécdotas, los relatos, incluso ciertos momentos de archivo, dejan ver esa ironía tan particular que tenía. Esa capacidad de moverse entre lo serio y lo liviano sin esfuerzo.

El documental logra sostener y también reactivar el vínculo. No solo para quienes la conocieron, sino también para quienes la descubren ahora. Hace que China Zorrilla vuelva a estar presente, aunque sea por un rato.

Quizás lo más valioso de El último viaje a China es que no intenta cerrar nada. No ofrece una conclusión definitiva. Más bien, deja abierto un espacio. Como si después de verla uno quedara con ganas de seguir pensando en ella, de volver a sus películas, a sus obras, a sus historias.

Por Sofía Lust
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