El primer gancho es la portada. Uno puede ir caminando y, de refilón, encontrarse con un álbum al que le guarda cariño impreso allí. ¿Qué habrá adentro que expanda aún más esa obra musical? 

Puede ser ficción, ensayo, una recolección de archivos. El autor tal vez es periodista, músico o escritor. La única regla de la colección Discos, de Estuario Editora, es que la excusa tiene que ser un álbum. 

La inspiración de Discos es 33 1/3, una serie que publica Bloomsbury Publishing desde 2010. Gustavo Verdesio estaba hablando sobre ella con Martín Pérez, un periodista argentino, cuando este le dijo: "Algo así tendrías que sacar vos". 

Verdesio es doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Northwestern y trabaja hace 18 años como profesor en la Universidad de Michigan. Escribió La invención del Uruguay. La entrada del territorio y sus habitantes a la cultura occidental (1996), obra que cuenta con una traducción al inglés por Temple University Press. 

Ha publicado numerosos artículos académicos en revistas especializadas de distintas disciplinas —estudios literarios, arqueología y antropología—, y colaboró ocasionalmente en diversos medios periodísticos. Como datos de color: es hincha de Wanderers, melómano y cinéfilo desde muy pequeño.

¿Cómo nació la idea de la colección Discos de Estuario Editora?

La idea surgió de conversaciones con Martín Pérez —periodista cultural argentino de vasta trayectoria en La Tribu, La Mano, Radar, entre otros— sobre la serie 33 1/3 y sobre la conveniencia de hacer algo parecido en el Rio de la Plata. Durante años le preguntamos a más de una editorial si les podía interesar, pero no obtuvimos resultados positivos. Hasta que un día le traje un libro de 33 1/3 sobre Low (1977), de David Bowie, a Ramiro Sanchiz. Justo estaba presente Martín Fernández, el director de Hum y Estuario, y le dije: "Algo así tendrías que sacar vos". Me intimó a convencerlo, de modo que le escribí una breve descripción del proyecto. A los pocos días nacía Discos.

Tu libro “No es solo rock and roll” abrió la colección como número cero, pero al explicar de qué va la serie, ¿cómo la describirías?

La serie fue evolucionando pero no sin aviso: en ese libro explico el alcance del título. No es solo rock and roll. Los discos a ser analizados no son solo música —es decir, son productos culturales de un momento dado de una sociedad específica—, y la serie no va a ser solo sobre rock y pop, desde el principio la idea era intercalar discos de solistas y bandas de otros géneros. Hoy se puede decir que la serie abarca muchos géneros de la música popular uruguaya. Pero también hemos publicado dos libros sobre músicos argentinos que son parte de la banda sonora de mi generación y, supongo, de gente más joven. En el futuro, quién sabe, tal vez publiquemos libros sobre música de otros géneros o de otros países. Es una serie en mutación continua, así que prefiero no describirla de manera muy estricta.

¿Qué tienen que tener un disco y una historia para merecer un libro en la colección?

Tiene que tratarse de un disco importante por las razones que sean: puede ser excelente musicalmente, influyente, revolucionario, vigente, o un largo etcétera. Por sobre todas las cosas, tiene que ser importante para el/la autor/a. Tiene que haberlo/la impresionado, influido, fascinado, etcétera. Es esta relación de los autores con la música que analizan la que garantiza la dedicación y la pasión con que nos hacen los libros.

¿Cómo se eligen los discos que forman parte de la colección? ¿Intuición, obsesión, discusión, deuda histórica?

Al principio, yo me ocupaba de contactar a los autores. Aclaro que, a pesar de ello, no seleccionaba los discos y los autores exclusivamente a partir de mi gusto personal, sino que tenía en cuenta la importancia histórica o musical de los discos o músicos que proponía. Lo primero que busqué fueron autores con voces personales, distinguibles, con cosas interesantes para decir, o con perspectivas o estilos infrecuentes o idiosincrásicos. Pero de entrada hubo gente que vino a ofrecer proyectos de libro.

La colección se nutre, entonces, de proyectos que proponemos tanto yo como los autores que contacto, incluso los autores no contactados que nos proponen proyectos de libro. A veces, Martín, el director de la editorial, mete la cuchara. En los últimos tiempos está ocurriendo un fenómeno interesante: se me acercan amigos o conocidos, o incluso autores de la colección, y me dicen: “Che, tenés que invitar a fulano,” o “hay que hacer un libro sobre tal disco.”

¿Qué pesa más a la hora de decidir un título: la importancia histórica del disco o la historia que se puede contar alrededor de él?

Las dos cosas, muchas veces simultáneamente.

¿Qué buscás en los autores que escriben para la colección?

Como te decía más arriba, al principio me interesaba la originalidad o peculiaridad de una voz. Luego, a lo largo de los años (la serie ya tiene ocho), también busqué erudición, compromiso, pasión, y algunas cosas más.

¿Cómo se trabaja el equilibrio entre rigor, emoción y disfrute lector?

La emoción es importante, pero debe estar subordinada al rigor y al trabajo. El equilibrio debería surgir de los autores, pero si eso no ocurre, el editor interviene amigable o enérgicamente, según el caso.

¿Qué te enseñó esta colección sobre la música que no supieras antes?

Sobre la música en general no sé si me enseñó algo. Lo que sí aprendí es a analizar, entender, disfrutar, escuchar de manera más rica y completa los discos concretos que trabajaron, con tanta pasión y seriedad, todos los autores que han colaborado con la colección. Y comprendí algo que, acaso, ya intuía: que la serie no podía fallar porque los autores querían compartir su amor, su admiración, o su pasión por el disco sobre el que escribieron. Con autores así, nada puede salir mal.

¿Sentís que Discos funciona también como el archivo afectivo de una época?

Intenta ser no solo un archivo afectivo, sino también uno musical y cultural. Es un proyecto de archivo y estudio de aspectos importantes de la cultura uruguaya —o debería decir, más bien, las culturas uruguayas—. Aclaro porque no creo que exista algo así como una cultura nacional, única y monolítica. La serie, entonces, busca un par de cosas. En primer lugar, registrar, contribuyendo a la creación de un archivo, la existencia e importancia de obras relevantes. En segundo lugar, ofrecer materiales para la reflexión sobre la música entendida como fenómeno cultural complejo y relevante.

¿Cómo dialoga la colección con lectores que no vivieron el momento en que esos discos salieron?

No hay una sola manera de lidiar con ese tipo de lector. Algunos autores se toman el trabajo de reconstruir el contexto histórico y cultural de la producción de un disco, otros lo dan más o menos por hecho. Lo importante es que cada libro resignifique, de alguna manera, tanto para los que la escucharon cuando fue editada, como para aquellos que recién se enteran de su existencia, la obra musical analizada.

¿Hay algún título de la serie que te haya hecho revisar un disco de otra manera?

Sí, ha habido libros que me han hecho revalorar un disco determinado y hubo otros que me han ayudado a entender mejor a algún artista. No voy a decir cuáles, pues es algo meramente anecdótico, pero ha ocurrido más de una vez. Es muy probable que esta comprensión más cabal de obras y autores se deba, en parte, a que si uno se toma en serio la lectura, debe escuchar los temas mientras lee el análisis que se hace de ellos en el libro, lo cual debería contribuir a una mejor y más compleja apreciación de los detalles, valores, y virtudes de las canciones.

¿Qué es lo más desafiante de editar libros sobre música?

Entender el estilo y las virtudes de los autores y ayudarlos a potenciarlos. Muchas veces esto redunda, para desagrado de los autores, en cortes o sugerencias de modificaciones, pero no hay más remedio que hacerlo. El objetivo final de la acción de editar es lograr que el producto final llegue a un nivel de excelencia lo más alto posible. Esto puede sonar un poco pretencioso, pero igual lo voy a decir: cada libro tiene un tipo de verdad, por pequeña que sea, y hay que ayudar a que ella se realice de la manera más efectiva.

¿Qué tipo de discusiones aparecen más seguido con los autores? ¿Tono, datos, pasión, extensión?

La discusión más frecuente es la que surge de la sugerencia de cortes y modificaciones. A nadie le gusta que le mutilen o modifiquen su obra. Algunos autores están muy abiertos a las críticas y otros (casi ninguno, por suerte) se las toman como algo personal. El tono ha sido modificado en muy pocos casos y es raro que haya que pedir (aunque ha ocurrido) que se incluyan más datos o más información.

¿Qué aprendiste como editor al escuchar a otros autores escuchando música?

He aprendido muchas cosas, justamente por lo variado de los enfoques y de las trayectorias de los autores, cuyas ocupaciones y especializaciones abarcan un amplio espectro: hay periodistas, artistas plásticos, poetas, narradores, cineastas, humoristas, musicólogos, músicos, entre otros.

¿Hay algún disco que todavía no esté en la colección, pero que sientas que “está esperando su libro”?

Hay una cantidad importante de discos que deberían tener su libro. A modo de ejemplo, tiro algunos: Diciembra (de Tres Pecados), alguno de Chicos Eléctricos, ET, Diane Denoir, Opus Alfa, el Sabalero, Hugo Fattoruso, Rubén Rada, la Tabaré, Aníbal Sampayo, El Kinto, NTVG, Malpaso, The Rejects, Amalia de la Vega, Zero, Jorge Drexler, Martín Buscaglia, y un largo etcétera.

¿Cómo imaginás el futuro de la colección Discos?

Lo imagino tratando de completar un archivo que está siempre, por suerte, en expansión, pues se sigue haciendo muy buena música en Uruguay. Y si ampliamos la cosa a Argentina y a algún que otro país hispanohablante, hay colección para rato.

Si la colección fuera un compilado, ¿qué canción la abriría y cuál la cerraría?

Comenzaría con "My Favorite Things", en versión de John Coltrane, y cerraría con "Too Old to Rock and Roll: Too Young to Die", o "The Chequered Flag", de Jethro Tull —ambas del mismo disco—.