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Ver lo invisible

“El día de la revelación” de Steven Spielberg: la necesidad humana de lo sobrenatural

La nueva película del aclamado director plantea preguntas sobre la existencia de un más allá y deja en segundo plano la pericia narrativa.

25.06.2026 12:29

Lectura: 7'

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Por Catalina Zabala
catazabalaa

¿Qué pasaría si, después de décadas de videos falsos en internet, de teorías conspirativas y cuentos sobre el Área 51, se confirmara la existencia de vida extraterrestre? ¿Cómo lo encararían los medios? ¿Qué parte de nuestras vidas cambiaría?

Tiburón (1975), las de Indiana Jones, Parque jurásico (1993), Rescatando al soldado Ryan (1998). Steven Spielberg salta de mundo en mundo, parece no tener límites. Imagina situaciones muy adversas, remite a la imaginación de los niños cuando juegan. Pero por distintos que puedan parecer todos estos frentes que decidió atacar a lo largo de su carrera, la anomalía, lo antinatural, lo imposible es eso que más lo seduce. E.T. (1982), Encuentros cercanos del tercer tipo (1977). La posibilidad de un agente extraordinario —muchas veces extraterrestre— que irrumpe para siempre en el curso aburrido de la rutina, generalmente para peor.

El día de la revelación (2026), su último proyecto, vuelve a proponer esta interrogante sobre las reglas del cosmos. Seres desconocidos que habitan otras partes del universo. No sabemos cómo se ven, no sabemos cómo hablan. Pero de existir, representan una amenaza latente y constante de cambiar el rumbo del planeta Tierra. Siempre está la posibilidad de que aparezcan, y de ahí, imposible saber lo que podría pasar.

El contexto actual de Hollywood lleva años en turbulencia, perdiendo credibilidad. Desde el fin de la pandemia hasta la actualidad, hay mucha desconfianza, mucha teoría en redes sobre engaños masivos y encubrimientos. La publicación de los archivos del caso Epstein en enero de este año dio de qué hablar en todo el mundo, porque justamente abandonaba el terreno de las teorías conspirativas y tomaba por completo el plano de la realidad. Videos que se viralizaron de ovnis por el territorio estadounidense, algunos publicados por la propia Casa Blanca. Recientemente, una especie de vidente decía que veía aliens en el partido Brasil- Escocia de la Copa del Mundo. Hace años que existe un panorama fértil para la aparición de una película como El día de la revelación. Un proyecto que pone en foco todos los elementos y lugares comunes compartidos por las históricas tramas de conspiración.

Ser un director tan célebre y consolidado en Hollywood y ponerse a hablar de conspiraciones de manera tan directa era, por lo menos, llamativo. Las conspiraciones suelen ser ignoradas por el statu quo y las figuras de influencia que lo integran. Pero lo hizo, y quedó a medio camino.

Wardex, un servicio de inteligencia encabezado por Noah Scanlon (Colin Firth) para mantener el secreto oculto. Daniel Kellner (Josh O´Connor), un hombre que trabajando para ellos entendió que se estaba manejando información de interés global y se empeña en la misión de sacar a la luz los archivos que conserva. Así se alía con Hugo, líder de los “experiencers”: una red de creyentes, filtradores, investigadores y personas que también tuvieron contacto con el fenómeno extraterrestre, y que consideran el conocimiento como un derecho humano. Margaret Fairchild (Emily Blunt), una reportera del clima que comienza a tener experiencias extrañas de telepatía y habilidades sobrehumanas que no entiende de dónde vienen.

"El día de la revelación" (2026), Steven Spielberg. 

A nivel filosófico, la película plantea preguntas que todos nos haríamos si los alienígenas aparecieran de repente. La religión y concretamente la Iglesia Católica, por ejemplo, tienen una presencia inusual para Hollywood. Más allá de las escenas en el monasterio de Santa Clara y los intercambios que allí se dan, el diálogo entre Dios y la ciencia funciona como hilo conductor, a veces de forma literal y otras en modo más figurado.

El tema más potente gira en torno a la necesidad humana de creer en algo superior que no puede ver, que aparece como un instinto natural irrevocable. Porque en esta película, el dilema no está en si se conoce la verdad o no, sino en la decisión acerca de si efectivamente esta debería ser divulgada. ¿Qué pasaría con la sociedad? ¿Colapsaría? ¿Podría resistirlo? Y del otro lado, ¿cuál es el acto más responsable? ¿Brindar al ciudadano común una información a la que debería tener acceso, o protegerla del caos y la responsabilidad de lidiar con algo que no le corresponde manejar? Así, se pone en el mismo lugar a Dios y a las fuerzas alienígenas. Jane (Eve Hewson), el personaje católico de la historia, se pregunta en voz alta si deberían darle a la humanidad ese dios en el que siempre necesitaron creer pero jamás ver. ¿Realmente quieren verlo?

En ese sentido, ya premisa ya se había esbozado en el clásico Matrix (1999). Esa escena ya icónica en la que el líder rebelde Morfeo le ofrece a Neo la elección entre dos píldoras: la de color azul, la ignorancia dichosa. La de color rojo, búsqueda de la verdad y la liberación. En este caso concreto, los individuos no tienen la opción de elegir. Es una decisión que se toma tras bastidores, por las élites más poderosas. Y por una cuestión de intereses y de miedo, el sistema parece funcionar con base en el ocultamiento de la verdad. 

"El día de la revelación" (2026), Steven Spielberg. 

Esta película asume que los aliens son intelectualmente superiores al hombre, camino que tomaron muchas teorías al respecto. Con los pocos elegidos que tienen sobre la tierra se comunican a través de ecuaciones matemáticas, del don de la poliglotía y de la telepatía. Tanto Margaret como Daniel intentan encontrar respuestas para su propia naturaleza anómala, una que no obtuvieron de este mundo.

Sobre el tratamiento de la noticia por los medios, la película juega con las reminiscencias que tiene el espectador de teorías conspirativas reales. Videos de archivo de décadas anteriores que se filtran y salen a la luz. Imágenes de astronautas que van a otros planetas y esclavizan en secreto criaturas inocentes de otras tierras. Y la imagen que eligen darle a los aliens: la más típica de todas. Humanoides verdes- amarronados con el cráneo gigante y los ojos estirados. Dedos muy largos. Y no manejan el inglés. Spielberg no eligió caminos alternativos para tratar un mismo tema, como lo hacía Denis Villeneuve en La llegada (2016). Acá no hay dilemas comunicativos ni presentaciones visuales alternativas. Acá se eligió el lugar común, fue una decisión.

Lo que sucede es que es una película sobre aliens, pero podría ser sobre casi cualquier otra cosa de dimensión superior a la humana. En un mundo colmado de IA, uso de la ciencia llevada al límite y supremacía de la razón, Spielberg parece querer destacar esta necesidad humana de seguir creyendo que hay algo más. Que aún no lo descubrimos todo ni dominamos todas las áreas de la existencia.

"El día de la revelación" (2026), Steven Spielberg. 

La película abarca mucho y termina sincretizando poco. Hay elementos que no bajan del todo a lo concreto. Da la sensación de que el director tenía una pregunta en cuanto a la trascendencia, qué hay en el más allá y cómo la humanidad afrontaría el conocimiento de la verdad, pero no se detuvo en detalles de la explicación de la trama. Hay saltos que no terminan de cerrar, trasfondos de contexto que parece ser necesario pero nunca llega al espectador, recursos visualmente espectaculares que sirven para aportar ritmo pero que no logran consolidar el porqué de la historia que se cuenta. Es muy posible que esto haya sido una decisión creativa, porque no es algo que pase con tanta frecuencia en sus películas. Pero el sabor que queda al salir de la sala es a que había algo con mucho peso para explorar, una trama con densidad, pero la construcción de los sucesos quedó tejida con poco ahínco. Es una película emocional y simbólica, pero no muy narrativa. Eligió plantear preguntas que no habían sido tan acechadas hasta la fecha y dejó de lado la construcción del mundo ficticio que las justifica.

Por Catalina Zabala
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