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Contenido creado por Catalina Zabala
Música
Kill Yr Idols

“Confusion Is Sex”: 43 años del LP debut que sangraba y peleaba por mostrarse

El primer álbum de Sonic Youth los posicionó como los nuevos referentes de la escena post punk y noise rock de aquel entonces.

02.02.2026 17:18

Lectura: 9'

2026-02-02T17:18:00-03:00
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Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose

Lanzado a través del sello independiente Neutral Records —pieza fundamental de la movida post punk y no wave del Lower East Side de Nueva York durante los años 70 y 80—, Confusion Is Sex (1983) fue el primer LP de Sonic Youth y una auténtica oda al noise rock. Producido por Wharton Tiers (exbaterista de Theoretical Girls), con John Erskine como ingeniero de sonido, el disco conjugaba estilos oscuros que luego se convertirían en recursos fieles y recurrentes de la banda en sus trabajos posteriores. Etéreo, con humor retorcido y una estética escalofriantemente gótica.

Formada en 1981, Sonic Youth bebía de influencias tan diversas como inesperadas. Por una cuestión estrictamente cronológica, podría pensarse que mamaron de la poesía de Patti Smith o Tom Verlaine, o de la experimentación de The Velvet Underground. Pero la realidad fue más compleja: Kim Gordon estaba atrapada en el jazz de Coltrane y Miles Davis, Lee Ranaldo encontraba en el folk algunas de las mejores canciones jamás escritas, y Thurston Moore —el muchacho de pelo corto que rozaba los dos metros— coleccionaba compulsivamente discos de hardcore de Black Flag y Minutemen, al mismo tiempo que se sumergía en el dub y el reggae con joyas como Man Ah Warrior (1973) de Tapper Zukie.

Pero era 1983: Ronald Reagan bautizó a la Unión Soviética como "el imperio del mal". Quiet Riot publicó Metal Health (1983), el primer disco de heavy metal en llegar al número uno de Billboard. El transbordador espacial Challenger realizó su primer vuelo y la embajada estadounidense en el Líbano fue bombardeada. Reagan llegaba a la Casa Blanca con su pasado de actor de Hollywood devenido en gobernador de California, algo que años después volvería a repetirse con Arnold Schwarzenegger. Tras la dimisión de Nixon en 1974 el Partido Republicano parecía hundido, y la presidencia demócrata de Jimmy Carter no logró sostenerse. Los conservadores reaccionaron elaborando estrategias que atacaban a lo que llamaban la "blanda diplomacia" de Carter.

En ese contexto, la voz de los punk empezó a resonar con más fuerza. El hardcore adquirió protagonismo y contundencia con bandas como Black Flag, en el feudo del propio actor de Hollywood, mezclándose con lentes de sol, arena y agua salada. Al mismo tiempo, artistas que ya tenían cierta visibilidad manifestaban su rechazo a ese cambio de clima. Keith Haring —quien frecuentaba el restaurante FOOD, donde incluso llegó a trabajar Kim Gordon— armaba collages con titulares del New York Post, formando frases como: "Reagan: Ready to Kill" que luego pegaba en los muros de la ciudad.

Springsteen, por su parte, se alejaba del “rock de arena”, como lo llamaban los parroquianos del CBGB o The Kitchen, y publicaba Nebraska (1982). Un disco austero, grabado en una habitación con un multipista limitado y el corazón usado como púa, rasgueando cuerdas y dejando rastros de sangre seca en el acero. No hubo gira de presentación, ni ruedas de prensa, ni siquiera una foto de Boss en la portada. Algo tan raro que Springsteen tuvo que pelearlo con su mánager Jon Landau para que los ejecutivos de CBS lo aceptaran.

Si bien la historia de Sonic Youth podría rastrearse hasta The Coachmen —una banda formada en el bajo Manhattan que llegó a grabar unas pocas canciones—, todo ese recorrido está muy bien narrado en las memorias de Moore, Sonic Life (2023). El título remite al tatuaje que se hizo tras casarse con Kim Gordon, a pedido de ella, ya que necesitaba tomar una decisión adulta después de años de giras agotadoras por Estados Unidos y Europa. En lugar de una alianza, Moore fue al estudio del tatuador Leo Zulueta —recomendado por Lydia Lunch, princesa de la No Wave— con un papel en el que había dibujado una cruz y las palabras garabateadas en la parte superior.

Sonic Youth (2005)

Sonic Youth (2005)

Actuaban en todos los antros y pubs que hoy son venerados por miles de personas que “juran haber estado ahí” —algo similar a lo que hoy pasa en Uruguay con Juntacadáveres—, cuando en realidad no los habitaba más que un puñado de gente. Salvo, claro, noches excepcionales como la presentación norteamericana de Sid Vicious en el CBGB, entre otras figuras que pisaron esa tarima.

Fue en el Noise Fest —dirigido por el propio Thurston Moore— donde no lograron tanto reconocimiento de la prensa o de sus pares, sino algo más importante: confianza. Ese ímpetu mágico previo a encerrarse, en 1983, a grabar su álbum debut. El festival abrazaba a los músicos más marginados del downtown, artistas que Moore consideraba excluidos por dueños de locales que ya no querían saber nada con el ruido y empezaban a programar a bandas new wave, mucho más rentables que agendar una fecha de Suicide o Swans.

Tras el cierre del club Hurrah, cuyo dueño no tenía interés en albergar música experimental, este declaró al SoHo News: “Seamos realistas, mucha música se ha convertido en ruido”.

Moore leyó esa frase y decidió usarla como nombre de su propio festival. Se realizaría en la galería White Columns, al oeste de Spring Street.

Foto: Chris Carroll

Foto: Chris Carroll

Las presentaciones eran tan ensordecedoras, que Moore recuerda en Sonic Life estar viendo a un dúo llamado Avoidance Behavior y que una mujer se plantara en la puerta de la galería, desencajada. Al preguntarle si estaba bien, ella solo atinaba a gritar: “¿Qué es lo que está pasando?”. Luego remataba: “¡Van a morir! ¡No deberían estar ahí escuchando eso!”. 

El festival había ganado tal notoriedad que incluso Lester Bangs, el crítico musical más influyente de Nueva York, llamó a Moore para pedir entradas e información con la idea de publicar un adelanto en The Village Voice. Lamentablemente Bangs falleció a la tierna edad de 33 años, y nunca llegó a ver el festival ni a escuchar a Sonic Youth en vivo. Paradójicamente, Moore leyó una reseña de Bangs sobre Metal Machine Music (1975) de Lou Reed, y empezó a entender la potencia estética del ruido: no como un estruendo gratuito, sino como un lenguaje con intención. Porque no alcanza con golpear guitarras al tuntún y gritar incongruencias al micrófono. Los grandes del noise, los que realmente marcan un momento y una etapa, son quienes lo trabajan con inteligencia y propósito.

Antes de Confusion Is Sex, en sesiones interminables que desembocaron en un disco vivo que sangraba y peleaba por mostrarse, grabaron un EP homónimo en 1982 para el sello Branca Natural. Sonic Youth llegaba con la pisada hecha añicos para apropiarse de una escena que pedía un nuevo referente. A su vez, los estudios ruidísticos de Glenn Branca empezaban a cansar a parte del público, que buscaba algo más dentro de esa bola sónica.

Confusion Is Sex se grabó en diciembre de 1982 en los Fun City Studios. Muchas de sus canciones ya habían sido interpretadas en vivo durante la gira Savage Blunder junto a Swans, ideada por Michael Gira. El tour fue un cachetazo de realidad: les enseñó que salir a la ruta no era color de rosas, sino humedad, frío, hambre y mal humor.

El título del disco surgió simplemente porque a Moore le sonaba bien. Salió a la venta en febrero de 1983, justo cuando una tormenta de nieve paralizó la Costa Este y sepultó a Nueva York en lo que los diarios llamarían más tarde "la ventisca megalopolitana". Nadie trabajaba, nadie se movía, no había ómnibus y el metro apenas funcionaba.

Hay un aura claramente gótica —sin abusar del término— que se siente en la voz de Kim Gordon, deslizándose entre los espacios vacíos que deja la campana persistente de la percusión, ejecutada con sutileza por Jim Sclavunos. El bajo de Lee Ranaldo guía el trayecto como si avanzara por una iglesia o un camino hacia la muerte, mientras las guitarras de Moore suman bocados sonoros a un imperio gobernado por el caos y el miedo. Todo eso es "Protect Me You".

Foto: Ton van Gool

Foto: Ton van Gool

Durante las grabaciones hubo presencias fugaces, casi fantasmales. Sclavunos se retiró en las últimas sesiones, intuyendo un augurio de fatalidad. Bob Bert tomó su lugar y se sumó al séquito luego de haber sido baterista del grupo en varias ocasiones, incluida la gira Savage Blunder.

Un pasaje instrumental en "Freezer Burn" da paso abruptamente a una versión de "I Wanna Be Your Dog" de The Stooges, grabada con una crudeza lo-fi: ruidosa, sudorosa y distorsionada. Desde ahí, el disco entra en una seguidilla más punk y menos prolija en términos técnicos que arranca con "Shaking Hell". La música avanza sola, crece, muerde y penetra como una enfermedad subcutánea. "Inhuman" no da respiro: hi-hat, bombo y redoblante sostienen un pulso asfixiante mientras la guitarra se libera, hasta llevar al oyente al límite.

El clima se pausa apenas en "The World Looks Red", donde la voz de Moore se vuelve más clara, acompañado por Kim en guitarra y lo que suena como arreglos de sintetizadores tras una cortina metálica. Luego llega "Confusion Is Next", donde la pesadilla toma forma —o se deforma— hasta desembocar en el mantra final: “Sonic tooth, sonic tooth, tell nothing but the truth”.

"Making The Nature" marca el regreso espectral de Kim al micrófono, con reverberaciones hipnóticas y golpes mínimos que anuncian algo inquietante. Las campanas se arrastran hasta "Lee Is Free", una suerte de homenaje —o parodia— a Pink Floyd, plagada de frases incómodas y disonancias que terminan siendo parte del paisaje.

Uno de los recursos más memorables de Moore era colocar una baqueta rota entre las cuerdas y el mástil, reinventando el uso de la guitarra y excavando ruido en tierra fértil. “Take my hand, he said to me, follow now or you’ll be damned”, gritaba Kim, con cuidado de no romper lo que la banda ya dominaba

El disco cierra con una versión en vivo de "Shaking Hell", recuperando ese espíritu lo-fi que hoy abunda en grabaciones caseras de artistas autodenominados indie. Canciones viscerales, crudas, sin humor aparente, con certezas que naufragan en la orilla de un sonido punk, experimental y profundamente catártico.

Sonic Youth continuaría su odisea durante el final de los 80 y principios de los 90, reafirmando un estilo propio que los colocó en ese raro limbo entre banda de culto y fenómeno de masas. Influenciaron a un espectro de bandas de lo más interesantes que van desde Pavement, Nirvana, Beck y My Bloody Valentine. Discos como Daydream Nation (1988), Goo (1990) o Sonic Nurse (2004) terminarían de consolidar una identidad sónica, original y sin concesiones.