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Contenido creado por Catalina Zabala
Literatura
Nostalgia porteña

“Canción llevame lejos”: el libro que rescata la memoria musical de una generación

Mauro Libertella propone un compendio de ensayos sobre canciones de bandas mainstream para reconstruir el recuerdo emocional de la sociedad.

16.03.2026 15:30

Lectura: 7'

2026-03-16T15:30:00-03:00
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Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose

Mauro Libertella nació en Ciudad de México en 1983, pero creció y actualmente vive en Buenos Aires. Su apellido ha llevado a que le confundan o le adjudiquen algún parentesco con José Libertella, bandoneonista y director de orquesta nacido en Italia. Hijo del escritor Héctor Libertella, ha publicado novelas e incluso perfiles, como el que realizó del escritor uruguayo Mario Levrero. Es coeditor de Vinilo Editora, editorial a través de la cual publicó este libro y que se enfoca, más que nada, en el ensayo.

Canción llevame lejos (2025) está separado en dos partes: Lado A y Lado B, como una suerte de guiño a los vinilos. A su vez está dividido en capítulos, cada uno de ellos enmarcado en una canción específica que le sirve al autor como disparador, como motor para narrar escenas particulares de su vida o de la situación de su país.

Este es el caso del capítulo "November Rain", dedicado a Guns N’ Roses. En él, se nos transporta por el recuerdo de lo que fue uno de los recitales más crispados de la historia reciente latinoamericana. Un recital que ya desde aquel alarido de Menem se veía que iba a tener complicaciones: “¡Son unos verdaderos forajidos!”. Esto lo pronunció después de que los medios infundaran una categórica mentira respecto al cantante de la banda, Axl Rose, y una supuesta quema de la bandera argentina.

En aquel entonces, los medios reinaban y eran la voz cantante de toda la sociedad. La población no tenía otras maneras de verificar o chequear la información que le llegaba a través de una pantalla con zócalos y la voz de periodistas indignados. Si bien la productora del evento dio manotazos de ahogado haciendo que Axl diera una entrevista desmintiendo los hechos, que Slash se desnudara desde el balcón del hotel no ayudó a que cientos de padres les prohibieran la ida al recital a sus hijos. El caso emblemático fue el de Cynthia, que al serle denegada la ida al concierto, se suicidó. Su padre, al encontrar el cuerpo de su hija con una pistola en la mano, tomó el arma y también se mató.

En el mismo capítulo, Libertella recuerda que siete años más tarde él cumpliría la edad de Cynthia y experimentaría la primera prohibición de sus padres: no lo dejaron ir a la despedida de Los Redondos en el Monumental. Tenía entrada para el segundo día, pero tras la noticia de que alguien había asistido a la primera fecha con un cuchillo logrando lastimar de gravedad a varias personas, el pequeño no consiguió el visto bueno de sus padres, atemorizados de que el hecho se repitiera cerca de su hijo.

La intención de evitar el snobismo y abrazar las canciones que marcaron a millones de personas ya está planteada en el prólogo, Libertella decide ser honesto. Al fin y al cabo llama a este libro una biografía, y sostiene que si bien todos tenemos un orgulloso lado snob, en el fondo las bandas que más lo han hecho feliz son las mismas que hicieron feliz a todo el mundo. Algunas de ellas: Nirvana, Oasis, The Beatles, los Stones, Fito Páez, Bob Dylan y Charly García.

Es un libro escrito por un fan aunque no esté precisamente dirigido a otros fans, como lo fue aquel intento de Mariana Enriquez con su libro Porque demasiado no es suficiente: mi historia de amor con Suede (2023). Aquí las canciones funcionan más bien como motor para desempolvar acontecimientos sociales, políticos y culturales que marcaron a muchísima gente: una generación que poco a poco pierde sus valores y los ve reemplazados por manotazos desesperados del posmodernismo por intensificar una falsa necesidad de consumo excesivo.

Algo que antes estaba instaurado como un aspecto estrictamente material, ya se volvió cultural. Veamos el ejemplo de los bookstagramers o de los melómanos de RYM (Rate Your Music), que pueden disfrazar su curiosidad de melomanía, pero muy en el fondo —de manera oculta y temerosa— les puede insistir un miedo a perderse de algo. Este consumo excesivo puede anular el disfrute particular de una obra. Por supuesto hay personas que no lo permiten, y para quienes este estímulo constante de información artística resulta un territorio de comodidad y placer. ¿Pero qué tanto podemos apreciar una expresión puntual si al momento de consumirla ya estamos pensando en la siguiente?

El libro no esboza conjeturas elevadas. Se escribe desde la memoria emotiva, algo que tiene que estar presente —y lo está— en las grandes canciones del rock, pero que es un recurso del cual no se debería abusar. La catarsis por pura catarsis no necesariamente se convierte en una expresión artística. El valor no recae ahí, aunque haya movimientos literarios que lo apadrinen y se embanderen como la única forma de entender la esencia humana.

“El tango te espera” es una frase que se le adjudica a Aníbal Troilo. El autor, luego de desfilar canciones clásicas, algunos himnos y otras piezas marcadas a fuego en la memoria, decide hacer una pausa y fijarse en "Afiches", cuya música fue escrita por Atilio Stampone y la letra por Homero Expósito. La versión que popularizó el tango es la de Roberto Goyeneche.

Libertella cuenta entonces cuál fue su primer acercamiento al tango, y que fue por esa confusión que carga su apellido. Dice que el primer capítulo de su historia personal con esa expresión popular del Río de la Plata fue “una filiación sanguínea apócrifa, una auténtica confusión genealógica que, aunque errónea, puede funcionar como entrada a la música de la nostalgia porteña”.

"Nostalgia" y "expresiones populares" van de la mano. Todas las músicas populares del mundo cargan con una herida que se abre todo el tiempo gracias a la nostalgia. Todas tienen algo de tristeza en sus tonos, en sus texturas.

Esta pausa sirve para explayarse sobre aquello que Troilo decía, ya que es muy común imaginar al tango como un género oxidado, perdido en el olvido. Más aún cuando las tribus urbanas —los metaleros peleándose con los rockeros— hacían de la fidelidad al rock una especie de credo. Escuchar tango era casi traicionar ese pacto. El rock era cosa de rebeldes y el tango de caretas, argumenta Libertella, quien luego confiesa que tuvieron que pasar muchos años para intuir que quizás fuese al revés.

Es en esta canción donde analiza esas letras de tango que, como dice, asustarían al más dark. Cita como ejemplo aquel verso de "Afiches": “¡Dan ganas de baldearse en un rincón!”.

Goyeneche era uno de los cantantes favoritos de su padre, a quien Mauro le dio la noticia de su muerte mientras este trabajaba en su estudio. Luego vio a su padre petrificado y entendió la idea del tacto, de la comunicación y la importancia de la misma al transmitir fatalidades.

El rock tenía todo para ocupar el espacio imposible de una totalidad. Quizás lo siga teniendo: en la estridencia de sus guitarras, en la docilidad de sus frases que se clavan en las mentes y en los corazones de las personas. La memoria musical es cuestión de azar. A algunos les tocó Silvio Rodríguez, a otros Queen, a unos afortunados Bob Marley, a otros simplemente el silencio. Y fue la curiosidad la culpable, la generadora de esa memoria que hasta el final de los días toca la puerta para, solo de vez en cuando, volver a pegar una visita.