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La vigencia de la crueldad

“Carrie”: la venganza nunca pasa de moda, tampoco las adaptaciones de Stephen King

Mike Flanagan reinventa el clásico de Stephen King para una generación marcada por el bullying y las redes sociales.

21.10.2026 16:47

Lectura: 7'

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Por Juampa Barbero | @juampabarbero

Carrie White ya forma parte de la cultura pop. Su timidez, su mirada triste, su madre fanática religiosa y aquel vestido de graduación empapado en sangre quedaron grabados en el imaginario del terror. Es la chica que sufre bullying, la que nunca encaja, la que creció entre castigos y aprendió a sentir vergüenza de su propio cuerpo. Una adolescente que solo quería ser aceptada y terminó protagonizando una de las venganzas más brutales de la ficción.

Medio siglo después, la tragedia de Carrie White sigue encontrando nuevas formas de crueldad. Stephen King publicó su primera novela en 1974 y convirtió la humillación adolescente en una de las historias más perturbadoras del terror moderno. Más de 50 años después, el acoso escolar, la violencia familiar y el miedo a ser diferente siguen formando parte de una realidad que parece haber cambiado mucho menos de lo que imaginábamos. Ahora, Mike Flanagan recupera aquella historia para preguntarse qué sucede cuando una tragedia conocida se enfrenta a los horrores del presente.

La elección de Mike Flanagan de recuperar Carrie resulta especialmente interesante por su relación con la obra de Stephen King. Después de El juego de Gerald (2017), Doctor sueño (2019) y La vida de Chuck (2024), el director vuelve a encontrarse con el escritor para abordar uno de sus relatos más emblemáticos, esta vez desde un formato que conoce particularmente bien. Sus trabajos en La maldición de Hill House (2018) y Misa de medianoche (2021) demostraron su capacidad para desarrollar personajes atravesados por el trauma, la culpa y los vínculos familiares, sin abandonar el terror. Con ocho episodios a su disposición, Flanagan encuentra la oportunidad de explorar aspectos de Carrie que antes habían quedado en segundo plano, especialmente las relaciones entre los adolescentes y los adultos que condicionan sus vidas.

Esta nueva versión introduce cambios importantes desde el comienzo. Carrie White (Summer H. Howell) ha crecido prácticamente aislada del mundo, bajo la estricta educación de unos padres que desconfían de todo aquello que ocurre fuera de su casa. Tras la muerte de su padre, su madre Margaret (Samantha Sloyan) se ve obligada a enviarla a una escuela convencional, donde la adolescente descubre un entorno para el que nadie la preparó. A diferencia de otras versiones, esta Carrie no parece particularmente extraña ni distante: es una chica amable, curiosa y algo tímida que intenta comprender las reglas de un mundo completamente desconocido. Su tragedia comienza mucho antes de descubrir sus poderes, porque llega a la escuela sin las herramientas necesarias para reconocer la crueldad de quienes la rodean.

El traslado de Carrie a la actualidad permite que Flanagan explore una forma de violencia que Stephen King apenas podía imaginar cuando escribió la novela. La humillación ya no termina cuando suena el timbre de salida: continúa en los teléfonos, se comparte entre desconocidos y puede convertirse en un espectáculo para toda la escuela. Chris Hargensen (Alison Thornton), una de las principales responsables del acoso contra Carrie, encuentra en Instagram una herramienta para difundir rumores y manipular la imagen de su compañera. La crueldad adolescente adquiere así una dimensión mucho más difícil de controlar, porque incluso los intentos de Carrie por defenderse pueden terminar alimentando nuevas burlas. En esta versión, el verdadero problema de la protagonista no es únicamente enfrentarse a quienes la maltratan, sino descubrir que ya no existe un lugar donde esconderse de ellos.

Pero Flanagan también se interesa por lo que sucede detrás de esa violencia, especialmente en las relaciones que los adolescentes mantienen con sus familias. La serie dedica tiempo a explorar las contradicciones de Sue Snell (Siena Agudong), la crueldad de Chris y las decisiones de unos adultos que muchas veces parecen incapaces de comprender a sus propios hijos. Esa mirada alcanza su expresión más perturbadora en Margaret White, interpretada por Samantha Sloyan, quien combina el fanatismo religioso con una profunda desconfianza hacia el mundo exterior. Su obsesión por proteger a Carrie termina convirtiendo el hogar en otro espacio de castigo y vigilancia. Sloyan consigue que Margaret resulte aterradora incluso en sus momentos de aparente ternura, cuando el amor maternal se confunde con la necesidad de controlar cada aspecto de la vida de su hija.

"Carrie" (2026), Mike Flanagan

Hablar de Carrie también implica regresar inevitablemente a la película que Brian De Palma estrenó en 1976. Con Sissy Spacek en el papel principal y una inolvidable Piper Laurie como Margaret White, el director convirtió la primera novela publicada de Stephen King en uno de los grandes clásicos del terror estadounidense. Su puesta en escena, atravesada por movimientos de cámara elaborados, imágenes perturbadoras y una violencia que estalla después de una tensión cuidadosamente acumulada, encontró en la famosa secuencia del baile de graduación uno de los momentos más recordados de la historia del género. Pero buena parte de su fuerza también estaba en Spacek, cuya interpretación hacía convivir la inocencia, la vergüenza y una rabia que parecía crecer silenciosamente. De Palma consiguió que el espectador sintiera compasión por Carrie incluso cuando su sufrimiento terminaba convirtiéndose en una pesadilla para todos los demás.

La historia regresó a las pantallas en otras ocasiones, aunque ninguna alcanzó la repercusión de aquella primera adaptación. En 2002, David Carson dirigió una versión televisiva protagonizada por Angela Bettis, que recuperaba elementos de la novela y proponía un desenlace diferente, con la intención de abrir la posibilidad de una continuación. Más de una década después, Kimberly Peirce llevó Carrie nuevamente al cine con Chloë Grace Moretz como protagonista y Julianne Moore en el papel de Margaret. Aquella película de 2013 incorporó los teléfonos celulares y la difusión de las humillaciones por internet, aunque mantuvo una estructura bastante cercana a la versión de De Palma. Frente a esos antecedentes, Flanagan dispone de una libertad narrativa mayor: en lugar de concentrar toda la tragedia en menos de dos horas, puede detenerse en las pequeñas crueldades y decisiones que conducen a un desenlace que el público conoce desde hace décadas.

"Carrie" (2026), Mike Flanagan

El propio Stephen King llegó a considerar a Mike Flanagan como el mejor adaptador de su obra, un elogio que adquiere otra dimensión viniendo de uno de los autores contemporáneos más adaptados de la historia, con decenas de producciones audiovisuales basadas en sus novelas y cuentos. Sus historias pasaron por las manos de cineastas tan diferentes como Stanley Kubrick (El resplandor, 1980), John Carpenter (Christine, 1983), David Cronenberg (La zona muerta, 1983), Rob Reiner (Cuenta conmigo, 1986, y Misery, 1990) y Frank Darabont (Sueño de fuga, 1994 y Milagros inesperados, 1999), además de realizadores más recientes como Andy Muschietti (It, 2017) y Osgood Perkins (The Monkey, 2025). King también calificó de brillante esta nueva versión de Carrie, destacando especialmente su mirada sobre las redes sociales y las formas contemporáneas de crueldad. En una trayectoria de adaptaciones tan extensa y desigual, Flanagan parece haber encontrado algo que el escritor valora especialmente: la capacidad de transformar sus historias sin perder aquello que las vuelve reconocibles.

Mike Flanagan demuestra que Carrie todavía tiene mucho que decir, incluso cuando todos conocemos su tragedia. Medio siglo después, cambian las formas de humillar, pero la crueldad permanece intacta. Y entre tanta violencia, la pregunta más perturbadora sigue siendo la misma: ¿quién es realmente el monstruo cuando una adolescente necesita destruirlo todo para que dejen de hacerle daño?