Documento sin título
AgregarSuscribite al canalWhatsApp AgregarAgreganos en GoogleGoogle
That's me espresso

“Café San Francisco”: la novela debut de Franco Bitancort que explora el romance queer

Tiene 21 años, empezó escribiendo en Wattpad y su primera publicación arrasó en las librerías.

28.08.2026 10:55

Lectura: 8'

Compartir en

Por Catalina Zabala
catazabalaa

Franco Bitancort se recuerda leyendo desde niño, incluso cuando no sabía hacerlo. Tomaba los libros de estudio de su hermana y jugaba a entenderlos. Empezó a escribir en Wattpad a eso de los 11 o 12 años y este año publicó su primera novela en papel. 

Como tantos autores lo exploraron antes, a Franco le interesa la construcción de mundos y la escritura de historias a partir de ahí. Personajes que tienen sus tramas pero que se cruzan en las de sus compañeros. Así nació Café San Francisco (2026), a partir de relatos previos de sus personajes secundarios. 

Café San Francisco nos sitúa en un pueblo de Canadá para contarnos la historia de Asher y Ciro. El primero, un joven que se hace cargo de una cafetería y que perdió a su padre pocos años antes. El segundo, un antiguo cantante que decide abandonar su carrera y escapar de una discográfica que lo oprime. Como de casualidad, se cruzan. 

Franco Bitancort conversó con LatidoBEAT sobre su adolescencia entrelazada con la escritura, sus primeros pasos creativos y el presente, su primer libro. Cómo fue el proceso para pensarlo, la premisa de la que partió, y escribir lo que le gusta leer. 

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

Acabás de lanzar tu primera publicación, que sin dudas es un antes y un después en tu carrera. ¿Cómo fue tu relación con la literatura? ¿Siempre te gustó escribir?

Sí, siempre me gustó leer. Principalmente desde chiquito tuve siempre una curiosidad por la lectura y la escritura. Yo soy el menor de cuatro hermanos, y mi hermana más grande me lleva bastante edad, creo que cuando yo nací ella ya había terminado el liceo. Yo con las enciclopedias de mi hermana fingía, me hacía el que leía, el que escribía, y no sabía ni leer ni escribir. Después mis padres fueron motivando eso con cuentos y cosas así, y empecé a realmente enamorarme de la lectura más de grande, cuando una profesora de Idioma Español nos leía a Marcos Vázquez en el liceo. Yo tenía 12 años y me encantó, me voló la cabeza, y ahí me empecé a meter en el mundo de las plataformas de lectura como Wattpad. A los 14 yo ya escribía, siempre escribí cuentitos, historias que nunca terminé y cosas así en cuadernos. Una profesora de Literatura me muestró a Delmira Agustini, me fascinó. Siempre había visto la poesía como algo lejano, antiguo y poco accesible. Y cuando leí a Delmira Agustini y a Juan Gelman y no me pareció poco accesible, lo entendía y me encantaba lo que escribía en pocos versos. Ahí empecé a acercarme hacia la poesía, seguí escribiendo y capacitándome desde 2022-2023 en Guarida, que estoy ahí en un centro cultural. Voy todos los viernes a capacitarme en poesía, y la narrativa estuvo siempre.

En la novela se da la particularidad de que todos los personajes forman parte de la comunidad LGTB, ninguno es heterosexual, fue una decisión de difundir. ¿Cómo lo pensaste?

Desde que tengo conciencia realmente de lo que quiero decir, todo lo que escribo es queer. Desde ese momento, que creo que fue a los 16-17, cuando empecé a escribir mis primeras novelas en serio, como les digo yo, siempre hubo personajes queer en un rol protagónico. Y cuando surgió la idea de Café San Francisco no iba a ser de otra forma, fue un proceso natural. Siempre que llegan a mí las historias ya llegan con dos chicos, dos chicas, o personajes queer, y no necesariamente un chico, un chico, una chica, sino que pueden ser personajes no binarios, trans, etc.

¿Y cómo fue esta experiencia de pasarlo al papel por primera vez? ¿Con esto cerraste tu etapa de Wattpad?

Yo tengo algunas participaciones en antologías poéticas y en un libro de poesía previo a Café San Francisco, pero era la primera vez que se materializaba una novela mía. Fue una cosa completamente distinta. Creo que con Café San Francisco fue cuando yo realmente entendí la cantidad de gente que forma parte del proceso de edición de un libro. Es una locura. Tenés corrector, editor, maquetador, ilustrador. Son muchas, muchas personas. Y después que el libro ya está contigo, más personas todavía. Prensa, todo. Entonces creo que eso es lo que más me llevo del proceso y lo que aprendí para proyectos futuros, saber que el libro no es quien lo escribe, sino mucha gente.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Cómo fue esa primera experiencia trabajando con editores? ¿Fue complicado para vos tener por primera vez a otras personas queriendo cambiar tu texto?

Sí, me tocó la suerte de tener dos editoras. Estuve trabajando con Sofi Gervaz y con Clau Córdoba. De todo el proceso, creo que es la experiencia que más me llevó como aprendizaje. Siempre fue desde el respeto y desde el amor hacia la historia y a los personajes, siempre valoré muchísimo eso. Creo que es la etapa en la que más aprendí de todo el proceso de la novela.

Tenés una escritura muy ágil, es un libro que se lee muy rápido. Es un valor, porque hoy muchos autores dicen que es cada vez más difícil que la gente lea. ¿Fue una búsqueda de hacerlo más atractivo?

Yo digo que escribo lo que me gusta leer. Me gustan los capítulos cortitos y desde siempre escribo así. Eso hace que cuando vas pasando siempre quieras leer un capítulo más, un capítulo más, y seguís. Igual me parece que hay un mito grande, como decís, que los jóvenes no leen. Hoy justo vengo de una actividad con Martina y con Diana, que son dos amigas que también escriben y publican en Planeta. Y había más de 60 gurises en la sala escuchándonos hablar de libros. Entonces para mí, leen, no leen lo que la gente quiere que lean. Leen lo que a ellos les gusta, que eso es otra cosa y no significa que no lean.

Los capítulos llevan el hombre de ambos personajes, y se van alternando los puntos de vista. Contás un capítulo desde una visión y a veces volvés a contar lo mismo desde la otra perspectiva. Es bastante original y alimenta la dinámica entre lo que está pasando entre los dos. ¿Cómo se te ocurrió esa estructura?

Café San Francisco nace porque tengo una historia previa sobre uno de los personajes secundarios, Dano. Él tiene su propia novela, que fue la primera que escribí, y de ahí sale el personaje de Asher. Y ya la novela de Dano se escribió con la estructura Dano-Caden, Dano-Caden, Dano-Caden, y se me hizo una dinámica adictiva al escribir. Quería saber qué pensaba el otro y se me fue yendo la novela. Entonces cuando empecé a escribir Café San Francisco quise seguir esa misma lógica de uno y uno. Además se me hacía un poco complejo contar los conflictos internos de Ciro desde la perspectiva de Asher, que era la primera idea que había tenido como protagonista. Me pareció mejor que lo contara el mismo Ciro. 

Hay muchos autores que construyen mundos y van contando historias dentro de ese mundo que crearon previamente. ¿Para futuros libros te ves continuando con ese mundo, o te gustaría partir de un lugar distinto?

Siempre intento que en algún puntito estén conectados. Por ejemplo, el proyecto que estoy escribiendo ahora, uno de los protagonistas es fan de Ciro. Quizás no se ven o no están en el mismo país o ciudad, pero siempre hay un punto de conexión, eso me encanta.

¿Cómo se te ocurrieron las dos figuras de Asher y Ciro, con personalidades tan específicas? Uno que se dedica a la música y tiene conflictos con su discográfica, y por otro lado tenés a alguien que tiene un café. ¿Cómo fue ese proceso?

Cuando empecé con la historia de Dano ya estaba el personaje secundario de Asher, pero él no tenía una historia superclara. Yo sabía que él era barista, que trabajaba en un café. En la otra novela van al café de Asher y todo, entonces como que todo me cuadraba para Asher. Lo que me pasaba con él es que yo quería contar su historia, pero me pasaba que no tenía como la otra cara. Y un día, leyendo mis borradores viejos de Wattpad, encontré una novela donde Ciro era protagonista, pero le faltaba la otra cara. Entonces naturalmente quise juntarlos.

Por Catalina Zabala
catazabalaa